Ómicron y la pequeña oposición política. Autor: Ivonne Acuña Murillo

Alejandro Moreno Cárdenas, presidente nacional del PRI; Jesús Zambrano, presidente nacional de PRD, y Marko Cortés, presidente Nacional de PAN. FOTO: GALO CAÑAS/CUARTOSCURO.COM

Por: Ivonne Acuña Murillo

Mientras la población mexicana se ocupa de la salud, la política sigue su curso. A dos años de iniciada y en plena cuarta ola de una de las pandemias que han marcado un antes y un después en la historia de la humanidad, una nueva variante del SARS-CoV-2 caracterizada por un gran número de mutaciones (55 en todo el genoma, 32 en la proteína S o espícula), el aumento acelerado de su incidencia relativa en la población de Sudáfrica y el riesgo de que se replique con la misma rapidez en otras naciones ha encendido una vez más las alertas a escala mundial. Ómicron le llaman. Pero ¿qué pasa con quienes hacen política en México? ¿de qué se ocupan cuando la gente mira hacia otro lado? ¿qué nos han aportado a tres años de iniciada la Cuarta Transformación (4T)?

Por supuesto que la salud es un tema importante; por supuesto que no debe distraerse la atención de lo que hacen quienes gobiernan para responder a la gente en tiempos de una de las pandemias más extendidas y riesgosas que ha vivido el mundo; por supuesto que la exigencia de resultados no debe ceder el paso a una peligrosa distracción. Sin embargo, no es eso lo único en que la ciudadanía debe poner su atención. Debe mirar con cuidado el desempeño de la clase política que ha contraído obligaciones definitivas con quien le ha elegido.

Y no me refiero únicamente a quien ganó la elección en 2018 o 2021, sino a quien perdió y pretende volver a gozar de la confianza de las y los votantes. Esto es, a quienes son gobierno, pero también a quienes se dicen oposición. En ambos bandos se toman decisiones que nos ponen en riesgo a todos y todas. Este es el enorme poder que les concedemos al aceptar que nos representen. Al confiar en ellos y ellas, enfrentamos el peligro que supone una percepción distorsionada, una mala actuación, un planteamiento equivocado, un proyecto sin sustento.

Riesgo y peligro van de la mano de la política entendida, en su acepción más simple, como la “Actividad de los que gobiernan o aspiran a gobernar los asuntos que afectan a la sociedad o a un país” (Oxford Dictionary). Definición restrictiva que deja a la ciudadanía, sobre la que recae dicha actividad, como el sujeto pasivo de la acción, como aquel que sufre los peligros producto de los riesgos que otros y otras toman, han tomado o tomarán. Así visto, se requiere volver a los griegos y pensar a la política de una forma más amplia, partiendo del vocablo latino polítikòs, traducido como: “civil, relativo al ordenamiento de la ciudad o los asuntos del ciudadano” (significados.com), hoy agregaríamos “y de la ciudadana”.

De esta manera, se debe pensar a la política no sólo como aquella actividad propia de quienes la ejercen, sino como la acción de la ciudadanía que “interviene en los asuntos públicos con su opinión, su voto, o de cualquier otro modo” (RAE).

Una definición mucho más elaborada y que trasciende un primer acercamiento diccionaril es la proporcionada por la filósofa alemana Hannah Arendt “La política, se dice, es una necesidad ineludible para la vida humana, tanto individual como social. Puesto que el hombre no es autárquico, sino que depende en su existencia de otros, el cuidado de ésta debe concernir a todos, sin lo cual la convivencia sería imposible” (¿Qué es la política?,compilación de textos de Arendt hecha por Ursula Ludz en 1993 y traducida al español porFina Birulés,Barcelona, Paidós,1997: 67).

Disculparán ustedes el lenguaje no incluyente de Arendt, pero en los años 1956-1959 en que la filósofa preparaba lo que titularía Introducción a la política, texto que nunca escribió pero que dio lugar a la compilación mencionada, tal cosa no existía.

