Nobleza obliga, diría AMLO a Donald Trump. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Imagen ilustrativa. Foto: Gobierno de México.

Por: Ivonne Acuña Murillo.

Diversas son las interpretaciones que se derivan de la visita del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), al primer mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump. Igualmente, de diferentes maneras puede interpretarse lo dicho por López Obrador, en los Jardines de la Casa Blanca.

Dos de sus expresiones fueron retomadas por la opinión pública mexicana de manera relevante, a saber:

“Algunos pensaban que nuestras diferencias ideológicas habrían de llevarnos de manera inevitable al enfrentamiento. Afortunadamente, ese mal augurio no se cumplió y considero que hacia el futuro no habrá motivo ni necesidad de romper nuestras buenas relaciones políticas y la amistad entre nuestros gobiernos”.

Y

“Usted no ha pretendido tratarnos como colonia, sino que, por el contrario, ha honrado nuestra condición de Nación independiente. Por eso estoy aquí, para expresar al pueblo de Estados Unidos que su presidente se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto. Nos ha tratado como lo que somos un país y un pueblo digno, libre, democrático y soberano”.

“Fantástico, hermoso señor presidente”, dijo Trump al final del discurso de AMLO.

El primer párrafo, por supuesto, no desató pasiones ni enfrentamientos ardientes en los medios de comunicación, aunque sí extrañamientos en relación con la “rara” amistad entre dos gobernantes con orígenes, trayectorias y experiencias políticas tan diferentes.

La incredulidad desplazó a la certeza, se diría casi “esperanza” de muchos malquerientes, de que Trump hiciera un desaire a AMLO. Se esperaba que, como “chivo en cristalería”, Trump arremetiera contra AMLO, desde lo más mínimo como un gesto o un jalón de manos, hasta una crítica o petición desmedida en relación con la frontera, los migrantes o la economía, pasando por algún desplante grosero como entrar primero, no mirarlo al hablar o negarse a darle la mano.

Se temía que le ocurriera algo parecido a lo sucedido a algunas de las víctimas del impredecible carácter de Trump. Uno de ellos fue el primer ministro de Montenegro, Dusko Markovic, a quien Trump empujó en una reunión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que tuvo lugar en Bruselas en mayo de 2017, en su intento por acercarse al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg y salir en la foto.

Otro desaire lo hizo en la misma Casa Blanca, el 17 de marzo de 2017, cuando ni más ni menos que una de las mujeres más poderosas del mundo, la canciller alemana Angela Merkel, le preguntó si deseaba darle un apretón de manos y él prefirió mirar hacia otro lado. Todo ocurrió en el Salón Oval, donde la prensa internacional esperaba el protocolar estrechón para tomar las fotos acostumbradas.

Una víctima más fue Nancy Pelosi, líder de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, a quién a inicios de febrero de 2020, Trump dejó con la mano extendida al entregarle el Discurso del Estado de la Nación que daría minutos después, mismo que Pelosi rompió en señal de desaprobación.

Después de estos eventos, la expectativa de alguna ofensa en contra de AMLO fue uno de los temas a tocar en todas las mesas de debate.

Verdaderamente, no se sabe qué detuvo a Trump para comportarse de la misma manera con AMLO, más aún, qué le llevó a tratar con tanta deferencia al presidente mexicano y a elogiar sus palabras y declararle su amigo. Pero, esa es una interrogante que se explorará en otra colaboración.

Si el párrafo mencionado no levantó gran revuelo, si lo hizo el segundo. Hubo quien se sintió ofendido, dolido, burlado cuando López Obrador habló de la supuesta “gentileza” y “respeto” mostrados por Trump hacia el pueblo de México. No podía ser de otra manera, cuando, por el contrario, los ataques de Trump hacia los mexicanos, migrantes en especial, han estado a la vista de todo el mundo.

Otros asumieron que estas palabras fueron innecesarias, que estuvieron de más, que el discurso del presidente de México había sido perfecto hasta ese momento. Se dijo incluso, en medios tradicionales y redes sociales, que el primer mandatario se había excedido en sus elogios a Trump.

La pregunta aquí es entonces ¿cuál fue la razón que llevó a AMLO, un político experimentado, antisistema, confrontativo, que incluso en la campaña presidencial de 2018 había prometido enfrentar a Trump, a hacerlo objeto de tantos elogios?

Por supuesto, las respuestas a este cuestionamiento se multiplican. La más obvia y grosera es aquella que lleva a pensar que el presidente de la República “se lanzó a los pies” del presidente del aún país más poderoso del mundo, siguiendo la costumbre entreguista de administraciones pasadas.

