
Las y los pobladores se arraigan al movimiento cultural para resaltar esta tradición artística
Daniel Cortés | OEM-Informex
En la Sierra Norte de Puebla, el pueblo nahua de Hueyapan ha liderado una batalla por la supervivencia de sus bordados y textiles, una de las herencias culturales más importantes de la región.
Tras más de cuatro décadas de rescate y consolidación de esta tradición, las y los artesanos están a punto de obtener la denominación de Identidad Geográfica por parte del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), lo que –consideran– representa un logro histórico para protegerlos del plagio, falsificación, desvalorización y la competencia desleal.
El renacimiento cultural de esta centenaria tradición comenzó a finales de la década de 1970. La lucha fue liderada por decenas de mujeres artesanas originarias de esta demarcación.
Uno de los rostros más visibles de este movimiento es el de Teresa Lino Bello, quien ha defendido desde entonces esta herencia, y lo hace desde todas las trincheras.
El primer acercamiento que la señora Teresa tuvo con su telar fue a los tres años de edad, mientras observaba a su abuela confeccionar huipiles de lana teñidos con pigmentos naturales. Posteriormente, a los ocho años ya dominaba el bordado y, en 1979, cofundó el colectivo Tamachij Chihuatl, una organización que se convirtió en pilar del movimiento.
Uno de los rostros más visibles de este movimiento es el de Teresa Lino Bello, quien ha defendido desde entonces esta herencia, y lo hace desde todas las trincheras.
El primer acercamiento que la señora Teresa tuvo con su telar fue a los tres años de edad, mientras observaba a su abuela confeccionar huipiles de lana teñidos con pigmentos naturales. Posteriormente, a los ocho años ya dominaba el bordado y, en 1979, cofundó el colectivo Tamachij Chihuatl, una organización que se convirtió en pilar del movimiento.

Asegura que el proceso no fue sencillo, pues uno de los principales retos era el machismo que predominaba en ese entonces, el cual negaba prácticamente a todas las mujeres la oportunidad de tomar sus propias decisiones. Actualmente, gracias a este colectivo, existen más de 100 artesanas y artesanos trabajando en la preservación de esta tradición cultural.
En todo ese proceso nos capacitamos de manera general, desde autoestima, valoración personal, derechos de la mujer indígena. Así caímos en la cuenta de que necesitábamos querernos mucho para mantener esta colectividad (…) Cuando nos dijeron que, como mujeres indígenas, tenemos derecho de ir a fiestas, porque dentro de nuestra costumbre tienes que pedir permiso, y si te dan permiso vas, y si no te dan permiso no vas. No teníamos derechos,cuenta.
Juventud, al rescate de la tradición
Pese a los avances, la fabricación de textiles en Hueyapan enfrenta varios obstáculos marcados por el robo intelectual de sus diseños, la desvalorización de su trabajo y la falta de certidumbre legal sobre las técnicas de bordado y elaboración de estas piezas.
Ante ese contexto, las hijas e hijos de artesanos, quienes pertenecen a las generaciones más jóvenes del municipio, han decidido unirse al movimiento para preservar esta tradición.
Matilde Salvador Viñales, quien representa a la tercera generación de artesanas, explica que aprendió la fabricación de textiles y el bordado de piezas de su padre. De esta manera logró dominar el uso de los telares de cintura y pedal.
Desde su perspectiva, preservar este conocimiento es una de sus responsabilidades más grandes en la actualidad. Según explica, por primera vez reconoció que esta tradición corre el riesgo de perderse si no se conserva de forma responsable.
Su hermana, Rosa Salvador Viñales, asegura que el tejido de estas piezas es un trabajo desvalorizado por la población. Afirma que, además del robo de diseños, uno de los retos más recurrentes para las y los artesanos es el regateo, lo que desalienta su trabajo.
Me siento con mucha responsabilidad, la verdad, porque es un trabajo que tenemos que preservar, porque si ya no lo hacemos muchas personas ya no lo van a conocer y ya no van a valorar lo que hacemos,expone.
Otra de las barreras actuales es la falta de promoción sobre las piezas elaboradas en Hueyapan, subraya la joven poblana.

Del mismo modo, Asunción Salvador Viñales, hermana de Matilde y Rosa, hace hincapié en que las prendas elaboradas en este municipio son afectadas por la llegada de ropa confeccionada de forma industrial, principalmente de otros municipios, estados y países.
Por su parte, Giovanni Salvador Martínez, de 21 años y estudiante de Ingeniería Civil, relata que desde los ocho años aprendió a utilizar los telares de cintura. Actualmente trabaja junto a sus padres en su taller, e incluso ayudó en la fabricación de un telar de pedal.
El joven asegura que uno de los objetivos por los que estudió esta carrera es emplear sus conocimientos en la preservación de esta tradición artesanal.
Estoy estudiando una carrera porque mi principal objetivo es apoyar nuestras artesanías, porque es nuestro sustento, nuestra forma en la cual crecimos, y dejarlo a la deriva no es algo que tenga pensado. Por el contrario, quiero ayudar con lo que después me dedique, para crear campañas o buscar formas más cómodas para trabajar, por ejemplo,subraya.
Otro ejemplo es Daniel Cornelio Martínez, de 20 años, quien explica que aprendió de su abuelo y su padre a manejar el telar de pedal.
Subraya que, inicialmente, lo consideraba aburrido, pero luego le tomó cariño y ahora busca dominar técnicas más complejas como el chocotello, uno de los estilos de bordado tradicional del pueblo nahua de Hueyapan.
Trabajo que demanda esfuerzo y dedicación
Durante la elaboración de textiles y bordados, el teñido es uno de los procesos más complejos. De esto se encarga María Agustina Tibido, quien se ha especializado desde hace varios años en la creación de pigmentos a base de productos naturales, muchos de los cuales se obtienen en la Sierra Norte de Puebla.

