Seguridad Humana, cambiemos la estrategia. Autor: Iván Uranga

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Cuidar las cosas o cuidar a las personas
Estrategia fallida y democracia asistencialista
Militares al poder, FBI en México, no queremos que nos pase lo de Bolivia
Buenvivir en lugar de Bienestar
Seguridad Cooperativa y Seguridad Humana

La humanidad siempre ha renunciado a un poco de felicidad a cambio de un poco de seguridad,
pero no se puede renunciar a la dignidad, la libertad, ni a la vida misma.

La seguridad humana es el concepto original de la seguridad, cuando los primeros seres humanos conciben el concepto de Seguridad no se trataba de resguardar sus propiedades sino su vida, sentirse a salvo de cualquier daño que pueda ser infligido por la naturaleza o por otros. En la actualidad los gobiernos han diseñado modelos de seguridad para la defensa de la economía, y el concepto de seguridad humana se centra en el usuario final de la seguridad que es el ser humano. La palabra “Seguridad” tiene su origen en la palabra latina securitas/securus, que a su vez proviene de sine cura que significa sin problema. Contrario a lo que los “especialistas” creen, no se trata de una percepción subjetiva, porque la seguridad desde los orígenes del ser humano significa sobrevivencia y no hay nada más objetivo que permanecer vivo.

Desafortunadamente el condicionamiento del pensamiento de la mayoría de los humanos y de sus acciones se han deformado a tal grado que en la actualidad se prioriza la seguridad de todo aquello que signifique una ganancia económica y no existe nada más representativo de todo el sistema hegemónico de organización humana actual que la ganancia, el interés fundacional de los gobiernos es la organización de los estados para garantizar una mayor ganancia para las minorías dominantes, esa única prioridad ha creado modelos de seguridad nacional orientados a las protección de las cosas y no de las personas, por lo que podemos ver aun en gobiernos progresistas destinar recursos humanos y materiales para salvaguardar los intereses económicos y no la vida y la integridad humana.

Los recursos humanos y materiales con los que ahora cuenta el gobierno para garantizar la seguridad, más de 90% de estos recursos es destinado a proteger la ganancia y no a las personas, por eso es que podemos ver a 50 mil militares desplegados en la frontera norte y sur para contener la migración humana hacia Estados Unidos para que Donald Trump no aplique medidas económicas que afecten la ganancia de los grandes capitales nacionales, o miles de soldados recogiendo sargazo en las playas el Caribe mexicano, para que los dueños de la industria hotelera no disminuyan sus ganancias y ver a miles de miembros del ejército resguardar los ductos y las pipas de Pemex, para proteger la ganancia de una industria que contribuye con 1.6% de la contaminación causante del cambio climático que acaba con la vida en el planeta (lea “Pemex mata”) o podemos ver a otros miles de soldados construyendo el aeropuerto que vendrá a resolver los problemas de un transporte que jamás usará 90% de los mexicanos.

Seguramente muchos pensarán que la “seguridad económica” es importante, que eso es lo que genera empleos y da de comer a millones, el problema es que 100% de esta inversión es pagado por 100% de los mexicanos y 90% de las ganancias son para la clase privilegiada que son 1%, el otro 10% queda para la ganancia y el empleo de 99% de la población que no somos la clase privilegiada. En este modelo tan desigual de inversión en seguridad no tendría por qué disminuir el índice de delincuencia ni los asesinatos por día, porque no se invierte en ello.

En el Plan Nacional de Paz y Seguridad 2018-2024 presentado por el Presidente, establece en su primera línea que “La seguridad de la gente es un factor esencial del bienestar y la razón primordial de la existencia del poder público” y en reiteradas ocasiones en su conferencia mañanera y en diferentes foros ha afirmado que “La inseguridad y la violencia hacen imposible la consecución del bienestar -por lo tanto- la paz social no puede conseguirse sin bienestar y sin justicia”, afirmaciones que compartimos y con las que estamos totalmente de acuerdo, el problema es el estado de bienestar que ha propuesto durante su primer año el gobierno es asistencialista, a tal grado que ahora pretende elevar a rango constitucional las pensiones y las becas; y no es que estemos en descuerdo con los “apoyos” a los más necesitados, pero todo ello son medidas emergentes en tanto la justicia social dignifique cada una de las políticas públicas del Estado, es decir; se puede y se debe apoyar por solidaridad a los más necesitados, pero un Estado verdaderamente justo, regularía todas las actividades económicas para que la distribución de las riquezas sea equitativa. El elevar a rango constitucional las becas y las pensiones, en lugar de garantizar alimentación, transporte, educación, trabajo, salud y una vida, una vejez y una muerte digna, es condenar a que México se convierta constitucionalmente en una democracia asistencialista, es decir rompe con la esperanza de una nación justa.

