Nos urge ser el cambio. Autora: Renata Terrazas

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Reflexionando en estas vacaciones llegué a la conclusión de que nos urge saber que podemos ser el cambio. Y no, no hablo de lo que dicen los libros de superación personal ni de la creencia de que el cambio está en uno y que hay que simplemente echarle ganitas. Me refiero a la posibilidad de vernos como agentes de cambio donde, de manera colectiva, impulsemos verdaderas transformaciones en la vida pública.

Así como cada año nos planteamos adelgazar, hacer más ejercicio, titularnos, leer más libros, viajar o ahorrar, deberíamos plantearnos al menos un objetivo de acción colectiva o de incidencia pública. No necesariamente tendría que ser acabar con la corrupción, quizá esté más en nuestras manos y sea más directa la posibilidad de mejorar algún servicio público de la colonia o mejorar algún cruce vial.

Por años hemos creído que lo público es de responsabilidad de los gobiernos, que no es nuestra competencia y que no podemos hacer mucho, sin embargo, existen varias experiencias de grupos de colonos, organizaciones civiles o simplemente gente con intereses similares que generan importantes cambios en las zonas donde viven.

Desde mejorar una escuela, atender un comedor comunitario, ayudar en un albergue de migrantes hasta impulsar mecanismos de rendición de cuentas de un municipio o una alcaldía o vigilar el presupuesto, son muchas las formas en las que las personas que habitamos un lugar podemos intervenir y ayudar(nos).

El punto central está en considerarnos agentes de cambio, si no lo pensamos así y creemos que todo está perdido, que todos son corruptos y que no hay forma de lograr ningún cambio, estamos condenados a perpetuar la pobreza, desigualdad, la corrupción y la inseguridad.

Quiero insistir que no necesariamente intervenir en la vida pública debe significar un objetivo tan amplio que ni los propios gobiernos puedan hacerlo en el corto plazo. Algo tan sencillo como lograr mejorar una vialidad o que se abastezca de medicinas alguna clínica son cambios que pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte para algunas personas.

Este año yo me he propuesto hacer que las autoridades de mi ciudad, la CDMX, volteen a ver un paradero de camiones infame para los usuarios. Casi diariamente camino por esa zona y son terribles las condiciones para quienes esperan abordar el camión que los lleve a casa en un trayecto de hasta 3 horas, que deban hacer fila debajo de la banqueta, que no puedan resguardarse de la lluvia o que deban cargar a personas con poca movilidad porque es imposible encontrar un lugar para una silla de ruedas.

No sé si lo lograré, no sé si siquiera podré hacer que me tomen en cuenta de manera seria o incluso que se designe un mínimo de recursos para atender lo que yo veo como un gran problema. Lo que sí sé es que en el camino se sumarán otras personas, que dejaremos de estar centrados en nosotros mismos para trabajar en un bien público y que si de esto no sale nada al menos pudiera ser la base para que algunos de quienes participen logren más adelante algo importante.

Así que, ¿qué tal si sumamos otro propósito de año nuevo y buscamos un cambio en nuestra ciudad?

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