¿Perdieron la CDMX por la guerra sucia y The Economist, o AMLO y Claudia diagnostican mal? Autor: José Reyes Doria

Imagen ilustrativa. Foto: Rogelio Morales/OEM-Informex.

@jos_redo

El diagnóstico del Presidente López Obrador y Claudia Sheinbaum para explicar la derrota político-electoral en la Ciudad de México, atribuyéndola a la guerra sucia de la derecha, no es del todo acertado ni funcional para recuperar la plaza. Tampoco lo es la interpretación de que la alianza PRIANRD ganó 10 alcaldías, porque ahí predominan las clases medias y altas, cuyos resortes clasistas y discriminatorios reaccionaron contra la 4T. Hay algo de cierto en esto, pero no determinante: pensemos que la gente de esas mismas alcaldías llevaba muchas elecciones votando por las candidaturas de izquierda. El voto de castigo fue más por una postura política de la gente, es decir transversal, que por un encono entre clases sociales; en todo caso, habría que investigar el fenómeno.

Volvamos al diagnóstico de AMLO y Claudia. La idea de que la derrota se debe a una guerra sucia de sus adversarios, incluyendo a medios extranjeros como la famosa portada de The Economist, no solo está muy lejos de la realidad, sino que conlleva un agravio a los ciudadanos capitalinos. Se olvidan que la población capitalina ha sido siempre diversa, crítica, contestataria, ilustrada y con gran actividad cultural, con vocación insumisa ante el poder central y capaz de identificar manipulaciones, imposiciones o exclusiones provenientes del poder.

Recordemos que la CDMX ha sido el epicentro de todo tipo de rebeliones sociales exigiendo justicia, derechos y libertades. Desde el movimiento estudiantil de 1968 hasta los damnificados del sismo de 1985, la Capital ha sido la caja de resonancia de las insurgencias sociales que se rebelan contra el orden establecido. La primera gran irrupción masiva de la sociedad capitalina en las urnas fue en 1988, cuando derrotó al PRI y a Carlos Salinas de Gortari. La movilización capitalina ganó el derecho a elegir a los gobernantes de la Ciudad. Desde 1997, ya no es el Presidente el que nombra a un Regente que le rinde cuentas solo a él, ahora los capitalinos elijen de forma libre y directa a sus gobernantes.

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Hoy tenemos un hecho inédito que tal vez contribuye a explicar el comportamiento del electorado capitalino: desde 1997 hasta 2018, el gobierno de la CDMX ha sido de signo partidista e ideológico distinto al del gobierno de la República, lo cual coincidió felizmente con la vocación crítica y contestataria de la Capital ante el poder central; sin embargo, desde 2018 el gobierno de la CDMX y el Presidente de la República son del mismo partido y signo ideológico, y para que los capitalinos depongan su escepticismo combativo contra el poder central sería necesario convencerlos. En 2021 no se convencieron.

Volviendo al diagnóstico de AMLO y Claudia, el factor de la guerra sucia, las campañas de desprestigio, y la portada de The Economist no alcanza para explicar la derrota en la CDMX. Al pensar así, proyectan que conciben a los capitalinos como una masa anodina, sin capacidad mental para formarse un criterio propio, como menores de edad que necesitan la orientación del gobierno para entender las cosas. Además, la historia reciente de la CDMX no encaja con esa interpretación. Recordemos: en 1968 los capitalinos resistieron la guerra sucia que satanizaba a los estudiantes, desoyeron al Presidente que acusaba manipulaciones extranjeras; en 1988, los capitalinos rechazaron la brutal guerra sucia contra Cuauhtémoc Cárdenas y le dieron su voto masivamente; en 1997 la campaña de desprestigio contra el mismo Ingeniero no desmovilizó a los ciudadanos capitalinos y lo hicieron primer Jefe de Gobierno.

