Por qué no apoyo a FRENA y por qué sostengo que es un grupo antidemocrático. Autor: Venus Rey Jr.

Foto: Xinhua

El sábado 3 de octubre, FRENA (Frente Nacional Anti-Amlo) convocó a una manifestación en el zócalo. Para cerciorarse del número de participantes, los organizadores entregaron números de papel a cada persona. De acuerdo con el líder de este movimiento, Gilberto Lozano, se agotaron los 153 mil números que tenían, así que, tomándole la palabra al presidente López Obrador en el sentido de que a la primera manifestación en su contra de más de 100 mil personas se iría, FRENA exigió su renuncia.

Asistir a una convocatoria de este grupo es como asistir a un llamado de Mussolini, Franco, Videla o Pinochet. Mucha gente no lo sabe, pero igual va. Decenas de conocidos míos que no son de extrema derecha –es más, que ni siquiera son católicos–, acudieron de buena fe, movidos únicamente por su animadversión a López Obrador, sin advertir que FRENA es un grupo antidemocrático, fascista, misógino, anti-feminista, intransigente, intolerante y, me atrevería decir, anti-semita: la encarnación de todo lo que no debería existir en una democracia.

FRENA es un grupo ultra-católico que se hace acompañar de sacerdotes para confesar a sus participantes, que reza rosarios y grita vítores a Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe; y como todo lo que es ultra, termina siendo un bodrio: la ultraderecha es tan abusiva e intransigente como la extrema izquierda.

No critico que los simpatizantes de este grupo expresen sus creencias religiosas y practiquen sus ritos públicamente. Estamos en un país libre y tanto los ultra-católicos como todos los religiosos, incluidos los satánicos, tienen exactamente el mismo derecho y las mismas limitaciones para ejercer con libertad sus credos y rezar a cualesquiera deidades que adoren. Tienen derecho a creer que las deidades que adoran existen y que los protegen, que les pueden conceder favores y obrar milagros si les rezan, pero francamente no creo que vayan a funcionar las cadenas de oración ni los rosarios públicos para que salga anticipadamente el presidente López Obrador.

¿Qué busca FRENA y por qué es antidemocrático?

Según ellos –y se puede apreciar en su sitio web–, el Foro de São Paulo, organización que aglutina a los partidos socialistas de América Latina, incluidos Morena y PT, tiene el malévolo plan de instaurar el comunismo en la región. México es una pieza fundamental en este proceso, y así lo ha expresado un ideólogo morenista radical –y por lo mismo trasnochado, nostálgico y anquilosado–, Héctor Díaz Polanco, y otros personajes importantes como Yeidckol Polevnsky, Gerardo Fernández Noroña y Dolores Padierna. Si de veras se hiciera realidad el plan del Foro de São Paulo, la pobre Yeidckol ya no podría adquirir en México los muy lujosos y caros artículos de Carolina Herrera que tanto ama; tendría que ir a New York o a París. Pero no debe Yeidckol preocuparse por sus bolsas ni los de FRENA por el advenimiento del comunismo, porque el Foro de São Paulo no tiene posibilidades de realizar sus planes en México. Siento desilusionar a los que pensaban que sí, entre ellos FRENA y los nostálgicos de la izquierda radical, pero eso no va a suceder.

Para los híper-católicos es peor un solo comunista que Lucifer, Mammon, Asmodeo, Ammon, Belcebú, Leviatán y Belfegor juntos (los demonios tutelares de los pecados mortales). Para el fascismo es peor el comunismo que Satanás. La Segunda Guerra Mundial debe entenderse como el gran choque entre el fascismo y el comunismo, lo mismo la Guerra Civil Española, que fue su laboratorio y preámbulo. De ahí que FRENA, pensando que López Obrador es comunista, lo vea como el demonio y tenga como único objetivo sacarlo del poder a más tardar el 30 de noviembre de este año (el lema del grupo es “Amlo se va”), para que de esa forma se convoque a una nueva elección presidencial con un candidato arropado por todos los partidos de oposición, y cito: «como deseo único del pueblo de México.»

Todos los extremos se tocan: FRENA cree que es deseo único del pueblo de México que el lopezobradorismo acabe, y los lopezobradoristas más radicales piensan que el deseo único del pueblo de México es que López Obrador gobierne cien años. Esto muestra lo estúpido de ambas posturas, pero ni uno ni otro bando lo pueden ver en sí mismos, sino sólo en el odiado adversario.

Queda claro por qué este grupo es antidemocrático. López Obrador es el presidente constitucional de este país, fue electo para un periodo que terminará el 30 de septiembre de 2024 y goza de apoyo popular mayoritario, según revelan las encuestas más serias, algunas incluso sostienen, como Parametría, que si la votación para elegir presidente se repitiera hoy (mismos actores: AMLO, Anaya, Meade y el Bronco), el tabasqueño ganaría con mayor margen. Esto es imposible de creer para quienes desprecian al presidente y en su ceguera proyectan su animadversión de manera que creen que todo México lo desprecia.

