Sigue operando el dispositivo de poder en contra de AMLO. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Imagen ilustrativa.

Por: Ivonne Acuña Murillo

Desde 2006 he insistido en la existencia de un dispositivo de poder en contra del actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). “Compló”, se decía para ridiculizar a AMLO cuando afirmaba la existencia de un pacto en su contra, pero, sobre todo, contra sus intentos por modificar el esquema desigual de distribución de la riqueza y por disminuir los privilegios de la que reconoció como una minoría rapaz. En las sombras se escondían quienes decían apostar por la democracia y la decisión del pueblo, mientras operaban este dispositivo. Ahora, ante la desesperación por el inminente doble triunfo de AMLO y Morena, en 2018 y en 2021, han decidido abrir sus cartas y mostrarse abiertamente.

Que vea quien quiera ver. El dispositivo existe y opera, no con la contundencia de los años 2006 y 2012, pero, como el Dinosaurio, “todavía está allí”. Vestido de azul y rojo, con leves destellos de amarillo.

Un dispositivo de poder es, de acuerdo con el pensador francés Michel Foucault, “Una red que vincula elementos heterogéneos como discursos, instituciones, disposiciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filantrópicas, filosóficas y morales. Es la red que se puede establecer entre estos elementos.”

Se ofrecen enseguida ejemplos concretos de las partes que conforman esta red, presentes y pasadas, por lo que conviene proceder como sugiere Jack.

Anuncio

Discursos

El primero y más notable fue el construido por el publicista Antonio Sola para la campaña presidencial de 2006. “López Obrador es un peligro para México”. Frase que apostó al “miedo” como la emoción a movilizar en la campaña electoral en contra del temido candidato antisistema que de ganar convertiría a México en la Venezuela de Hugo Chávez, primero, y de Nicolás Maduro, después.

Para reforzar este discurso aparecieron otros como el apuntado por el intelectual Enrique Krauze en su texto “El mesías tropical”, publicado el 30 de junio de 2006 en Letras Libres, revista fundada en 1999 y editada por el mismo historiador. En este ensayo, Krauze marca los ejes discursivos que serán replicados hasta hoy por políticos del PRI, PAN y anexos, intelectuales, comunicadores, líderes de opinión, líderes empresariales, payasos y demás personas contrarias a AMLO y el proyecto de la Cuarta Transformación (4T), a saber: “el Peje” es controvertido (indicado en la primera línea del texto); elusivo como pejelagarto; malo para perder desde niño (“cuando perdía su equipo, terminaba enfurecido”); encerrado en el pasado y en su propio mundo; popular y populista, a diferencia de Lázaro Cárdenas que fue lo primero, pero no lo segundo; rudo, combativo, apasionado e “incendiario”; conspiranóico, veía “complós” donde no los había; proclive a la división, sin admitir por supuesto que la polarización fue promovida como arma de campaña en 2006; opaco en el manejo de los recursos públicos; defensor más de la justicia que de la ley y admirador de Tomás Garrido Canabal, político autoritario anticatólico del Tabasco de los años 30 más que de Benito Juárez o Lázaro Cárdenas.

En resumen, Krauze dibujó en este texto la figura de un “mesías tropical”, proporcionando a los adversarios de AMLO, entre los que se cuenta él mismo, un personaje altamente caricaturizable y susceptible de ser llevado del ridículo al miedo extremo. El siguiente paso fue “informar”, a buena parte de la ciudadanía, sobre los riesgos de que un individuo con las características atribuidas por Krauze llegara a la silla presidencial.

Quedaba así marcado el derrotero discursivo de los grupos de poder y de presión que se opondrían férreamente a López Obrador y su proyecto de transformación de la vida pública, política, económica y social de México.

Este discurso fue reforzado también en diversos spots financiados por grupos empresariales, como aquel en que el triunfo de López Obrador provocaría la caída de la economía, representada por una pared de ladrillos. (Consultar el texto de Silvia Gutiérrez Vidrio, “La construcción de la imagen de López Obrador en los spots de sus adversarios”, disponible en la Red).

