Una violencia denominada Democracia. Autora: Emma Rubio

Mao Ze decía: “Todo bajo el sol está en un caos absoluto; la situación es excelente”. Si no tomamos en serio la crisis que enfrentamos, entonces no tendremos derecho a la queja. No basta la crítica, la cual, no escasea. En estos días, somos testigos de inundaciones de críticos de los horrores del capitalismo, abundan libros, exhaustivas investigaciones periodísticas sobre las compañías que sin remordimiento alguno contaminan el ambiente, banqueros corruptos que siguen recibiendo obscenos bonos, fábricas que explotan a los niños, políticos que sin ética alguna pasan sobre nuestros derechos. Sin embargo, analicemos bien cómo hay una trampa en toda esta crítica y es que nunca se cuestiona el marco democrático-liberal.

Se ha buscado “democratizar” el capitalismo, extender el control democrático de la economía a través de la presión a los medios de comunicación, investigaciones parlamentarias, leyes más duras pero nunca se cuestiona el marco institucional democrático del Estado de Derecho. Este sigue siendo la vaca sagrada que ni siquiera en sus formas más radicales de ética anticapitalista se atreven a tocar y ejemplos vemos en el Foro de Porto Alegre, el movimiento de Seatle por mencionar dos de muchos.

El gran error se encuentra en la acción de haber localizado la libertad en la esfera política propiamente dicha como mencionó el gran Marx. La clave de una libertad real reside en una relación apolítica de las relaciones sociales, del mercado, la familia y es que ahora vivimos en una realidad que ha politizado todo.

Nos hemos tragado la pastilla que nos hace creer que la Democracia solucionaría todos nuestros problemas y que el ejercicio democrático se lleva a cabo en unas elecciones que no ofrecen absolutamente nada. Tenía tanta razón Badiou cuando afirmaba que hoy por hoy el enemigo fundamental no es el capitalismo ni el imperio ni la explotación ni nada similar, sino la democracia: la ilusión democrática. La democracia es la forma de violencia más sutil del quehacer político, la simulación más despiadada que nos lleva hacia nuestra propia condena.

Es indispensable una desfetichización de la democracia y cercana a ésta, la desfetichización de la contraparte, la violencia, la cual parece ser la protagonista de todos los espacios públicos. Badiou propuso una “violencia defensiva”, renunciar a la toma violenta de poder estatal como el principal modus operandi y concentrarse en la construcción de dominios libres, sustraídos del reino como el movimiento “Solidaridad en Polonia”. Y así, solamente recurrir a la violencia cuando el Estado mismo la utiliza para someter y aplastar. Althusser nos explica claramente el juego del Estado como ese gran aparato ideológico de poder; es momento de quitarle al Estado ese ejercicio excesivo de poder. Vemos claramente en acción, la tesis marxista de la vida social “pacífica” y su propio sostenimiento de la violencia estatal, es decir que la vida social “pacífica” es una expresión y efecto de la victoria temporal de la clase dominante. Esto significa que no se puede separar la violencia de la existencia misma del Estado, la existencia misma del Estado es un hecho de violencia en el mismo sentido que Robespierre dijo en defensa del regicidio, que no se tiene que probar que el rey haya cometido ningún crimen específico, ya que la mera existencia del rey es un crimen, una ofensa contra la libertad del pueblo.

Hemos “normalizado” el Estado y aceptado que su violencia es simplemente una cuestión de excesos contingentes (los cuales podrían ser corregidos a través de reformas democráticas). A principios de los años setenta, en una nota para la CIA en la que Henry Kissinger aconsejaba cómo debilitar el Gobierno democrático de Salvador Allende decía: “Hagan sufrir la economía”, consejo que sin duda ha pasado de cultura en cultura, de gobiernos a gobiernos y basta ver cómo se encuentra el país hoy día. Uno de los grandes motivos por los cuales se le tiene terror a la pseudoizquierda mexicana es justo la vulnerabilidad de la economía, pero ¿qué más tenemos que sufrir hoy por hoy en términos de la economía nacional? Estamos en un momento de crisis no sólo financiera sino social. La fórmula de Badiou de “sustracción o resta, más solo una violencia reactiva” parece no ser suficiente para nuestras actuales condiciones, el problema es que hoy el Estado se está volviendo más y más caótico, ha fallado en su esencial función de apoyo a la circulación de bienes, a tal grado que no podemos ni siquiera darnos el lujo de dejar que el Estado haga lo suyo o, en todo caso, no estamos dejando que haga lo suyo por nuestras demandas de magia. Un cambio de raíz es imposible que se dé en un lapso tan corto, pero estas demandas que hoy se hacen vienen de antaño las necesidades.

¿Tenemos el derecho de mantenernos a una distancia del poder estatal cuando éste se está desintegrando, convirtiéndose en un obsceno ejercicio de violencia que oculta su propia impotencia? Depende de nosotros seguir alimentando la falsa ilusión denominada Democracia. Justo este fin de semana viene otro ejercicio electoral y mucho de esa ilusión se ve proyectada en las promesas de campaña y en las esperanzas de las personas. Hoy me duelo por todos nosotros los mexicanos porque hemos enaltecido nuestra propia miseria con lujo de violencia. La palabra tiene un poder de grandes alcances y es hoy el arma que todos usan para tratar de subsanar sus miedos. ¿Es esta la democracia que ejercemos? ¿la de la falacia del buen ciudadano? Porque yo tan sólo veo una sociedad dividida y atemorizada. No confundamos la violencia con la democracia y de paso, no embarremos de nuestra distorsionada visión de las cosas a la libertad de hacer, decir y actuar. Pues hoy día, todos somos jueces de todos ¿acaso serlo, no les parece per se un ejercicio de violencia?

@HadaCosquillas

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