Esa visión de bienestar contrasta con una visión más equitativa que nos llevaría al buenvivir, es decir, no se trata de “estar” bien sino de nacer, vivir y morir bien. Y aunque se invierte en erradicar la corrupción, en reforestación, en apoyos a campesinos, estudiantes, jóvenes y ancianos, el Estado administra menos de 10% del Producto Interno Bruto (PIB) de todo el país, por lo que la gran mayoría de las riqueza generada por los mexicanos es administrada por la iniciativa privada y más de 90% de las ganancias generadas son para 10%, esta enorme brecha de desigualdad no se puede resolver con becas ni pensiones, sólo se resuelve con regulaciones que el Estado debe establecer (y esas sí sería bueno que se elevaran a rango constitucional) y esas normas, leyes y políticas públicas deben obligar a los que obtienen esas descomunales ganancias a que se distribuyan de forma equitativa (y ni siquiera hablo de comunismo) se trata de que las prestaciones y los salarios permitan realmente a un trabajador en una jornada de 8 horas ganar lo suficiente para que él y su familia tengan una vivienda digna, una alimentación digna, una salud digna, una educación digna, una recreación digna, es decir, el Estado a través de sus leyes debe garantizar una vida y una muerte digna y no una pensión para no morir de hambre.

Como bien afirma López Obrador la inseguridad, la violencia y la injusticia hacen imposible la paz, pero la paz no es la ausencia de conflicto, el conflicto es necesario para el crecimiento y la evolución humana; todas las especies cuando el medio es favorable se reproducen, cuando es desfavorable dejan de multiplicarse, evolucionan o mueren, así es que los humanos necesitamos el conflicto pero no la violencia, no la inseguridad, porque la injusticia no sólo provoca indignación (ver que no hay dignidad) sino y mucho más importante, aniquila la esperanza.

Lo primero que podemos observar es que en la práctica se confunde seguridad con defensa, por lo que las acciones en torno a la seguridad en México son encaminadas a defender a las instituciones y a la economía; y la seguridad como lo hemos planteado, no tiene otra definición que no sea la de cuidar la vida, pero la seguridad no es sólo una tarea del Estado contrario a lo que pueda pensar, la seguridad es una tarea colectiva, dejar la seguridad en manos del Estado es dejar de ser responsable de la vida. Como tarea colectiva, lo que le corresponde al Estado es generar las normas, las condiciones para que los individuos y los colectivos humanos asuman su seguridad como un bien propio, que sean los responsables de defender su vida y la de sus seres queridos, la de su comunidad y la de su nación, el pequeño problema de este concepto de seguridad es que las personas y las comunidades se empoderarían y le quitarían la posibilidad también al Estado de someterlos, por lo que el concepto de seguridad humana concebido en 1994 desde la Organización de las Naciones Unidas (ONU) incorpora resguardos que protejan al ser humano de abusos por parte también del Estado y la misma ONU autoriza el uso de la fuerza a los pueblos para responder a una agresión en legítima defensa aun del Estado.

En México, el concepto de seguridad humana debiera estar garantizado porque en su Constitución Política en el capítulo primero, De los Derechos Humanos y sus Garantías integrado por 29 artículos que están encaminados a garantizar el desarrollo humano que si concentraran los esfuerzos legislativos en generar una batería de leyes secundarias fundamentadas en esos primeros 29 artículos orientada a garantizar la justica social, no tendríamos a las mafias apoderándose de nuestro jóvenes, ni a los militares en las calles secuestrando nuestra tranquilidad, ni el Presidente tendría que estar promoviendo pensiones o becas para aparezcan en una constitución que nadie respeta.

El concepto de seguridad humana ofrece, por tanto, nuevas respuestas a las siguientes preguntas:

  • ¿Seguridad para quién? –Para las personas.
  • ¿Seguridad frente a qué? -No solo frente a la violencia física, sino también frente a la degradación medioambiental, la inseguridad económica, alimentaria, comunitaria y política.
  • ¿Seguridad a través de qué medios?- A través de la creación de leyes que regulen la equidad en todos los ámbitos humanos, comenzando con la equidad en la ganancia, el desarrollo y las condiciones sociales, políticas y ecológicas con políticas públicas que garanticen el buen vivir de todos los vivos.
  • ¿Cómo proteger la vida en tanto el proceso de seguridad permea en todos los ámbitos humanos? –A través de la organización ciudadana, comenzando con un programa de integración social orientada a recodificar las relaciones comunitarias en cada calle, barrio o comunidad que permita que se conozcan, para que aprendan a cuidarse en colectivo, con instrumentos de autodefensa disuasiva y física en caso de agresión directa.

Todos los ciudadanos sabemos quiénes son los delincuentes, en dónde están y a qué se dedican, pero no denunciamos porque no hay a quién denunciar, las fuerzas públicas están coludidas con los grupos delincuenciales y el sistema judicial es corrupto hasta sus raíces.

