En enero de 2013 visité a mi Nana Mari en Tlahualilo, Comarca Lagunera, quien en esos días se dedicaba a lavar compulsivamente cosas mil que había llevado en cien cajas desde México. Mientras fregaba una sábana de manta hecha por ella en 1964, año de mi nacimiento, con costales de la zafra 1962-63, se cayó y se lastimó la cadera. Tenía 87 años y había sospecha de fractura. Creyó Mari que ya era su tiempo. Su sobrina Romana había muerto junto a ella el 18 de diciembre anterior. No quiso ir al radiólogo sino hasta mi llegada. Agarré el primer ómnibus que salió de la Terminal del Norte. Luego se quejaba de que “la encueraron” en una mesa fría –la de Rayos X. No hubo fractura, pero tampoco había ya carne alrededor de los huesos pélvicos ni cápsulas sinoviales en las articulaciones. Y las vértebras lumbares estaban ya solidificándose por causa de la artritis. Le dieron un tratamiento desinflamatorio y empezó a bajar el dolor. Pronto empezó a regañar a todos (buena señal), y aceptó (¡albricias!) usar una andadera que estaba allí despreciada desde hace seis meses. La antigua ceiba da buena sombra pero reposar en su seno causa melancolía.
Como sea, un viaje a los desiertos del Septentrión Mexicano siempre trae sorpresas. La víspera de mi regreso a México se casó Gabriela Martínez Barraza, la hija menor de Pedro Martínez Esquivel –el sobrino nieto rescatado por mi Nana Mari en 1971. Su madre, Rosario Barraza, es normalista y maestra comprometida en su municipio. Su abuelo, un viejo dirigente del sector campesino del PRI –de esos a los que ya nadie les da bola. Mi Nana Mari y yo asistimos muy formales a la ceremonia, en casa de Pedro. Se trataba de la boda por el civil. Muy propio de esa Comarca Lagunera laica, liberal y alguna vez socialista. (La boda religiosa sería después, pues tampoco son estas gentes jacobinos de la Tercera Era… ¡todo lo contrario!)
El novio era Bismark Almeida. Mi Nana Mari lo veía aún con recelo, pero hacía meses, en otra visita, yo había aprovechado que él y Gaby iban a Gómez Palacio (adonde ambos estaban estudiando) para platicar largo con él mientras el camión traqueteaba las tres horas que tarda en recorrer los 80 Km entre Tlahualilo y Torreón. Confieso que me intrigaba su nombre de pila. Bismark estudió para Químico Biólogo Farmacéutico en la universidad estatal duranguense (campus Laguna). Desde aquellos días no veía su futuro en una farmacia, sino en defensa del medio ambiente. Su otro interés estaba en la investigación y patente de procesos industriales. Me contó que una de sus maestras era de origen cubano y había desarrollado patentes sobre usos del propóleo.
Bismark me dijo que le sorprendía que la maestra insistía en enseñar y que no se hubiese retirado con sus patentes. Y que, cuando sus estudiantes le preguntaron, ella les dijo que lo importante era dejar un mundo mejor. Aventuré que acaso hubiese allí algo de ética revolucionaria, y que si así fuese, sería muy simbólico que esa cubana estuviese en la Comarca Lagunera. Después de todo, agregué, allí había sido una de las zonas de llegada del gran refugio español republicano (y comunista y socialista), en los días del general Cárdenas. A esto me preguntó Bismark que si esos españoles eran los que vinieron cuando el Reparto Agrario. Le dije que sí, aunque el reparto fue en 1936 y el flujo mayor del refugio en 1939, pero que todo era parte de lo mismo.
Entonces fue que Bismark me contó quién le había bautizado. Su abuelo era ejidatario en Tlahualilo –el primero de los grandes ejidos formados en El Reparto. Ese abuelo le había contado que había aprendido a leer y escribir con un maestro español llegado a la escuela que se abrió en el pueblo en medio de aquellas turbulencias. El abuelo Almeida de hecho, fue el primer profesionista (contador público) en esa familia. La energía social nunca se pierde aunque se acumula de modos inesperados.
Por su parte, Gaby me contó sus aventuras en la granja de pollos Tyson adonde trabajaba. La factoría tenía 5 mil personas empleadas y centenas de miles de pollos. Se trata de un oficio mecánico de esos que joden articulaciones específicas. En 2012 una señora había sido despedida cuando se encontró que su mano derecha mostraba artritis causada por el uso constante e interminable de la jeringa vacuna-pollos. La liquidaron con 10 mil pesos, cuando el monto constitucional debía haber llegado a casi 70 mil. Gaby era una de las jóvenes que les recordaba éste y otros casos a trabajadores y capataces, cuando ocurrían accidentes y se requerían servicios médicos. Y es de las que peleaba contra las mañas con que se arreglan los patrones para dar aumentos balines y exigir horas extras sin pago. Es la legítima nieta, por vía de su madre, de uno de los últimos alcaldes priístas campesinistas de Tlahualilo.
En medio de todas las contradicciones que las biografías concretas nos muestran, las ideas que inspiraron el Reparto Agrario y las convicciones que trajeron de la España revolucionaria los refugiados fueron buena semilla y cayeron en una tierra fecunda, la de La Laguna. El frío intenso y los calores abrasadores de aquellos desiertos avivan seso y templan corazón.
Hay buen fruto en el campo y en la ciudad. Ya he comentado los recuerdos de la generación de las hijas e hijos de la Revolución acerca de Villa (mi Nana Mari y Miguel su hermano, el de la pasteurizadora); y cómo en sus memorias se explican esfuerzos como el de la primera Lala hacia 1950. Ya he contado cómo en esos mismos años, mis abuelos mandaron a mi madre a estudiar la secundaria con españoles refugiados –cuya trigonometría disparaba obuses antifascistas. Aquí presento recuerdos y afanes de dos jóvenes tres generaciones más adelante (Gaby es sobrina bisnieta de mi Nana Mari)… los esfuerzos de ella y de su pareja siguen la misma dirección que los de sus ancestros.
El Nazas y el Aguanaval siguen su curso, pese a todo.
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