La repetición, día y noche, en todos los medios de comunicación bajo el dominio de quienes estaban en contra de López Obrador y por todos los comunicadores a disposición de estos, logró construir la percepción de que de ganar AMLO el país se destruiría. Idea tan bien posicionada que aun resuena en la mente de miles o millones de personas que no alcanzan a entender lo que se juega en México en materia de los intereses en pugna: los de quienes pretenden defender sus privilegios a toda costa y los de quienes se han visto perjudicados por sus políticas en contra del país, su población y sus recursos.

Desde 2018 se ha buscado reutilizar, sin mucho éxito, el discurso del miedo creado en 2006 en contra de López Obrador, agregando muy recientemente los calificativos de “comunista”, como ha hecho el líder del Frente Anti-AMLO (FRENAA), el miembro del sector empresarial Gilberto Lozano, y los abajofirmantes, y de “nazista”, “franquista”, “comunista al estilo soviético” y “socialista al estilo venezolano”, como ha acusado sin mucho conocimiento la comunicadora de mediana importancia Fernanda Familiar, a quien se ha relacionado con la esposa de Genaro García Luna, preso en Estados Unidos por tráfico de drogas y vínculos con bandas del narco.

Esta “informada y formada” comunicadora, metió en un mismo saco, el de los libros de texto gratuitos, todas estas ideologías, sin importar las contradicciones o lo absurdo que supone mezclar fenómenos con historias y teorías diferenciadas en el tiempo y el espacio y acusar a la actual administración de intentar torcer la educación de niños, niñas y adolescentes a partir de lo que, en su mente, aparecería en los libros distribuidos por la Secretaría de Educación Pública. Nada más le faltó citar al gran Palillo y acusar a AMLO de ser “un pulpo chupeteador, esdrújulo, hijo de su repepin chamaco”.

Pero ¡qué importa decir tonterías!, al fin y al cabo, mucha gente no busca otras fuentes de información y se conforma con lo que esta mujer o cualquier otra persona del mismo clan le diga. Lo que si entiende la gente, que ha sido manipulada para hacerlo, es que todos esos calificativos representan algo malo a lo que debe temer.

Leyes, decisiones reglamentarias y medidas administrativas

Los mejores ejemplos en este caso son: el desafuero de AMLO en 2004-2005, el fraude electoral del 2006 y la aplicación estricta de la ley en contra de Morena, como no se había hecho antes con ningún otro partido político y menos en pleno proceso electoral.

El desafuero consumado el 7 de abril de 2005.

El proceso inició en 2004 cuando se responsabilizó al gobierno del Distrito Federal (D.F.) por violar una orden judicial que exigía la suspensión de la construcción de una calle que conduciría al Hospital ABC, en un terreno expropiado años atrás por gobiernos anteriores. En respuesta a dicha orden, los trabajos fueron suspendidos sin que hubiera dado tiempo para el retiro de la maquinaría lo que permitió alegar el incumplimiento de la disposición responsabilizando directamente al jefe de gobierno en turno, López Obrador.

Por esta razón, el entonces presidente Vicente Fox Quesada solicitó, raudo y veloz, a la Procuraduría General de la República que ordenara al Congreso de la Unión llevar a cabo el juicio de desafuero en contra de López Obrador.

La medida, fraguada en su totalidad en Los Pinos, según se filtró después, no surtió efecto gracias a la pericia política de AMLO y el apoyo de miles de sus seguidores ya en las calles. Con habilidad, el jefe de gobierno del D.F. se rindió a las autoridades dispuesto a ir a la cárcel después de dar un certero discurso en la misma Cámara de Diputados que habría de desaforarlo.

Ya “encerrado”, una diputada del PAN en la Asamblea Legislativa del D.F., Gabriela Cuevas, pagó la multa para que el político tabasqueño fuera excarcelado antes de convertirse en el mártir del gobierno de Fox.

En este punto, quedó de manifiesto que no sería el pueblo quien decidiría si AMLO debía gobernar o no, sino Vicente Fox y Felipe de Jesús Calderón Hinojosa. El fraude electoral apareció entonces como una mejor estrategia.

