Realismo mágico, leyes de la dialéctica y derecha política mexicana. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Imagen ilustrativa. Foto: Tercero Díaz/Cuartoscuro.

Por: Ivonne Acuña Murillo

Se dice que México es el país donde sentó sus reales el realismo mágico. Se sostiene también que existen leyes mexicanas de la dialéctica: primera, “pasa todo y no pasa nada”; segunda, “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”; tercera, “nada se acaba hasta que se acaba”. Hay quienes incluso afirman la existencia de una cuarta: “los de adelante corren mucho y los de atrás se quedarán”. Como remate, se ha dicho que sólo aplican a la derecha política. Habrá que revisar la evidencia para afirmar o negar tales dichos.

Cuestión de método. Antes de acometer semejante empresa conviene puntualizar qué es el “realismo mágico”. En principio, es un estilo literario en el que se mezclan realidad y fantasía con la intención de penetrar en la profundidad de la primera y descubrir sus misterios ocultos. Es un tipo de literatura en la que lo natural y lo sobrenatural interactúan de manera simultánea. A decir de Camila Villate Rodríguez conlleva: “una preocupación estilística y el interés en mostrar lo común y cotidiano como algo irreal o extraño” (Realismo Mágico latinoamericano, aproximaciones a su influencia en el periodismo de Héctor Rojas Herazo y Gabriel García Márquez. Bogotá, Colombia. 2000, p. 18). Baste con retener la imagen en la que se fusionan realidad y fantasía para entrar en un terreno menos explorado, el de la política.

Sí, escuchó usted bien, la política. ¿Por qué no podrían nuestros políticos y políticas ser tan creativos como Juan Rulfo, Elena Garro o Gabriel García Márquez y hacer votar a los muertos, recordar lo que no ha pasado o anunciar la muerte de un régimen que apenas ha nacido? Faltaba más, talento hay y para muestra algunos botones.

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Pero, antes de que los botones hagan su aparición hay que volver al método para explicar brevemente que son las “leyes de la dialéctica”. En términos filosóficos, son aquellas que permiten explicar el movimiento y transformación de la materia, en nuestro caso, de la historia política. En palabras hegeliano-marxistas, dichas leyes remiten al método, otro, que permite entender el dinamismo de la realidad. En buen cristiano, permiten comprender y analizar los cambios que se suceden a lo largo del tiempo en la historia humana, sus antecedentes, lógica y resultados en función de condiciones de posibilidad ya dadas. “Lo necesario de darse” dirían Hegel y Marx o, en español mexicano, “si la vida te da limones, haz limonada”.

Ahora sí, los botones. El primero que viene a mi memoria reciente, pues no pienso escarbar en los viejos baúles de la época priista clásica o panista tardía, por eso de que se “tardaron” mucho en ser gobierno, es el de Margarita Ester Zavala Gómez del Campo y su interés por ser la primera mujer presidenta de México.

Ella se ajusta muy bien a la primera ley de la dialéctica mexicana que reza: “pasa todo y no pasa nada”. O cómo se podría explicar que la señora pretenda ser presidenta de la República ignorando el legado de sangre dejado por su esposo Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, que hasta mayo de 2021 sumaba 350,000 personas asesinadas y más de 72 mil desaparecidas de acuerdo con cifras oficiales (José Luis Pardo Veiras e Íñigo Arredondo, “Una guerra inventada y 350,000 muertos en México”, The Washington Post, 14 de junio 2021). Como suele ocurrir no existen cifras exactas, para el “Movimiento por Nuestros Desparecidos en México” el número de personas desaparecidas, hacia el 30 de agosto de este año, ascendía a 90 mil, 34 personas (https://movndmx.org/comunicado-hay-mas-de-90-mil-personas-desaparecidas-en-mexico-nosotrxs-les-buscamos-el-estado-donde-esta/); dos semanas después, Samantha Anaya, en su texto “Hasta encontrarlos” publicado el 14 de septiembre por ZonaDocs, Periodismo en Resistencia, Plataforma Ciudadana de Fosas, reportó que el número ascendía a 91 mil 695 personas, cuyas edades iban de 0 a 80 años. Consignó igualmente la existencia de, al menos, 2 mil 357 fosas clandestinas de acuerdo con datos de 22 fiscalías locales y de la Fiscalía General de la República.

