Ovidio y el estado de excepción. Autora: Emma Rubio

Captura de pantalla.

Ya hace unos días que la noticia fue la captura de Ovidio. Mucho elucubraban si se tratase de una especie de obsequio a razón de la visita del presidente Biden. Otros comenzaron a tratar de ver en la captura una especie de montaje como aquellos que estaban a costumbrados a llevar a cabo, diciendo que el Ovidio que salió en los medios no era el real. Todos enfocados en la nota, en el gran trabajo hecho que vaya que es de reconocerse por las fuerzas de inteligencia de México, por primera vez tal parece que la DEA no intervino ¿verdad? Ya que ni el presidente estaba enterado de todo lo que se hizo para tal captura. Un atinado acto que lo lleva a la cúspide al presidente y su equipo muy a pesar de sus archienemigos.

Sin embargo, ¿qué pasa ahora con la ciudadanía de Sinaloa? Si bien la vez pasada en el llamado “Culiacanazo” se argumentó la protección de la ciudadanía y por ello se decidió dejar en ese momento a Ovidio en libertad. Pero hay una vulnerabilidad que no se ve y que en muchos casos ni se habla debido a la triste normalización de la violencia que por años ha ocurrido en este país. No es solo Sinaloa, ni es este sexenio, estamos ante un México que lleva años en guerra, muchas son las comunidades que se han quedado como pueblos fantasmas debido a la invasión y adueñamiento del narco en sus tierras. Pocos lo saben y lo dicen, a muchos les ha costado la vida, desde periodistas hasta luchadores sociales se han quedado en el pie de lucha dando la vida.

Hoy por ser tan mediático el asunto, cabe aclarar que no fue un reality a lo García Luna. Lo cual se agradece muchísimo no tener ya a un Loret de Mola dando una nota manipulada y ver en la tele todo el show y las caras de los narcos burlándose, más las caras de aquellos que no tenían nada que ver sin saber qué diablos estaba pasando, pero había que inventarse a toda una banda de delincuentes, Hoy agradezco infinitamente tener la realidad bien cuidada ante mis ojos. Sin embargo, insisto ¿qué pasa con esas personas que habitan esos sitios en donde la guerra está latente? El filósofo Giorgio Agamben lo describe en su obra Homo Sacer en la que habla de un concepto denominado la nuda vida, este se refiere a “la de ser una vida a la que cualquiera puede dar muerte impunemente y, al mismo tiempo, la de no poder ser sacrificada de acuerdo con los rituales establecidos; es decir, la vida uccidibile e insacrificabile del homo sacer y de las figuras análogas a él”. (Agamben, 1998:243). ¿Qué significa esto? Que estamos ante la más pura vulnerabilidad en la que cualquiera puede ir y quitar la vida al otro sin mayor motivo alguno. Esto es algo que cada vez se torna más común en nuestro país, ya cualquiera quiere ser parte del crimen organizado porque creen que ahí está la olla de oro al final del arcoíris, porque consideran que son dignos de respeto al ser parte de un grupo de delincuencia organizada, o porque simplemente los secuestran para obligarlos. Estamos en un estado de excepción y tal parece que a nadie la interesa, un estado en donde la ley sobra y aunque debo reconocer que hay un fuerte intento de recobrar este orden a través de la creación de la Guardia Nacional es tanta la podredumbre y tan grande el territorio que hasta en los más ocultos recovecos de este país está metido el narco, un estado de excepción es cuando el estado de excepción tiende a confundirse con la regla, las instituciones y los precarios equilibrios de los sistemas políticos democráticos ven amenazado su funcionamiento hasta el punto de que la propia frontera entre democracia y absolutismo parece borrarse. Moviéndose en la tierra de nadie, entre la política y el derecho, entre el orden jurídico y la vida. Agamben nos dice: “Mostrar el derecho en su no-relación con la vida y la vida en su no-relación con el derecho significa abrir entre uno y otra un espacio para esa acción humana, que un tiempo reclamaba para sí el nombre de ‘política’.” Política, verdaderamente política, es sólo la acción que corta el nexo entre violencia y derecho, “la praxis humana que las potencias del derecho y del mito habían tratado de capturar en el estado de excepción”.

Aún queda mucho por trabajar pero no solo desde el gobierno sino desde la ciudadanía misma, no podemos hacernos de la vista gorda y hoy por ejemplo, no por no habitar en Sinaloa pensar que ya pasó. No, no ha pasado, y la captura de Ovidio lejos de ser algo que nos tranquilice, todo lo contrario pues la guerra comienza y por lo visto en los últimos años, aquellos que tienen un arma en mano no tienen valor por ningún tipo de vida. No digo que empecemos como ciudadanía a armarnos y cuidar de nosotros mismos, no digo que tengamos fe ciega en el poco tiempo que le queda al presidente Andrés Manuel, en realidad no tengo solución a esto pues son años de dejar que todo se pudriera. Lo único que puedo decir es que no nos ceguemos, no dejemos de ver que esto es real, no es una narcoserie de esas que a muchos suelen gustarles, es el día a día de millones de mexicanos y que la especie humana siempre en su egoísmo no observa hasta que no le toca en su puerta. Hoy quisiera invitarles a ver la realidad, Ovidio no es el final, es apenas el comienzo de lo que está por acontecer, y si a eso le sumamos el juicio a Genaro García Luna, hay aún muchas cloacas por destapar y limpiar y como ciudadanos debemos estar atentos y sobre todo, bien informados. Ya basta de creer en las sandeces que nos inventan. Ojo, las cloacas a destapar afectan a los que han robado mucho dinero junto con el narco, sí, a esos empresarios que en algún momento vimos como ejemplos a seguir, hoy es más que claro que son parte de ese grupo delincuencial que no podemos dejar de hacer de nosotros seres de una nuda vida, una vida desnuda sin sentido y valor porque eso hemos sido por años.

Emma Laura Rubio Ballesteros
Emma Laura Rubio Ballesteros

Licenciada en filosofía, maestra en educación y especialista en Teoría Crítica y hermenéutica, certificada en educación socioemocional. Autora de diversos artículos en revistas académicas

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