El fraude electoral de 2006

Es entonces cuando el Instituto Federal Electoral (IFE) tomó parte activa a través de un PREP mal diseñado y con inconsistencias en favor de Felipe Calderón. En cadena se sucedieron hechos que permiten hablar de un fraude operado el día de las elecciones: eventos estadísticos atípicos en los que nunca se estabilizaron las curvas de López Obrador, Calderón y Roberto Madrazo (iniciador de Latinus, plataforma desde la que un día sí y otro también Carlos Loret de Mola y el payaso Brozo golpean a AMLO y la 4T); la existencia de 60 mil casillas donde no coincidieron el número de boletas con el de votantes; la aparición de 600 mil boletas más para senadores que para presidente; la orden expresa de las autoridades del IFE para que no se abriera un número significativo de paquetes electorales al momento del recuento; la desaparición de un número importante de registros de personas de la tercera edad (asiduos votantes de AMLO) en el padrón electoral; los “errores humanos” en el conteo final de votos en las actas de muchas casillas, a favor de ya saben quién, AMLO no, por supuesto, etc. (Consultar, Ivonne Acuña Murillo, “Sociedad divida”, UIC Foro Multidisciplinario, octubre-diciembre 2006).

La aplicación estricta de la ley como estrategia para impedir que en este proceso electoral AMLO y Morena ganen y mantengan su mayoría en la Cámara de Diputados.

Lo primero que se intentó fue silenciar al primer mandatario, para impedir que haga propaganda en favor de Morena o en contra de los partidos que compiten por restarle poder, en las Conferencias de Prensa de cada mañana, ignorando la delgada línea que separa información de propaganda, tratando de hacer cumplir las restrictivas disposiciones electorales pensadas para evitar que un presidente de la República, como lo hiciera en su momento Vicente Fox, intervenga directamente en la elección en favor de su(s) candidato(s).

Para quebrar la resistencia presidencial a tales mandatos, el jueves 22 de abril el INE ordenó a AMLO bajar de redes sociales la “Mañanera” del viernes 16 de abril, orden acatada al día siguiente; sin embargo, dicho fallo fue revocado por el TEPJF el 28 de abril. Igualmente, el 23 de abril el instituto electoral apercibió al presidente para que dejara de promover los logros de su Gobierno durante sus conferencias matutinas, a riesgo de ser amonestado. En un exceso, el INE advirtió a AMLO sobre posible multa de 5 mil salarios mínimos o arresto de 36 hrs., en caso de desacato.

La segunda estrategia, en pleno proceso electoral, incluye los candados impuestos por el INE, y aprobados por la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), para evitar una sobrerrepresentación mayor al 8% en la Cámara de Diputados, a partir de la asignación de diputaciones plurinominales, y la integración de mayorías artificiales, permitidas en 2012, 2015 y 2018 bajo las mismas leyes electorales.

La tercera, se dio en torno a las candidaturas a gobernador de Raúl Morón, en Michoacán y de Félix Salgado Macedonio, en Guerrero, cuando se aplicó la ley con un rigor nunca antes visto y sin mediar criterios de proporcionalidad para sancionar las faltas cometidas, excluyendo a dichos candidatos del proceso electoral.

Como se observa, los consejeros del INE en especial, el consejero presidente Lorenzo Córdova y el consejero Ciro Murayama, han decido aplicar la ley en contra del presidente y Morena, su partido, como no lo han hecho con ningún otro instituto político, por lo que se puede afirmar su pertenencia al dispositivo de poder aquí analizado.

Lo anterior no significa que el INE no deba cumplir con la ley o que se permita a AMLO y Morena violarla. Lo que se cuestiona es la falta de proporcionalidad al momento de imponer las sanciones, pero, sobre todo, la selectividad en la aplicación de estas. Basta recordar que no se dio el mismo trato a institutos como el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Verde Ecologista de México cuando violaron abiertamente la ley electoral a través de las Tarjetas Monex y Soriana del PRI y los kits propagandísticos, papel para envolver tortillas y cine minutos del Verde, durante los procesos electorales de 2012 y 2015, o en el 2017 cuando el PRI gastó a manos llenas, superando con mucho los topes de campaña, para seguir gobernando el Estado de México.

