Política feminista/ El aniversario del derecho al voto de las mujeres y el pensamiento de los legisladores. Autora: Aleida Hernández Cervantes

El proceso de ciudadanización de las mujeres implica más que el derecho a votar y ser votadas, pero sigue siendo el derecho fundamental para que sean consideradas sujetas políticas plenas y legitimadas para intervenir en los asuntos de interés público. En México, el próximo 17 de octubre se cumplen 63 años de que fue aprobada la reforma constitucional, que otorgó el derecho al voto a las mujeres a nivel federal.

El proceso de reconocimiento formal de este derecho, fue paulatino: primero en algunas entidades de la república. El estado de Yucatán (1920) fue la primera entidad que reconoció el voto de las mujeres, después siguieron Puebla (1920), San Luis Potosí (1924), Chiapas y Tabasco (1925). En diciembre de 1947 durante la presidencia de Miguel Alemán, se reconoció el derecho a votar y ser votadas a nivel municipal, al aprobarse la reforma en la Cámara de Diputados al artículo 115 de la Constitución, que regula la organización política administrativa de los municipios.

Cinco años después, durante la presidencia de Adolfo Ruiz Cortines, el 17 de octubre de 1953 se publica en el Diario Oficial de la Federación la reforma al artículo 34 de la Constitución, reconociéndose a nivel federal el derecho de ciudadanía a las mujeres mexicanas.

Tanto en el dictamen presentado por la Cámara de Origen, como en los discursos de los oradores que subieron a tribuna a exponer sus planteamientos sobre el contenido de la reforma, se pueden apreciar que las razones y motivaciones de los legisladores se conformaban tanto de argumentos en torno al reconocimiento de las mujeres como sujetas políticas, así como la referencia a una serie de estereotipos que asocian a las mujeres con la maternidad, la feminidad y el cuidado de la familia. Se colaba el olor a tradición, a reticencia a dejar de lado las ideas que asocian a las mujeres a ser las “guardianas” exclusivas de la familia. El dictamen de la reforma decía en una parte: “se reconoce la efectiva, generosa y desinteresada colaboración de la mujer mexicana, como auxiliar del hombre en sus empresas y como sostén de los principios morales de la familia mexicana; reconociendo la iniciativa en cuestión el nivel cultural, político y económico adquirido por la mujer, similar al que tiene el hombre, lo que permite admitir conscientemente la capacidad femenina para participar en forma activa y eficaz en la integración del régimen democrático mexicano; con base en las opiniones y manifestaciones notoriamente favorables de los sectores sociales del país, que ponen de manifiesto la existencia de un ambiente favorable para reconocer en la mujer los mismos derechos políticos que a la fecha se reconocen al hombre”[i].

Por su lado, los diputados no se quedaban atrás en esta mirada ambivalente hacia las mujeres, entre estar “convencidos” de que ya estaban listas para ejercer el derecho al voto y exigirles por otro lado, que no dejaran de ser “femeninas”. En su discurso el diputado Francisco Chávez dijo queLa mujer tiene igualdad esencial con nosotros; hombres y mujeres somos iguales; en la esencia, no hay distinción en lo fundamental, en lo esencial del hombre y la mujer. Las diferencias, acusadas características que el sexo impone, habremos de conservarlas, porque hemos de decirle también a la mujer aquí, con toda la responsabilidad de que somos capaces, con toda la responsabilidad de que sabemos capaz a la mujer, que no queremos los mexicanos ni marisabidillas ni marimachos, sino mujeres femeninas peleando con el hombre por la justicia y la libertad de México. (Aplausos de un grupo de las galerías)”[ii].

Y sí, tal como se señala en la frase textual retomada del Diario de Debates del Congreso de la Unión, arrancó aplausos encendidos esa última parte de su discurso, en la que le hace un llamado a las mujeres a seguir siendo femeninas, como si el ejercicio de decidir sobre los asuntos públicos estuviese relacionado con el maquillaje usado por una persona.

Así pues las sufragistas en nuestro país –como en la mayoría–, como nos dice Alicia Miyares no sólo se vieron obligadas a combatir una inercia política que las mantenía a distancia de la vida pública, sino que tuvieron que luchar contra la imagen de la naturalización de las mujeres que las relegaba, sin mediación, a la esfera del hogar y el cuidado de los hijos, y también las confinaban al ámbito privado de sus vidas.

Lo que nos muestran estas referencias sobre el pensamiento de los hombres del poder, ya fueran gobernantes o legisladores, es que el derecho contiene y expresa un orden social de género. El derecho no es neutro, por mucho tiempo ha tenido una mirada de género en la que prevalece la mirada de los hombres respecto de las mujeres, impregnada de prejuicios y estereotipos, que las colocan en un lugar subordinado, sin embargo, gracias a las luchas feministas el derecho ha sido intervenido. Y para bien.


[i] Diario Oficial de la Federación, Índice del Proceso Legislativo Correspondiente a la Reforma Publicada en el Diario Oficial de la Federación el 17 de octubre de 1953, Poder Judicial de la Federación, México, 2017

Sitio web: http://www.constitucion1917-2017.pjf.gob.mx.

[ii] Senado de la República, Legislatura XLII – Año II – Período Ordinario – Fecha 19531001 – Número de Diario: 10, Diario de los debates, México, 1953 Sitio Web: http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/42/2do/Ord/19531001.html

Aleida Hernández
Aleida Hernández

Profesora e investigadora de la UNAM, ha escrito diversos libros y artículos sobre derecho, seguridad social, trabajo, despojo, luchas sociales y derechos de las mujeres. Actualmente es integrante del Grupo Interinstitucional y Multidisciplinario para atender la Declaratoria de Alerta por Violencia de Género contra las mujeres de la Ciudad de México.

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