Por si esto no bastara, habrá que recordar a los 49 niñas y niños muertos calcinados en la “Guardería ABC” de Hermosillo, Sonora, a la cual se permitió operar como guardería subrogada y recibir recursos e infantes provenientes del sector público, propiedad de su prima Marcia Matilde Gómez del Campo y que en enero de 2012 fue exonerada de toda responsabilidad; a los 15 adolescentes asesinados por presuntos narcotraficantes, en enero de 2010 en Villas de Salvárcar, Ciudad Juárez, y a los 2 estudiantes del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, Nuevo León asesinados por miembros del Ejército Mexicano, en marzo del mismo año, y cuya memoria se pretendió ensuciar acusándolos, en ambos casos, de provocar su propia muerte al tener nexos con la delincuencia organizada, muertes sin sentido a las que se suman un sinfín de dolorosos etcéteras.

Como puede observarse, el expresidente sigue su vida y ambiciones políticas como si nada hubiera pasado y, en el colmo del cinismo y la necedad por seguir haciendo política, ha impulsado a su esposa Margarita quien se desempeña hoy como diputada federal por la LXV Legislatura (2021-2024) y que muy probablemente volverá a intentar ser candidata a la presidencia de la República.

El realismo mágico emerge ante la clara evidencia de que Zavala no tiene la capacidad para desempeñarse en un cargo de tal envergadura y que la fantasía tejida por su marido y sus esfuerzos continuados por ignorar la realidad y sembrar en la mente (que supone frágil) de millones de posibles votantes a una Margarita presidenta de la República, no tiene sustento. Imagínela usted por un momento, ya como primera mandataria, dando un discurso en la Organización de Naciones Unidas (ONU) o en reunión trilateral con Joe Biden, presidente de Estados Unidos, y Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, siguiendo la misma lógica de aquellas palabras pronunciadas el 11 de noviembre, en el marco de la discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación, que hizo las delicias de quien procura no tomarse muy en serio a la política:

“Estamos en contra y voy a empezar, el partido Acción Nacional va en contra, y voy a empezar, digamos que de la última parte. Todos recibimos una modificación y un dictamen, me parece que además con corto tiempo, que parte, que hace unas reducciones y unas ampliaciones. Nosotros no estamos ni de acuerdo con todas las reducciones ni con todas las ampliaciones”.

¿Usted le entendió? Si esta mujer no viviera de nuestros impuestos y si su marido no hubiera vestido de luto a este país, alegremente me tiraría al suelo a carcajearme, pero prefiero preguntar: ¿Qué clase de limonada se haría con estos limones?

El segundo botón lo proporciona otro panista para quien muy bien se aplica la segunda ley de la dialéctica mexicana: “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. Ni más ni menos que Ricardo Anaya Cortés, mejor conocido en el bajo mundo de la política como “Chicken Little”, no sé si por los lentes, el color de las plumas, su físico o sus fantasías presidenciales y su deseo de salvar a México de un cielo que ve caerse a pedazos. El punto es que este personaje se presenta como si fuera una cosa siendo otra. En su realidad, la ficticia, él es un político honesto, recto, honrado y leal; sin embargo, en la otra realidad, la real, es más bien percibido como un traidor (pregúntenle a la misma Margarita, a Calderón o a Enrique Peña Nieto, por mencionar a algunos), un corrupto (basta recordar las acusaciones de enriquecimiento ilícito y lavado de dinero por no vivir de acuerdo con sus ingresos, y de recibir sobornos por 6 millones, 800 mil pesos provenientes de la constructora Odebrecht para aprobar la Reforma Energética de Peña Nieto, entre 2013 y 2014) y un creador de cuentos que se inventa persecuciones donde no las hay, enemigos que no le conceden esa calidad, dado su pequeño papel en la política mexicana, y posibilidades de ocupar la silla presidencial, elementos que bien podrían formar parte del guion de una película en la que se combinen realidad y fantasía, doblada tanto al inglés como al francés, para que el protagonista principal se luzca en varios idiomas.