En el año 2000, los capitalinos rechazaron la campaña de desprestigio contra López Obrador y lo hicieron Jefe de Gobierno; en 2006, los capitalinos resistieron la descomunal guerra sucia de la derecha contra el propio AMLO y le dieron el voto mayoritario para la Presidencia. Entonces, ¿con qué bases, ahora, AMLO y Claudia dicen que fueron derrotados en la CDMX porque los capitalinos se dejaron manipular? Reitero, pensar eso es un agravio.

Por qué no revisan, mejor, factores más verosímiles para entender la derrota: el desdén y la agresión contra los movimientos feministas y otros movimientos sociales, expresiones vitales de la inconformidad capitalina contra la discriminación y la violencia; los recortes presupuestales y la austeridad que ocasionaron el despido y el recorte salarial de decenas de miles de burócratas que viven en la Ciudad; la desaparición de los apoyos a los creadores artísticos, a los promotores de arte popular y comunitario, a los científicos, a los maestros, a los cineastas, que tienen influencia en múltiples sectores, barrios, colonias, pueblos y cooperativas de la Capital y están muy enojados.

Por qué no revisan el tema de la crisis económica en la Ciudad, que empezó con el freno total a la industria de la construcción desde 2018, quebrando empresas y dejando sin empleos a decenas de miles de trabajadores; o la decisión de no apoyar a cientos de miles de pequeños negocios, trabajadores, desempleados, ambulantes y demás afectados por la pandemia; o el reclamo legítimo de las víctimas del desabasto de medicinas, la eliminación de las estancias infantiles y demás decisiones públicas tomadas al amparo de la austeridad. Si hay una sociedad crítica y forjada en la lucha, capaz de identificar esas contradicciones, esa es la sociedad capitalina, difícilmente se deja manipular.

Por qué no revisar la funcionalidad de los programas sociales, promover la participación directa de las personas en el diseño, la ejecución y la evaluación de esos programas. Los capitalinos, por su tradición de lucha, no quieren ser solo beneficiarios, quieren ser agentes de la transformación social. Esa sería una verdadera forma de construcción del poder popular, desde abajo, democrático. Al partido y al gobierno que promuevan esto, los capitalinos los apoyarían masivamente.

Y qué decir del derrumbe de la Línea 12 del Metro. La reacción fue evasiva, faltó liderazgo y reconocimiento de responsabilidades, se ignoró el clamor popular de castigar a los funcionarios involucrados. Ni siquiera cesaron a la directora del Metro, aunque solo fuera para mostrar respeto a las víctimas. La tragedia humana que conmovió a la Ciudad y al País no alcanzó para correr ni al más modesto jefe de departamento. El peso de esta actitud en las urnas fue muy elevado.

Por último, un factor importante: los capitalinos siempre han rechazado la sumisión del gobernante local al Presidente de la República. Con Claudia, existe la percepción de que, en algunas ocasiones especiales, muestra una suerte de subordinación a las políticas e incluso los deseos del Presidente. En la crisis del Metro, por ejemplo, Claudia fue a Palacio Nacional a dar su primer reporte del accidente (¿por qué no en el Palacio del Ayuntamiento?) y dejó correr la versión de que no corrió a la directora del Metro porque es una persona cercana a AMLO. Qué tanto peso esto, habrá que indagarlo, pero sí pesó.

En conclusión, AMLO y Claudia deben trabajar en la recuperación de la confianza de los capitalinos. De lo contrario, es muy probable que la CDMX retome su vocación contestataria y rebelde, y se reactive como la vanguardia del cambio político del País, pero en esta ocasión el cambio podría ser adverso a la 4T, con la posibilidad latente de que los capitalinos elijan a un Jefe de Gobierno de oposición en 2024 (¿Lía Limón?). De ser así, se invertiría la ecuación política de las últimas décadas: hasta 2018 era un Presidente alineado a la derecha, con un Jefe de Gobierno de izquierda; ahora podría ser un Presidente de izquierda, con un Jefe de Gobierno respaldado por partidos alineados a la derecha.

@jos_redo

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