“El plagio de nuestras piezas está muy mal (…) porque ya no se valora nuestro trabajo. Este proceso nos lleva mucho tiempo, mucha dedicación, y ahora nada más otras personas vienen, las falsifican y ya lo quieren hacer de manera industrial. Da coraje y tristeza, porque el esfuerzo, la dedicación, el trabajo y uno le pone todo el empeño, es nuestra pasión”, destaca.
El camino para darle vida a estos coloridos huipiles implica un largo proceso, que requiere horas enteras dedicadas a crear los pigmentos, lavar las prendas, remojarlas, escurrirlas y luego teñirlas.
Uno de los elementos más relevantes para ello es el añil, “un tinte respetable que requiere paciencia”. Su elaboración implica combinarlo con tequesquite, un mineral extraído de los cerros de la región; después se junta con hierbas como el zarco y se pone a hervir.
Pese a la complejidad del proceso, la artesana afirma que los compradores de los textiles muchas veces se quejan de los costos.
Plagio daña a familias artesanas
Aunque la elaboración de estas piezas artesanales es una práctica infravalorada, para muchas familias representa una de sus principales fuentes de ingresos.
Joaquina Florencia Martínez forma parte de una de ellas. Aprendió a bordar a los siete años gracias a sus abuelos y actualmente elabora, junto a su esposo y su hijo, huipiles, chalés, colchas, caminos de mesa y abrigos.
Desde su perspectiva, los bordados de Hueyapan son conocidos por la paciencia que requieren. Sin embargo, afirma que muchas veces esto no se refleja en la percepción de los clientes, pues en múltiples ocasiones exigen a las y los artesanos rebajar el costo de las piezas.
Su esposo, Juan Salvador Agustín, quien lleva más de tres décadas trabajando en telares de pedal y cintura, explica que el plagio de los diseños de este municipio ha desplazado de forma agresiva su trabajo.
Ya nos plagiaron casi todo, todo es idéntico a nuestro trabajo, nuestros bordados, pero la mayoría son industrializados. Nuestras prendas son 100 por ciento artesanales, por eso el precio se eleva un poquito más, por el tiempo de trabajo que nos lleva,señala.
“Por esa razón a veces ya no hay ventas, porque los productos industrializados son más baratos y lo artesanal ya no tiene salida”, lamenta.

Por ese motivo, confía en que la denominación de Identidad Geográfica por parte del IMPI dará mayor certeza sobre la protección de su arte. Además, considera que traerá más apoyo y promoción para ellas y ellos.
Al respecto, Manuela Maximina Viñales, de 53 años, expone que el plagio y la apropiación cultural se han vuelto constantes. Esta situación se ha vuelto tan recurrente que hay días en los que regresa a su hogar sin haber vendido una sola pieza.
Buscan proteger la técnica artesanal
Alfonso Lino Pozos, presidente municipal de Hueyapan, subraya que la elaboración de textiles y bordados en la demarcación representa un símbolo de orgullo que ha permitido a las y los artesanos obtener premios en concursos estatales y nacionales.
Sobre esto, señala que, en el último certamen del Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart), Hueyapan obtuvo 10 por ciento de los 40 premios entregados, siendo el único municipio de Puebla que resultó ganador.
Buscamos proteger este patrimonio, porque, lamentablemente, hay otros municipios que lo empiezan a hacer (…) ellos lo que hacen es copiar las figuritas, ven una flor, ven un pavo real, agarran una prenda, la copian (…) Acá todas las prendas que se hacen llevan un significado y llevan el mismo patrón,explica.
El edil señala que, desde 2020, el ayuntamiento –que él encabezaba también en ese momento– buscó el apoyo del Congreso local para designar a los textiles y bordados de este lugar como patrimonio intangible del estado. Asegura que, aunque el parlamento realizó un exhorto, la administración del entonces gobernador Miguel Barbosa Huerta no hizo nada por otorgar dicho nombramiento. Este rezago se mantuvo en el periodo del exmandatario Sergio Salomón Céspedes Peregrina.
Finalmente, Lino Pozos concluye que la denominación de Identidad Geográfica por parte de la Secretaría de Economía federal supone un alivio para las y los artesanos, pues de esta forma se brindará protección al proceso de elaboración de estas piezas.
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