Que devuelvan lo que se embolsaron. Autor: Ignacio Betancourt

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Qué podría esperar el ciudadano después de décadas, de siglos de avasallamiento, de raterías sin fin de funcionarios demagogos ostentando el “prestigio” de sus robos ante la población. Resulta suficiente con pensar en las últimas décadas de los latrocinios empresariales, por ejemplo, a nueve grandes empresas durante este año se les permitió dejar de pagar 81 mil millones de pesos en impuestos.

La manera como grandes empresarios y políticos se ostentaron con inimaginables lujos a costillas de la miseria de millones de compatriotas (los mismos empobrecidos que se afanaran inútilmente en conseguir algo de recursos). Y no pensemos en la delincuencia que de un día para otro puede nadar en millones dólares, por supuesto, siempre de acuerdo con los gobernantes.

Qué puede esperarse de un pueblo sometido a las mayores infamias y podría decirse casi acostumbrado a que lo opriman, porque habrá de señalarse que tantos malos tratos acostumbran a los oprimidos a sentir como algo natural que los depredadores de la población se ensañen contra ellos. Los oprimidos llegan a imaginar que los dioses así lo disponen, curiosamente tales dioses siempre han estado al lado de los depredadores. O cómo entender la naturalidad con la que nos enteramos que México, entre 180 países de todo el mundo ocupa el lugar número 135 de entre los más corruptos. Es decir: si se nace miserable, debe quedar muy claro que se morirá miserable, pues eso es lo que se les hace pensar a las mayorías adecuadamente entrenadas para la credulidad, y quien no lo acepte resulta un subversivo irredimible, casi casi, enemigo inaceptable para cualquier “prianismo”, lo cual según los depredadores es incorrecto en todo ciudadano honorable.

Sin embargo, no está descartado que en esta llamada “Cuarta Transformación” (un cambio cultural, no sólo político) por lo menos se recupere algo de los recursos sustraídos, miles y miles de millones de pesos con los que centenas de funcionarios fomentaron su “honorabilidad” y sus dispendios dizque a nombre de sus representados. La ostentación de sus impunidades no deben permanecer a buen resguardo bajo ninguna circunstancia, sus descarados robos y sus ofensas a la población no pueden quedar sin reprensión, por lo menos deberá obligárseles a devolver lo que se embolsaron. Para ello se requiere una Fiscalía verdaderamente independiente y autónoma. José Octavio López Presa miembro del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción afirma: “Si queremos ser efectivos en el combate a la corrupción, quienes delincan no deben tener dudas de que será procesados y sentenciados, pero definitivamente esto estaría incompleto si no se considera que lo que se robaron tiene que recuperarse.”

Si esto así no ocurriese el cinismo de priistas como Claudia Ruiz Massieu seguirá viento en popa, como cuando declara: “que vayan por los corruptos, porque la justicia no puede estar condicionada a la voluntad de una persona.” ¿Habrá mayor desvergüenza? O igual con las declaraciones de otro cínico priista llamado Miguel Ángel Osorio Chong, quien sin el menor rubor se atreve a afirmar que los priistas colaborarán: “siempre y cuando existan acciones viables, que estén dentro del marco del derecho, que no corrompan ni alteren el marco constitucional.” La misma Constitución que personajes como él no han dejado de violar sistemáticamente con eficaz discreción.

Ha llegado el tiempo en que los mentirosos sean denunciados hasta por sus propias mentiras. Esto es un cambio cultural (es decir, de todo) no únicamente político.

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