Lo que interesa destacar aquí es la visión arendtiana de la política como “una necesidad ineludible para la vida humana” y el cuidado de esta que “debe concernir a todos” y todas. Esto es, no existe tal cosa como personas alejadas de la política por más que se conciban como a-políticas. Despropósito absoluto de quien no puede o no quiere ver las repercusiones que en su vida cotidiana tienen las decisiones que otros y otras toman en su nombre.

En este punto, la diferenciación entre “peligro” y “riesgo” se vuelve transcendente. Un “riesgo” se relaciona con la probabilidad de que algo ocurra y generalmente se le asocia con un efecto negativo. En política, un ejemplo claro, para volver al tema de la pandemia de Covid-19, lo representa la estrategia tomada por los diversos gobiernos para minimizar su impacto en materia de salud pública y desarrollo económico. Dicho en otras palabras, los políticos toman riesgos cuando deciden como gestionar la actual pandemia. La pregunta aquí es si el gobierno toma riesgos ¿en quién recae el peligro de una decisión mal tomada?

El “peligro” entonces debe ser entendido como “una situación en la que existe la posibilidad de que ocurra una desgracia o un contratiempo”. Las palabras que unen a ambos conceptos son: probabilidad y posibilidad, y las que los separan son: tomar riesgos y ocurrir. En el caso del “riesgo” alguien toma una decisión, en lo que respecta al “peligro” no hay tal decisión, pero sí la posibilidad de sufrir un daño. Dicho así, los políticos y políticas toman riesgos a nombre de quienes gobiernan y ellos y ellas son quienes se encuentran en posibilidad de sufrir los peligros de un riesgo mal calculado.

Hasta aquí, no he construido la relación entre la nueva variante del Covid-19 y la política. Para hacerlo, es necesario hacer referencia al término “Ómicron”.  Este se compone de la “o”, decimoquinta letra del alfabeto griego y del sufijo “micro”, que significa “pequeño”. De esta forma, la ómicron es la “o” breve, sencilla y escueta que no compite con la majestuosa omega, la “o” grande y alargada que cierra el alfabeto y significa el final de todo. Haciendo un juego de palabras, puede hablarse de la política ómicron y la política omega. La segunda sería la política en toda la extensión de la palabra, aquella actividad humana que ubica en el centro el interés común y que ve al Estado como aquella institución encargada de velar por el bienestar de toda la población. La primera, entonces, sería aquella más acotada dirigida a cuidar los intereses de grupo en detrimento del bien común.

Para llevar la analogía más allá, puede pensarse a la política ómicron como aquella que aparece, como la nueva variante del Covid-19, a raíz de replicar y replicar y replicar acciones pequeñas (contagios) que juntas no alcanzan a convertirse en política omega pero que (como el virus) perjudican la salud de la República.

Entra especialmente en esta categoría de política ómicron la oposición política mexicana, entiéndase Partido Acción Nacional (PAN), Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Partido de la Revolución Democrática (PRD), que no ha estado a la altura de la responsabilidad que supone observar críticamente al gobierno del que se vieron expulsados.

Observación crítica que no se traduce en “criticar por criticar” o “crítica destructiva”, sino en un análisis que lleve a hacer señalamientos informados encaminados a apuntar, con datos duros, los riesgos de las políticas públicas que a sus ojos parezcan desviarse de lo que la población requiere y que puedan ponerla en peligro.

En su lugar, la oposición política mexicana, poco generosa e interesada, se ha dedicado a descalificar sin fundamentos “todo”, “absolutamente todo” lo hecho durante tres años (2018-2021) por la actual administración. Desde su punto de vista, no existe un solo acierto: ni la redistribución de los recursos vía el presupuesto y la reducción de gastos gubernamentales, ni la lucha en contra de la enorme corrupción que ha atravesado a un gobierno tras otro, ni la pensión universal a personas adultas mayores, los apoyos a jóvenes y personas con alguna discapacidad, ni la campaña de vacunación que, hasta ahora, coloca al país en mejor posición que a aquellos que sufren ya de lleno la cuarta ola, ni las grandes obras de infraestructura que, como el segundo piso del Periférico, seguramente disfrutarán en el futuro. En resumen, nada que venga con el sello de la 4T les parece correcto, bueno, oportuno o digno de ser profundizado.