Enunciados científicos, proposiciones filosóficas y morales

Forman parte del dispositivo de poder en contra de AMLO, los supuestos llamados filosóficos y morales hechos desde movimientos como el encabezado por Gilberto Lozano de FRENAA y sus casas de campaña vacías ocupando el Zócalo, las cartas de “abajofirmantes” donde intelectuales conocidos, como el ya mencionado Krauze, Héctor Aguilar Camín, académicos, gente de la llamada sociedad civil, escritores y otros, buscan avivar el despertar ciudadano en contra de los supuestos intentos lopezobradoristas por exterminar la democracia y la libertad de expresión. Derecho del que, por cierto, abusan para “pendejear” al primer mandatario como lo hiciera el propio Aguilar Camín, y para intentar pasar en contra de la decisión de 30 millones de votantes al buscar “la manera” de terminar con un mandato que no les beneficia, porque al final “ellos si saben perder”.

Libros como el del conocido académico e intelectual Roger Bartra, Regreso a la jaula (2021) o el de la odontóloga Laurie Ann Ximénez-Fyvie, Un daño irreparable (2020), desde donde se ofrecen “argumentos científicos” en contra de López Obrador y su gobierno. El primero abona, sin mucha sustancia, a la idea de un gobierno autoritario; el segundo, a dejarnos suponer que existe la estrategia sanitaria perfecta en contra de la Covid-19.

Artículos como el de Gilberto Guevara Niebla, “La decepción y la esperanza”, atacando y negando aquello que alguna vez defendió y los de muchos otros encaminados a golpear y deslegitimar, una y otra vez, a AMLO y la 4T, sin anotar también aquello que dejaron pasar o defendieron abiertamente en gobiernos anteriores.

Se suman igualmente, todos los intentos, a base de exageraciones y francas mentiras como las de la señora Familiar, que buscan restar autoridad moral a quien atenta en contra de intereses creados y añorados privilegios.

Pueden agregarse también los discursos morales de partidos como el PAN, el PRI y el PRD, aglutinados en “Va por México”, alianza apoyada por los empresarios Claudio X. González y Gustavo de Hoyos Walther, ex presidente de la Coparmex, ambos acérrimos adversarios de López Obrador, que olvidando los hechos de enorme corrupción y mala administración que les hicieron convertirse en una débil oposición política, derraman en sus spots de campaña apostando a la desmemoria colectiva al ofrecer hacer ahora lo que no hicieron antes, dejando de lado la degradación a que han sometido al país.

Habría que añadir a las partes de este dispositivo de poder, el importante papel de los medios de comunicación, cuyos dueños han sido francamente antilopezobradoristas, en la difusión de discursos de odio en contra del actual presidente, en la profundización de la polarización que se achaca exclusivamente a él, en la creación de una atmosfera caracterizada por el miedo irracional y la desinformación y en la creación de la imagen del “mesías tropical” antes mencionado.

Por supuesto, el presidente López Obrador no se ha quedado cruzado de brazos pues ha resistido, desde el año del desafuero, los embates de aquellos grupos políticos y económicos, que entonces y ahora, se rehúsan a abandonar el poder y los beneficios que por décadas han obtenido a costa del bienestar de las mayorías.

La última batalla es la que se libra ahora en contra de los visibles intentos del INE y los consejeros mencionados, en torno a los cuales cierran filas todos los “abajofirmantes” y grupos que les acompañan (políticos, intelectuales, empresarios…), para imponer restricciones previas a los comicios del 6 de junio para que, de triunfar Morena en estas elecciones, especialmente en la renovación de la Cámara de Diputados, se reduzcan sus posibilidades en el ejercicio del poder.

En este juego de fuerzas, Morena nombró a Raúl Morón y Félix Salgado Macedonio como dirigentes del partido en sus respectivos estados, de manera que estarán en todo momento con sus candidatos Alfredo Ramírez Bedolla, para Michoacán, y Evelyn Salgado Pineda, para Guerrero, nada más ni nada menos que la hija de Félix Salgado Macedonio. De esta manera, en ambos estados los candidatos rechazados por el INE podrán no solo participar abiertamente, sino movilizar a sus bases sociales en favor de quien les ha sustituido en las candidaturas.

Se puede concluir que: la “democracia” es utilizada como la cara del dispositivo de poder echado a andar en contra de AMLO y la 4T para impedir, “democráticamente”, que la voluntad de 30 millones de personas y su apuesta por un cambio de rumbo se convierta en realidad.

Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

Comenta

Deja un comentario