Una solución latinoamericana (2). Autor: Federico Anaya Gallardo

(191001) -- BEIJING, 1 octubre, 2019 (Xinhua) -- Una formación de misiles nucleares Dongfeng-5B participa en un desfile militar durante las celebraciones con motivo del 70º aniversario de la fundación de la República Popular China en la Plaza de Tian'anmen en Beijing, capital de China, el 1 de octubre de 2019. (Xinhua/Yang Shiyao) (vf) (ce)

¿Es concebible un arreglo que desnuclearice Europa al modo que se hizo en Latinoamérica con el Tratado de Tlatelolco de 1968? Uno de los problemas es que Inglaterra y Francia son potencias nucleares. Londres tiene a su disposición 215 armas nucleares y París 290. En el arreglo de las instituciones globales, eliminarlas implicaría que dos de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU dejarían de ser potencias nucleares. Pero el club nuclear no se afectaría, porque afuera del Consejo de Seguridad hay tres estados que cuentan con armas atómicas: Paquistán (160), India (150) y Corea del Norte (45). Es muy probable que Israel también cuente con la bomba (¿90?).

La desnuclearización de un territorio previamente armado con bombas atómicas es posible, las exrepúblicas soviéticas de Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania renunciaron a sus arsenales nucleares después de la disolución de la URSS. (Liga 1.) En el otro lado del bloque ideológico mundial, Sudáfrica se sumó tardíamente (1990-1991) al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN) –aunque esto ocurrió durante el proceso de caída del régimen del apartheid y sin que Sudáfrica aclarase si efectivamente se había armado nuclearmente. Hay fuertes rumores de que Israel se armó nuclearmente pero lo que es seguro es que nunca ha pertenecido al TNPN. Paquistán y la India se armaron nuclearmente y tampoco entraron al tratado. Corea del Norte sí había firmado el TNPN en 1985, pero lo abandonó en 2003 y sus pruebas con armas nucleares son públicas –igual que las indias y paquistaníes.

Resumen: en términos fácticos el estatus nuclear no tiene que ver con la membresía permanente al Consejo de Seguridad. En teoría, los estados nucleares europeos podrían renunciar a sus arsenales atómicos sin demérito de su calidad como miembros permanentes del consejo. Aparte, Francia e Inglaterra seguirían bajo el paraguas nuclear estadunidense (como lo están Japón y Corea del Sur, quienes ni siquiera son miembro de la OTAN). Debe recordarse que el TNPN se dio en los días de la Détente entre EU y la URSS y que esta política de las superpotencias evolucionó en los varios tratados de desarme nuclear entre ellas a partir de la Era Gorbachev. En teoría, la no proliferación se compagina tanto con el desarme nuclear como con la desnuclearización.

Pese a la reticencia de los guerreritas en todas partes, existe una poderosa cultura internacional a favor del uso pacífico de la energía nuclear. El TNPN incluyó como derecho inalienable de todos los estados el desarrollo de la energía nuclear para fines pacíficos y comprometió a todos los firmantes a compartir tecnología con ese fin. Una de las dos superpotencias –EU– separó la administración nuclear del ámbito militar desde el comienzo de los años atómicos. La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) es capaz de monitorear responsablemente el desarrollo pacífico de este tipo de tecnología.

Regresemos a la crisis ruso-ucraniana. Desde 2008, Moscú señaló que la entrada de Ucrania a la OTAN planteaba un peligro existencial a la Federación Rusa. Y la guerra contra Georgia, que también había sido invitada a la alianza atlántica, demostró la seriedad de la advertencia rusa. En opinión de uno de los expertos estadunidenses más reconocidos, John Mearsheimer (n.1947), de quien nadie sospecharía simpatías comunistas o rusofilia, y quien es uno de los realistas más famosos en el área de relaciones internacionales, EU y la OTAN debieron tomar en serio aquella advertencia de 2008. (Liga 2.)

Mearsheimer lleva años diciendo lo anterior. Y cuando trata el tema recuerda a sus audiencias que la idea de peligro existencial avanzada por Rusia es exactamente la misma que justificó la reacción dura y radical de Washington durante la Crisis de los Misiles de 1962. Como buen realista, este académico estadunidense no oculta sus razones: provocar a la Federación Rusa es irresponsable porque sigue teniendo 6,375 armas nucleares. Aparte, la provocación occidental sólo puede consolidar los vínculos de Rusia con China. Separar a Pekín de Moscú era uno de los intereses nacionales de EU desde la Era Nixon-Kissinger.