Pero no nos ceguemos, pues si bien el gobierno de López Obrador goza de respaldo popular, eso no se traduce en que sea un gran gobierno. Los números revelan que hay al menos tres áreas en las que el presidente no ha dado buenos resultados: economía (en abril prometió que para fin de año crearía 2 millones de empleos, cosa que no va a suceder), seguridad pública (los números del homicidio doloso y del feminicidio son peores que en los peores momentos de Peña y Calderón) y salud (más de 80 mil muertos por Covid19, número uno mundial en personal médico fallecido por este virus, incapacidad logística en hospitales e imposibilidad de proveer medicamentos suficientes a los pacientes con cáncer y otros padecimientos). En un mundo donde todo es rosa y bonito, los lopezobradoristas más ingenuos creen que todo esto son mentiras de los neoliberales, pero los datos que sustentan estas afirmaciones son del propio gobierno federal.

Y como no es un gran gobierno el de AMLO, claro que hay descontento. 40% o 45% de personas que reprueban al presidente pueden parecer poca cosa a los AMLovers, pero estamos hablando de casi 60 millones de mexicanos. Empero, debemos conducirnos bajo la ley y los procesos democráticos. Todos los inconformes tendrán oportunidad de votar en 2021 por partidos diferentes a Morena, y así podrían arrebatar al presidente el control que ahora tiene del Congreso federal. Sin ese control, sanseacabó la cuarta transformación. Aun si Morena y aliados volvieran a ganar en 2021, los que reprueban a López Obrador tendrán la oportunidad de revocar su mandato en 2022. Y aún si no lo lograran, podrían en 2024 votar por un candidato no oficialista a la presidencia. Si vuelven a perder, pues habrá que acostumbrarse a la derrota.

Hay muchos mecanismos para manifestar descontento; lo que no se vale es querer a toda costa la dimisión anticipada y a la mala del presidente sólo porque se le odia o porque se le teme. Ese no es el espíritu de la democracia. Se dirá que AMLO hizo lo mismo, pero aun cuando fuera cierto –en mi opinión había razones para que AMLO exigiera la renuncia de Calderón y existieron indicios de que la campaña de Peña Nieto había sido alimentada ilegalmente con dinero de Obedrecht–; es más, supongamos, sin conceder, que fuera cierto que AMLO actuó contra la democracia, eso no desvirtuaría que la actitud de FRENA es contraria al espíritu de la democracia, dejando a salvo, por supuesto, el derecho que tienen de protestar, organizarse y manifestarse en contra de quien ellos consideran el peor presidente de la historia nacional.

Sí hay izquierda radical en Morena, y si por ellos fuera implementarían el comunismo en México. Pero esos izquierdistas radicales no son el grupo dominante. Domina el dinero: Alfonso Romo, los empresarios afines al régimen, Grupo México, la suculenta y lucrativa agroindustria, los grandes proyectos de infraestructura en los que participaran, no usted ni yo, sino los más millonarios contratistas, los consentidos de la 4T; y domina la geopolítica: nuestra relación con Estados Unidos, el TEMEC. López Obrador apuesta a este tratado la recuperación económica de México. La geopolítica nos muestra que México nunca será un país comunista, simplemente porque tiene más de 3 mil kilómetros de frontera con Estados Unidos. Siento quebrar las ilusiones de quienes albergaban la esperanza de un paraíso comunista al sur del “Rio Grande” (pronúnciese rio grand, con una “r” muy diluida y suave, y una “a” muy abierta).

Y para terminar, me preocupa que gente de buena voluntad que no tiene ideas extremas acuda a un llamado fascista: esa es la desesperación que provoca la falta de liderazgos en la oposición. Quienes están inconformes con López Obrador precisan urgentemente de un líder que los unifique y que ponga en evidencia de manera inteligente y efectiva las deficiencias y errores del gobierno, pero de ninguna manera puede ser Gilberto Lozano y su FRENA. ¿Quién podría ser? Como dice Sócrates a manera de estribillo en los diálogos de Platón: “eso sólo los dioses lo saben”.

Venus Rey Jr.
Venus Rey Jr.

Compositor de música sinfónica, escritor, ensayista y académico. Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Filosofía por la Universidad Anáhuac. Su obra musical ha sido presentada en Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, Ucrania, Austria, Argentina, Perú y México. Ha grabado diez discos de sus composiciones y publicado dos libros de narrativa, tres volúmenes de poesía y diversos ensayos jurídicos y filosóficos en revistas especializadas de la Universidad Iberoamericana, el ITAM y la Universidad Anáhuac. Es colaborador de Grupo Fórmula. Escribe en el diario El Economista y en las plataformas digitales de los periodistas Eduardo Ruiz Healy y Julio Hernández “Astillero”.

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