¿Para qué la militarización? Pregunta que preocupa a todos y nadie atina a responder. Autor: José Reyes Doria

FOTO: MARIO JASSO/CUARTOSCURO.COM

@jos_redo

La militarización es un fenómeno difícil de encuadrar en una definición inequívoca, puede presentar niveles de profundidad que van de la dictadura militar en el caso extremo, a un proceso paulatino pero incesante de transferencia de recursos, atribuciones, competencias y capacidad de decisión a las fuerzas armadas en ámbitos civiles.

¿Estamos ante un proceso de militarización en México? La respuesta es sí, en tanto el gobierno del presidente López Obrador ha entregado al Ejército y a la Marina innumerables espacios de poder en materia de obra pública, aduanas, educación, salud, y, sobre todo, en el ámbito de la seguridad pública. Desde luego, no estamos ante la figura clásica de un régimen militar como los vistos en América Latina en los años 70´s y 80´s, pero lo cierto es que tal modelo no es el único a través del cual las fuerzas armadas pueden condicionar la vida civil y democrática de las naciones.

La decisión del presidente López Obrador de incorporar absolutamente la Guardia Nacional al Ejército (nótese que no digo SEDENA, porque no se trata de una medida burocrática, sino de una decisión política de gran trascendencia) es la acción de mayor relevancia en este proceso de transferencia de poder político-civil a los militares. ¿Por qué lo hace? Esa es la gran pregunta que no encuentra una respuesta contundente que mitigue la creciente preocupación por la integridad de la esfera civil-democrática de México.

Es importante el tema de la falta de congruencia de AMLO y personajes de su círculo cercano, en el sentido de que hace poco tiempo estaban en contra de militarizar la seguridad pública y, ahora, ya en el poder, impulsan de forma autoritaria la militarización de un cuerpo civil de seguridad pública como lo es la Guardia Nacional. No han explicado de forma convincente las razones de su cambio radical de postura, y tampoco han justificado esa decisión tan riesgosa para la vida institucional mexicana. Pero, siendo importante el tema de la congruencia de AMLO y sus cercanos, en este momento del proceso político es irrelevante, porque lo sustancial es la cuestión de ¿para qué la militarización?

De igual forma, es importante el tema del menosprecio y el desacato al orden constitucional que implica el anuncio de AMLO de que, para fundamentar la entrega de la Guardia Nacional al Ejército, recurrirá a un acuerdo o un decreto presidencial. Es clarísimo que esa decisión tiene que estar fundamentada en un mandato de la Constitución. El artículo 21 de la Carta Magna dice claramente que la Guardia Nacional es un cuerpo civil. Si AMLO quiere entregarlo a los militares, se tiene que reformar la Constitución. No hay vuelta de hoja. Ni siquiera se puede resolver el punto con una reforma a las leyes secundarias, como pudiera ser la Ley de Seguridad Nacional o alguna otra. Mucho menos por la vía de un decreto presidencial.

Por eso decíamos antes que esa pretensión es claramente autoritaria: porque a sabiendas de que se requiere un consenso con las fuerzas políticas representadas en el Congreso para reformar la Constitución, se pretende hacer valer la voluntad presidencial por medio de un decreto. La Constitución es un pacto fundacional, creada justamente para que decisiones de este calibre se asuman con las debidas providencias, con un gran consenso y con una discusión pública que incluya las visiones, propuestas, temores y objeciones de los actores políticos y sociales.

Pero, con todo eso, el tema de la eventual inconstitucionalidad de la decisión, lo más relevante no es eso, sino el tema de fondo: ¿para qué la militarización? ¿Por qué el incesante protagonismo de las fuerzas armadas habrían de beneficiar al pueblo de México, a sus instituciones y su convivencia democrática y social? No hay respuestas ni discurso que aminoren estas dudas. Se dice desde el ámbito oficial que por la corrupción, que por el neoliberalismo, que porque escasean los civiles honestos; que por todo eso es mejor que soldados y marinos construyan y administren para siempre las mega obras, que controlen aduanas y comercio, y que se encarguen directamente de la seguridad pública. Lejos de convencer, lo que estas explicaciones generan es más incertidumbre, incluso entre connotados militantes de la llamada Cuarta Transformación.

Es verdad que las fuerzas armadas están involucradas en tareas de seguridad pública desde hace medio siglo, y que Felipe Calderón les atribuyó una centralidad desorbitante con su demencial guerra contra la delincuencia organizada. Pero todo este tiempo, se ha asumido que tal tarea de las fuerzas armadas constituía una anomalía constitucional, dado que no están autorizadas para desempeñar funciones de seguridad pública y que, tarde o temprano, sería necesario crear una policía civil eficiente y regresar a los militares a sus cuarteles. Sin embargo, el presidente López Obrador propone militarizar absolutamente la seguridad pública, en el marco de un proceso de atribución de grandes franjas de recursos y poder a los militares. Nuevamente: ¿para qué, con cuáles candados, con qué previsiones?

Sila, el célebre militar y político de la antigua Roma, siempre consideró que la lealtad del ejército se aseguraba comprándola. Dar dinero y prometer riquezas a las legiones era, para Sila, la política más eficaz para contar con la obediencia del ejército. Para garantizar los pagos a sus soldados, Sila no tuvo empacho en saquear las arcas de Roma, expoliar templos sagrados como el de Delfos o arrasar a la mismísima Atenas. Pero Sila era un lobo de mar. Su objetivo con esa compra de la lealtad del ejército no era mantenerse como el máximo general, sino utilizar ese liderazgo militar para ganar el poder político de Roma, para gobernar sin límites ni resistencias. Por eso, Sila tomaba providencias, pues sabía que los militares, al tener poder y riqueza, generan intereses propios, desarrollan ambiciones que, eventualmente, los llevan querer mandar, a voltearse contra el líder y contra los civiles. Por eso, Sila diseñó todo un mecanismo de control sobre los militares y.… murió de viejo, de enfermedad.

José Reyes Doria
José Reyes Doria

Politólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.
Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com

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