Mearsheimer ha afirmado que, ya metidos hasta el cuello en esta crisis, una opción racional de los rusos sería destruir lo más que puedan en Ucrania –de modo que el nuevo Estado de la OTAN sea de poca utilidad a los enemigos de Moscú. El costo humano de este escenario es aterrador. Por eso el presidente mexicano señaló que era inmoral este juego adonde EU y la OTAN ponen sólo dinero y armas; mientras el pueblo ucraniano pone su sangre.

El correctivo ético, claro, no puede ser que los estadunidenses y europeos vayan a derramar su sangre en las orillas del Dniéper. Lo imperativo es encontrar un arreglo pacífico. Por ello es que he sugerido un arreglo equivalente al Tratado de Tlatelolco de 1968. El problema es que el escenario para ello no es propicio.

El pasado 15 de junio de 2022, en una conferencia para el Consejo Consultivo para la Innovación, Crecimiento y Desarrollo Sostenible (Coincydes) de Jalisco (Liga 3), Jean Meyer explicó que la guerra ruso-ucraniana ha dividido profundamente a los estados-nación europeos. Por una parte, los estados que estuvieron bajo el yugo soviético, “quieren la derrota militar de Rusia … que Rusia no pueda vencer en Ucrania”. En cambio, Francia, Alemania e Italia han insistido en que hay que negociar y que Ucrania no debe ganar esta guerra; porque incluso en ese escenario, los costos de reconstrucción serían altísimos y la Federación Rusa –aún derrotada– seguiría siendo una potencia de primer orden (minuto 51:00 & ss).

A mí me parece relevante el quiebre o clivaje que señala Meyer. Por una parte, tenemos a los estados “jóvenes”, nacidos de la disolución de los imperios multi-nacionales este-europeos en 1917-1918. Estos desean seguir adelante, no sólo con la expansión de la OTAN hacia el este sino con la actual guerra. No es extraño que la invitación a Ucrania y Georgia en 2008 haya ocurrido en la capital rumana de Bucarest en 2008. Tampoco es extraño que sean las élites de esos estados las que se solidarizaron de manera más irresponsable con Ucrania –como cuando los jefes de gobierno de Polonia, Chekia y Eslovenia visitaron Kiev bajo las bombas– pese a la recomendación de los europeos occidentales de no hacerlo. Lectora, tú puedes revisar en las redes sociales el tono en que vibran esos corazones este-europeos. Un ejemplo mexicano nos lo da un tuit del 26 de febrero de 2022 del profesor Bernardo Bolaños, de la UAM-Cuajimalpa: “Tal vez los expertos en geopolítica tengan razón: Rusia no dejará a Ucrania ser libre. Pero el pueblo ucraniano no se somete a los profesores de geopolítica. Son románticos utópicos soñando con la libertad. Gritan ‘Patria o muerte’ mientras dan la vida peleando contra el invasor.” (Liga 4.) Este es un romanticismo irresponsable, como he tratado de demostrar en esta ya larga serie de artículos sobre el conflicto ruso-ucraniano.

Frente a los este-europeos, Jean Meyer pone a los estados “viejos” de Europa, que llevan al menos 500 años haciéndose mutuamente la guerra y han aprendido –a la mala– la futilidad de sentimientos e ideologías. París, Berlín, Roma y Madrid saben que los expertos en geopolítica tienen razón. Por eso buscan un arreglo negociado. (Por eso se opusieron a la invitación de 2008 en Bucarest.)

El problema es que una Europa dividida difícilmente avanzará hacia un arreglo que desnuclearice no sólo Ucrania, sino toda Europa. Parecería que los estados este-europeos aún deben aprender en carne propia la lección de que hay guerras que no se pueden ganar. Peor: el romanticismo oculta el riesgo de que la Federación Rusa pase a una respuesta nuclear, sea por quedar arrinconada o por error. Y todos podríamos estar de acuerdo en que Vladimir Putin y los oligarcas que le rodean son mucho menos responsables que Khruschev.

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://julioastillero.com/terminos-del-divorcio-ruso-ucraniano-autor-federico-anaya-gallardo/

Liga 2:
https://www.youtube.com/watch?v=ppD_bhWODDc

Liga 3:
https://www.youtube.com/watch?v=W7TmI7vi77A

Liga 4:
https://twitter.com/BernardoBolanos/status/1497569106215772161

Federico Anaya-Gallardo
Federico Anaya-Gallardo

Abogado y politólogo. Defensor de derechos humanos. Ha trabajado en Chiapas, San Luis Potosí y Ciudad de México. Correo electrónico: agallardof@hotmail.com

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