No podría faltar su campaña para recorrer todo el país, tal como lo hiciera el actual presidente de la República Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a quien ha buscado emular en más de una ocasión, en la que se mezclan realidad y fantasía. La primera, aquella que viven a quienes se acercó para compartir una frugal cena, una humilde habitación, un viaje en combi y metro. La segunda, la que el mismo sembró en su mente para tratar de manipular las emociones y persuadir a las personas, cuya vida precaria transcurre entre la incertidumbre y el esfuerzo cotidiano, de que es igual a ellas, más aún de que se ocupará de mejorar sus condiciones de vida una vez llegue a la presidencia en 2024, porque, y aquí la tercera ley de la dialéctica mexicana “nada se acaba hasta que se acaba”. ¿A qué sabrá una limonada degustada en varios idiomas?

El tercer botón ha sido reservado para el empresario Claudio X. González, que parece ser un buen ejemplo de la cuarta ley de la dialéctica mexicana, que se parece mucho al estribillo de un canto infantil, pero no lo es: “los de adelante corren mucho y los de atrás se quedarán”, mismo que bien podría ser su lema de vida pues siempre ha estado situado adelante, lo que le ha permitido fácilmente dejar atrás a los de atrás, entiéndase los menos privilegiados que él en materia económica y de relaciones sociales y políticas. Pero, no se piense que todo le ha sido dado en el penthouse de la realidad que habita. Él ha puesto de su parte para construir un mundo de fantasía donde se ve a sí mismo como un “luchador de izquierda”. Sí, de izquierda. No se sabe, si de la izquierda que está a la izquierda de la derecha, de la izquierda de la que forman parte el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el casi extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuyo pensamiento y proyecto de izquierda se mudaron al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) cuando AMLO les abandonó y desfondó o si esa izquierda de la que habla se ubica en la parte izquierda de su fantasiosa mente. Lo cierto es que a decir de él mismo:

“Soy un hombre de centro, de centro progresista se puede decir […] Más de izquierda que de derecha […] yo creo en la necesidad de atender la salud pública, la educación, la seguridad, […] Yo creo en esa cultura del esfuerzo […] El presidente es populista y yo, ciertamente no soy populista. Yo creo en una política de centroizquierda”.

Dicen quienes atendieron estas declaraciones de primera mano, que de pronto se escucharon fanfarrias muy a lo lejos, como si vinieran del Cielo, por eso había que dejar a Claudio X. al final como el culmen del realismo mágico en el que se confunden la realidad y la fantasía. O ¿acaso podría usted tomar en serio semejantes declaraciones si no las leyera en un texto de Rulfo, Garro o García Márquez?

A lo mejor falta imaginación para ver al señor “X” sufriendo por décadas pensando en los pobres de su país. En sus largas noches de insomnio buscando la manera de hacer fructificar su fortuna en favor de quienes no ganan lo suficiente para cubrir las necesidades de su familia. En sus conocidos intentos por llevar a la presidencia a quien sí tenga en mente los problemas nacionales y no la intención de recuperar sus privilegios. En sus prolongados sufrimientos por mostrarse no como un populista, al estilo AMLO, sino como un reconocido demócrata de centroizquierda. En su “esforzada vida” superando carencias hasta formar parte de una “minoría no rapaz”, sino de la izquierda empresarial mexicana cuyo lema es y ha sido siempre: “por el bien de todos, primero nosotros”. ¿Será acaso que una limonada con aspartame en lugar de azúcar tendrá el mismo dulce sabor?

No bien terminé de escribir este artículo, me llegó un e-mail del otro mundo firmado por…, sí adivinó, Rulfo, Garro y García Márquez, pidiéndome ceder los derechos de este texto para distribuirlo allá donde habitan, pues personajes tan acabados como los aquí relatados no son fáciles de crear. Pensará que miento pero, para su sorpresa y la mía, también me escribieron Salvador Dalí y Remedios Varo, pintores surrealistas (acuso recibo de que “surrealismo” y “realismo mágico” no son lo mismo), cuya creativa imaginación ha sido superada por los sueños irracionales de Zavala, Anaya y “X”, quienes pretenden vender (como buenos capitalistas) a mexicanos y mexicanas un mundo que no existe más que, diría el poeta Salvador Mirón, en los delirios de su mente loca que no logra separar realidad de fantasía ni comprender que la historia así no se mueve. Que los muertos ya no votan, que no se puede recordar lo que no ha pasado y que no pueden destruir un régimen que apenas ha nacido y va sembrando su simiente.

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Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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