Por Andrea B. Romano
El primer caso registrado de lo que se conoce ahora como “síndrome del ano inquieto” revela una serie de síntomas particulares, padecidos por un varón japonés de 77 años semanas después de enfermar de COVID-19.
Ciudad de México, 7 de octubre (SinEmbargo).- El primer caso registrado de un varón con síndrome de ano inquieto semanas después de recuperarse de COVID-19 sigue planteando dudas sobre las posibles secuelas a largo plazo de la enfermedad.
El informe del caso, publicado por expertos japoneses, indica que el hombre se recuperó del virus luego de pasar 21 días en el Hospital de la Universidad Médica de Tokio. Si bien el tratamiento suministrado logró su rehabilitación satisfactoria, el anciano de 77 años mantuvo insomnio y ansiedad, aunque los síntomas más extraños llegaron semanas después, con lo que ahora se conoce como “síndrome del ano inquieto”.
SINTOMATOLOGÍA
Semanas después de conseguir el alta hospitalaria, el paciente comenzó a experimentar “molestias anales profundas”, a unos 10 cm de la región perineal, señala el documento.
La incomodidad llevó al hombre a acudir al sanitario constantemente, sin conseguir alivio luego de evacuar.
Entre las características de las molestias del paciente se encontró que éste mostraba un impulso por mantenerse en movimiento, ya que los síntomas empeoraban con el reposo. De igual forma, mostró mejoras al realizar ejercicio, aunque la incomodidad se agudizaba por las noches, por lo que tuvo que tomar medicación para dormir.
Luego de acudir nuevamente a revisión médica, los estudios revelaron que el anciano padecía hemorroides, aunque sin otro tipo de lesiones rectales que dieran explicación a sus síntomas.
“Los hallazgos neurológicos, incluyendo el reflejo tendinoso profundo, la pérdida de sensibilidad en el periné y la lesión medular, no revelaron anomalías. No se confirmaron diabetes, disfunción renal ni un estado de deficiencia de hierro”, señala el informe.
CONCLUSIONES DEL CASO
Los síntomas del paciente llevaron a los expertos a concluir que padece el síndrome del ano inquieto, definido como una variante del síndrome de piernas inquietas (SPI), posiblemente relacionado con la COVID-19.
“Este caso cumplía las cuatro características esenciales del SPI: necesidad de moverse, empeoramiento con el reposo, mejora con el ejercicio y empeoramiento por la noche. Hasta la fecha, no se ha publicado ningún caso de síndrome de las piernas inquietas asociado a la COVID-19”, indicaron.
El paciente mejoró luego de un tratamiento con clonazepam, que logró aliviar las molestias anales que padecía.
De acuerdo con los expertos, el caso refleja los posibles impactos neuropsiquiátricos a largo plazo asociados a la COVID, aunque no hallaron una relación causal clara entre el síndrome y el virus por tratarse de un caso único registrado hasta el momento. Los investigadores instan a mantener un monitoreo al respecto.
“El SPI relacionado con la COVID-19 o la variante del SPI puede estar infradiagnosticado y deberíamos prestar atención a casos similares para aclarar la relación entre la COVID-19 y el SPI”, indicaron.

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