Se podría sostener también que Trump tiene a México en un puño y que ha sido capaz de convertir al país en el muro fronterizo que necesitaba, para disminuir el número de migrantes que ingresan a Estados Unidos.

Más fácil es afirmar que Trump obligó a López Obrador a visitarlo para levantar su campaña hacia la reelección al frente de la Casa Blanca y que, al verse comprometido, AMLO se deshizo en alabanzas pactadas previamente.

Las hipótesis pueden continuar por la misma línea, hasta llegar al extremo de suponer que AMLO y Trump se estiman de verdad y que la amistad que pregonan es verdadera.

Pero, la interrogante persiste, ni López Obrador ni Trump son jóvenes novatos o inexpertos en el ámbito de los medios, los símbolos y el poder. Por lo que, si la intención de Trump se transparenta en el marco de su campaña por la reelección, no es así en el caso del mandatario mexicano, de quien se desconocen las verdaderas razones de tal visita.

Se podría decir que, lo central fue, cómo él mismo verbalizó, celebrar la puesta en ejercicio de un tratado de libre comercio, el T-MEC, en el marco de la grave crisis económica propiciada por la pandemia del Covid-19 y la necesidad imperiosa de reactivar la economía mexicana. Bien, vaya y pase.

Es posible argumentar también que López Obrador buscó el apoyo del presidente de Estados Unidos en contra de los ecos golpistas que, aunque débiles, han resonado en el país, sabedor del papel protagónico que en esa materia han jugado gobiernos estadunidenses anteriores.

Igualmente, es posible avanzar la idea según la cual López Obrador apoya a Trump en su reelección sumando, frente a la comunidad hispana, su fuerza moral y simbólica a la fuerza fáctica de este, a cambio de ser apoyado para que no le sean puestos más obstáculos (aranceles, presiones financieras, etc.) para poder concretar el prometido cambio de régimen.

Sin embargo, sea cual sea la respuesta o respuestas correctas, lo cierto es que no alcanzan para explicar lo excesivo de frases como “se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto”, a menos que sólo hagan referencia al mismo AMLO y no al pueblo de México.

En este punto, bien se podría sugerir una hipótesis, la cual puede condensarse en la antigua expresión “nobleza obliga”.

Esta frase hace alusión a un comportamiento anclado en el respeto a ciertas convenciones sociales y cualidades morales como honradez, lealtad, honestidad y distinción. A hacer honor a las condiciones de nacimiento, como afirmará el moralista y ensayista francés Joseph Joubert, “La nobleza es una dignidad que se debe a la presunción de que nosotros haremos bien porque nuestros padres hicieron bien.”

Más aún, para implicar que, con la riqueza, el poder y el prestigio vienen responsabilidades ineludibles. Pero ¿de qué prestigio se habla en el caso de una persona como Trump, conocido exactamente por lo contrario? Por sus groserías, desplantes, excesos, omisiones recurrentes en relación con toda norma, protocolo o convención social.

Es justo aquí, entonces, que se hace necesario pensar al revés y sostener que el presidente mexicano no alabó a Trump mintiendo, con toda intención, sobre aquello que no ha hecho, sino pensando en lo que debería de hacer, de cara al propio pueblo estadunidense, al que López Obrador quiso hacer patente “el buen trato” de su presidente hacia México.

Esto es, López Obrador a quien no se puede acusar de los “pecados” cometidos por su homólogo, en una estrategia que podría catalogarse como de “economía moral”, dejó en la mente de Trump aquellas ideas a partir de las cuales se le podría pedir comportarse con México y los mexicanos de acuerdo con la “nobleza” que su poder, privilegios y riqueza obligan.

Es como firmar un pacto entre caballeros, al reconocer a Trump como amigo de México, “un pueblo digno, libre, democrático y soberano”, AMLO busca impedir, en los hechos, no tanto en los discursos, aquellas medidas que, el presidente de los Estados Unidos pudiera instrumentar en contra de México.

Como muestra, un botón: un día después de la visita de AMLO a la Casa Blanca, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que crea una comisión de asesoría que se encargará de mejorar el acceso de los hispanos a oportunidades económicas y educativas. 

IVONNE ACUÑA MURILLO

ARTICULISTA

Prensa Ibero y Revista Zócalo

ARTÍCULOS PUBLICADOS

25 académicos y más de 250 periodísticos

COLUMNISTA INVITADA 

El Economista, El Universal, Milenio Diario, Excélsior, The Huffington Post México y La Silla Rota.

Deja un comentario