Política feminista/ Crónicas independentistas de la Matria. Autora: Aleida Hernández Cervantes

Es lunes 14 de septiembre y el pequeño Oliver está en clase con su maestra y sus compañeritxs. El tema, por la cercanía de la fecha de la Independencia de México, es abordar y leer sobre los personajes que dieron vida a este momento histórico tan importante en la vida de nuestro país. Después de escuchar sobre las hazañas de Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Vicente Guerrero, José María Morelos y Pavón, Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario, Oliver y yo nos dispusimos a leer una biografía para niños y niñas[i] sobre la vida excepcional de Leona Vicario y su participación en el movimiento insurgente. Sobre todo, ahora que la Matria se está pariendo a sí misma, de una forma reconfigurada. Y los niños y niñas tienen que estar al tanto.

En un recorrido de 34 páginas, una biografía contada en primera persona por la mismísima Leona Vicario, nos reveló con lujo de detalles cómo una mujer que venía de un estrato social alto, que leía de historia universal y natural con asiduidad, que dedicada tiempo a las artes como la pintura y el piano, se convirtió en una pieza clave del movimiento insurgente.

Leona Vicario alrededor de los 19 años queda huérfana de padre y madre, heredando bienes y propiedades que la colocaron en una posición acomodada y sin problemas. Su tío Agustín Pomposo, se convirtió en tutor y curador de sus bienes.

Llegó el gran momento de su vida: empezó a participar en las conversaciones que sostenían algunos personajes de sus círculos cercanos, sobre la necesidad de independizar a la Nueva España. Ella estaba de acuerdo, sus ideas eran progresistas a pesar de que su familia le profesaba devoción al rey Fernando VII de España. Ella era insurgente y sus tíos realistas. Sin embargo, logró que su familia no se diera cuenta, por un tiempo, que ella apoyaba al movimiento insurgente y, que no solo lo apoyaba, sino que era una de ellos con todas las de la ley.

Empezó a dedicarse a varias actividades principales: a escribirles cartas encriptadas a los insurgentes que andaban al trote organizando la estrategia militar (sin muchos conocimientos y sin gran arsenal), consiguiendo adeptos para la causa y escondiéndose de las tropas realistas. Leona con sus múltiples conocimientos, lograba escuchar e indagar en las conversaciones que tenían los realistas de su entorno cercano, sacerdotes, abogados, jueces y funcionarios de la Nueva España sobre los insurgentes. De inmediato, Leona les escribía largas y frecuentes cartas a los insurgentes para alertarlos y así, poder cambiar y mejorar estrategias. Escribía las cartas en clave, solo las entendían los destinatarios, usaba los nombres de sus lecturas sobre filosofía e historia universal para referirse a ellos con la finalidad de no ser descubiertos fácilmente.

Otra de las grandes actividades que Leona realizó junto al movimiento insurgente fue convencer a personas que se dedicaban a hacer armamento a ponerlo al servicio de las tropas insurgentes, puso dinero y perspicacia para lograrlo. Fue una espía y una mensajera de alto nivel y aún no cumplía ni los treinta años.

Leona no actúo sola, también actuaron junto a ella otras mujeres como Gertrudis Bocanegra, Mariana Rodríguez o Carmen Camacho, quienes se encargaban de convencer a soldados realistas de pasarse a las tropas insurgentes y así fortalecer al movimiento.

En el movimiento insurgente también participó Andrés Quintana Roo con quien tuvo una identificación genuina en ideales y en la lucha por liberar del yugo español al país. Coincidieron y lucharon juntos. Pero no faltó quien en su sesgo tradicional sobre las mujeres, pensara algo distinto. Fue el caso del político Lucas Alamán, quien llegó a afirmar con evidente desconocimiento del verdadero impulso que tenía Leona Vicario, que ella había participado con el movimiento insurgente para seguir a Andrés Quintana Roo. Leona con una claridad de pensamiento e intención, le escribió una carta extraordinaria la cual, por cierto, Alamán nunca contestó públicamente. En ella Leona Vicario le expresa algo que aún es vigente para quienes no logran entender lo que mueve a la acción, a muchas mujeres:

“(…) no sólo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres: ellas son capaces de todos los entusiasmos, y los deseos de la gloria y de la libertad de la patria no les son unos sentimientos extraños; antes bien suele obrar en ellas con más vigor, como que siempre los sacrificios de las mujeres, sea el que fuere el objeto o causa por quien los hacen, son más desinteresados, y parece que no buscan más recompensa de ellos, que la de que sean aceptados”.

Leona Vicario pudo ver triunfar al movimiento insurgente el 27 de septiembre de 1821 cuando el Ejército Trigarante entró victorioso a Ciudad de México; ella recibió reconocimiento en vida por ser una de las valiosas insurgentes, procreó dos hijas junto a Andrés Quintana Roo y murió a los 53 años.  

Leona Vicario tal vez no se podría imaginar cuánto le debemos a ella y a miles de mujeres por tener hoy, más que nunca, una Matria en movimiento libertador.

Por eso Oliver y todos los niños y niñas deben conocer bien la historia, descubrirla con nuevos ojos y recontarla para recolocar a los personajes en su justa dimensión.


[i] Angélica Noemí Juárez Pérez y Xavier Alexander Martínez Jarillo, Leona Vicario, Biografías para niños y niñas, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), Ciudad de México, 2020. Ver https://www.inehrm.gob.mx/es/inehrm/BPN_Leona_Vicario

Aleida Hernández
Aleida Hernández

Profesora e investigadora de la UNAM, ha escrito diversos libros y artículos sobre derecho, seguridad social, trabajo, despojo, luchas sociales y derechos de las mujeres. Actualmente es integrante del Grupo Interinstitucional y Multidisciplinario para atender la Declaratoria de Alerta por Violencia de Género contra las mujeres de la Ciudad de México.

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