  • ¿Qué hacer con la fuerza pública? -Por el alto grado de corrupción, las policías de la federación, los estados y los municipios, todas, deben desintegrase, paulatinamente al mismo ritmo que se integran nuevos elementos con una ética diferente, incorporando a los desintegrados a un programa obligatorio de rehabilitación humana, a través de actividades de beneficio comunitario, para evitar que sigan delinquiendo. Se deben garantizar los 300 policías por cada 100 mil habitantes que recomienda la ONU, México necesita mínimo 360 mil policías (no corruptos) que se encuentren físicamente y estén integrados en las comunidades y barrios como enlace de un nuevo Sistema Nacional de Seguridad y Protección Civil para una rápida y adecuada respuesta ante cualquier evento.
  • ¿Qué hacer con el crimen organizado? –Se necesita un grupo de élite muy especializado, que se aboque única y exclusivamente a erradicarlos, eliminando su acceso a armas de alto poder, sus fuentes de financiamiento, cerrar sus rutas de comercio y aplicar la cero tolerancia maximizando las penas para cualquiera que ayude a sus actividades. Se necesita legalizar ya la producción y el consumo de las drogas naturales regulándolas con las limitaciones que tiene el alcohol y el tabaco actualmente.
  • ¿Qué hacer con las fuerzas armadas? –Como sucede en todo gobierno democrático, no deben coexistir con los ciudadanos civiles si el país no está en guerra, no es sano para ninguna democracia que el ejército tenga tanto poder, así que en tiempo de paz debe ocuparse de sembrar la tierra y de piscicultivos para lograr la autosuficiencia alimentaria y otras tareas de carácter comunitario y ayudar en caso de desastres pero siempre sin portar armas de fuego.

La seguridad humana está ligada directamente al desarrollo humano, entendido no como el crecimiento macroeconómico sino como la ampliación de capacidades y libertades de las personas. Estas libertades en México se ven ahora seriamente amenazadas por la necesidad patológica del gobierno estadunidense de intervenir otras naciones y está buscando el mínimo pretexto para enviar su ejército ahora bajo el pretexto de “ayudar” a erradicar al narcotráfico. Lo primero que debemos entender es que al gobierno gringo no le interesa erradicar el narcotráfico sino controlarlo, como lo ha demostrado durante decenas de años, así como controlar el petróleo, la energía y el arsenal nuclear del mundo, es un error el que el Gobierno de México a través de las Secretaría de Relaciones Exteriores y promovido por los intereses personales de Marcelo Ebrard invite al Buró Federal de Investigación (FBI) para que ayude a combatir a la delincuencia en México; si México necesita un Buró Federal de Investigación debe crearlo, pero invitar a la principal potencia militar e intervencionista del mundo es reconocer la incapacidad del Estado, ceder el territorio, la seguridad y parte del gobierno a una nación extranjera. A raíz de la actitud complaciente de AMLO para con Trump por evitar cualquier tipo de confrontación, pudiera pensar el gobierno de Estados Unidos que le sería fácil someter al gobierno y al pueblo de México a su absoluta voluntad, por lo que es urgente retomar la experiencia del pueblo cubano, que para evitar al intervención norteamericana habilitó a cada ciudadano cubano como miliciano, con la intención de que si se intervenía con toda la fuerza de la que es capaz Estados Unidos se viera en la necesidad de aniquilar una nación entera, pero no sólo por la posibilidad de una intervención extrajera, si vemos lo que sucede en Bolivia en este momento, en donde los empresarios, lo medios de comunicación, la policía y la élite del ejército están tomado el poder por la fuerza a través de un Golpe de Estado sin tener el respaldo de la mayoría del pueblo, así que si queremos que sea realmente el pueblo el que gobierne no puede estar en total indefensión de la derecha fascista. Pero el respeto real a la autonomía de una nación se consigue siendo autónomos; necesitamos producir 100% de lo que consumimos para no ser sometidos por necesidad.

Debemos entender que como todo, la seguridad ahora es un problema global, los criminales no se restringen a una nación y los espacios virtuales son universales por lo que es necesario que la seguridad cooperativa se dé con todas la naciones del mundo. La misma ONU recomendó nuevamente esta semana al gobierno de México desmilitarizar a la Guardia Nacional.

Es mucho lo que se me queda en el tintero (o el teclado) sobre seguridad por lo extenso que es el tema, pero este es un simple artículo de opinión, pero por lo que sucede y sigue sucediendo en México, es fundamental entender que es necesario cambiar la estrategia en seguridad, los dueños del dinero tienen recursos para garantizar la seguridad de sus ganancias, el gobierno norteamericano debe enfrentar su problema de migración, la obligación en todo caso de México es controlar sus fronteras para que todo aquel que ingrese lo haga por las vías legales, y eso es responsabilidad del Instituto Nacional de Migración que deberá depurarse de los agentes delincuentes que lo integran actualmente y deberá crecer lo necesario para afronta su tarea especializada, y bajo ninguna circunstancia puede impedir que una persona abandone el país si así lo desea –no somos una cárcel–. Pero ni la Guardia Nacional, ni el ejército, ni la policía deben hacer funciones migratorias y menos a costa de descuidar la seguridad humana de los mexicanos.

2019 está cerrando como el año más violento en México desde la Revolución, así que si queremos disminuir el índice delictivo y los asesinatos urge cambiar la estrategia y ocuparnos de la seguridad de las personas y no de los intereses económicos de gobiernos extranjeros ni de privilegiados nacionales.

La vida (y su seguridad) es una construcción consciente.
Iván Uranga
@CompaRevolucion
iuranga@cnpm.mx

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