Y no porque todo sea perfecto y no haya efectivamente nada que cuestionar, sino por el trasfondo que suponen estrategias como el haber tomado como eje de lucha el desabasto de medicamentos contra el cáncer infantil, haciendo a un lado los datos que permiten afirmar la existencia de arreglos corruptos entre funcionarios de instituciones públicas como el ISSSTE y el IMSS y las grandes farmacéuticas que elevaban los precios de las medicinas en detrimento de los fondos públicos y del bolsillo de la gente en especial la de escasos recursos, aprovechándose del impacto negativo que supone imaginar a un niño o niña en esa circunstancia para, a partir de una situación real, motivada por una tal vez mal pensada estrategia para desarticular a las mafias que lucran con los precios de las medicinas en el país. Los gobiernos anteriores tomaban el riesgo de “negociar” el suministro con estas cadenas y el peligro del desabasto y los altos precios era sufrido por quienes hacían uso de esos servicios o tenían necesidad de pagar por fuera dichos medicamentos.

Pero, los cuestionamientos hechos a esta administración deberían dirigirse a tutelar el bien común, a disminuir los riesgos y peligros de malas decisiones, y no a mantener los privilegios que durante décadas disfrutaron y a pretender manchar a un gobierno que trata de hacer las cosas de un modo diferente rompiendo las cadenas de la corrupción forjadas al calor del contubernio mafioso entre élites políticas y económicas.

El problema aquí es la imbricación entre estas élites y la oposición política partidista que desdibuja los límites naturales que deberían diferenciarlas y que les impide hacer política omega sumiéndoles en la política ómicron y el replicamiento continuo de su pequeñez.

Esta forma de hacer política no es nueva, lleva décadas infestando silenciosamente a la política impidiéndole volverse omega. Pero, ese silencio llegó a su fin en 2018 y el contagio se ha vuelto ruidoso a partir del surgimiento de una nueva variante que, siguiendo la analogía con la nueva variante de Covid-19, bien podría denominarse “oposición política ómicron”, poniendo en evidencia que la oposición política en México, sí la del PAN, el PRI, el PRD y empresarios, intelectuales, instancias extranjeras y banda que le acompañan, no cumple con las funciones que la República requiere, a saber: poner límites a quien gobierna mirando siempre por el interés general y no por sus privilegios de grupo a través de iniciativas malogradas como Todos por el mismo, Frenaaa, Va por México o el nuevo Frente Cívico Nacional, que lleva lo nacional en el nombre pero no en la intención.

Por el contrario, busca, con desenfreno, hacer fracasar al gobierno de la 4T sin importar aquello que de bueno pudiera tener. Asumen el riesgo sin importar lo peligroso que para todo el país podría ser boicotear a un gobierno elegido por 30 millones, 11 mil votantes. Entonces, mientras la ciudadanía mira hacia otro lado, preocupada por el surgimiento de esta nueva variante, de Covid-19 no de política, la oposición no ha aportado nada para contribuir a un nuevo proyecto de Nación ni para frenar aquello que pudiera desvirtuar el actual régimen, a pesar de haberse cubierto con la máscara de la democracia y el amor a un pueblo al que nunca ha estado interesada en conocer.

La oposición política ómicron, muta otra, otra y otra vez, se replica infructuosamente para contagiarnos con su estulticia, para invadir nuestro genoma, para ocultar su verdadera naturaleza, para meterse en nuestras células y dejarnos sin defensas borrando todo recuerdo y toda evidencia de su corrupta y pequeña manera de hacer política.

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

Comenta

📱 Únete al grupo #AstilleroInforma en Telegram y recibe las noticias

Deja un comentario