No hay informe sin mentiras ni sin tontos que las aplaudan. Autor: Venus Rey Jr.

Algunos de los momentos más dramáticos de nuestra historia los vivimos con un presidente frente al congreso diciendo que todo iba de maravilla y que nunca el país había tenido un gobierno tan responsable y tan capaz.

Acuérdese del informe de Díaz Ordaz de 1969, asumiendo la responsabilidad de la matanza de Tlatelolco bajo el aplauso estridente de los legisladores priístas. Qué espectáculo tan horroroso: los legisladores priístas ovacionando de pie esta inhumana carnicería.

Acuérdese del informe en el que López Portillo lloró, se disculpó con los desposeídos y marginados de México, dijo que defendería el peso como un perro y nacionalizó la banca, todo bajo el aplauso y la complicidad, yo diría abominable, de los legisladores priístas. Aplaudieron como focas. Muchos de ellos, años después, repetirían como legisladores y con el mismo servilismo que aplaudieron la nacionalización de la banca de López Portillo aplaudieron lo contrario, es decir, la privatización de la banca de Salinas de Gortari.

Acuérdese de los informes de Echeverría, De la Madrid, Salinas y Zedillo. Habrían hecho sentir estúpidos a los gobiernos de Japón, Suiza, Noruega, Finlandia y Alemania. En México todo iba bien, a pesar de los terremotos, las devaluaciones y las inflaciones galopantes, a pesar de los asesinatos políticos, la corrupción nauseabunda de familiares, el narcotráfico, la desigualdad, la miseria de millones, la aparición de grupos insurgentes, los errores de diciembre y de todos los meses y días del año, a pesar de las matanzas de Aguas Blancas, Acteal, y tantas y tantas cosas más que son imposibles siquiera enumerar.

Estos hombres sin escrúpulos salían a lucirse pornográficamente el 1 de septiembre, el día del presidente, el día de la apoteosis. Daban rabia sus cinismos y la actitud agachada y cómplice de los legisladores priístas que todo, absolutamente todo, les aplaudían.

Esas bandas presidenciales en el pecho, como tiras del merengue de un chirriante pastel, el dorado del águila, el himno nacional, el manido saludo de “honorable congreso de la unión” –una burla, porque de honorable no tenía nada–, y la obligada referencia al artículo 69 de la constitución; porque eso sí, todos eran muy celosos y respetuosos de observar y cumplir la constitución cuando estaban todos juntos esos primeros de septiembre: ministros de la suprema corte, diputados y diputadas, senadoras y senadores, el gabinete completo… todos juntos en el informe del presidente. Uno ve esos videos –tanta complacencia, tanta simulación– y dan ganas de romper el aparato televisor. ¡Qué espectáculo tan indigno, grotesco, ridículo! ¡El culto a la auto-masturbación pública!

Y después llegó el PAN. Como ya ni siquiera dejaron entrar a Fox a la cámara de diputados, se les ocurrió a los panistas hacer su propio informe, con amigos e invitados, en otra sede –¿qué tal el auditorio nacional, o el mismo palacio nacional?–, con cocktail y fiesta, para que les aplaudieran como los priístas ovacionaban a sus presidentes. ¿Acaso eran menos que un Zedillo, un Salinas, un Hurtado, un López, un Echevería, un Díaz, un otro López, un Ruiz, un Alemán, un Ávila o un Cárdenas cualquiera? No. Claro que no. Si en el congreso de la unión no daban chance de hacer la apoteosis, no problema, había que hacerla en otro lado, que ningún aguafiestas les iba a frustrar la diversión.

El espectáculo siempre era el mismo: un presidente que se pensaba y se creía el mejor de la historia diciendo que el país iba mejor que nunca, que el crimen organizado cada vez tenía menos espacios de acción –mientras el secretario de seguridad pública trabajaba para un cártel–, que la economía iba flamboyante (pronunciemos en francés, para que se oiga más elegante y para recordar a la injustamente encarcelada Florence Cassez: flam-bwa-yá), que eran valientes y honestos. Y de Peña ya ni hablemos. Aún no puedo creer que haya regresado el PRI en 2012. De ese tamaño es la renuencia y la animadversión del pueblo mexicano hacia la historia.

Ahora tenemos un presidente que es muy aficionado a estos informes. Ya no sé cuántos lleva, pero son varios. El último no lo pudo hacer como hubiese querido, pues la pandemia obliga a la distancia social, pero también hubo mentiras, banda militar, himno, honores a su persona, pompa, circunstancia y el lábaro patrio (¿o quizá el avaro patrio?). No podía faltar la ovación de pie. En fin, todo lo que suele haber el día del presidente.

Parece que ningún presidente puede resistirse al 1 de septiembre, a los honores que se le rinden ese día y a la mención de que no es solo el presidente del estado mexicano, sino el jefe del gobierno federal, el comandante supremo de las fuerzas armadas, el amado líder, el mero-mero, el preciso, el mandamás. Todo ese debe sonar como música para los mundanos oídos de quienes han ocupado ese cargo desde que se estabilizaron los sexenios, allá en 1934. ¿Sigue haciendo falta todo esto? ¿No es hora ya de desacralizar al presidente? ¿Honores a su persona, como vil emperador romano?

Ya es hora de que México piense en erradicar el sistema presidencial y sustituirlo por un gobierno parlamentario. Que tampoco va a ser la panacea, no seamos ingenuos, pues este país es un desmadre y parece que no tiene solución. Sí es claro, al menos para mí, que uno de los principales factores de que este país tan rico esté así de pobre, con tanta desigualdad, injusticia, violencia y corrupción, es el sistema presidencial, esa “alta investidura” por la cual los políticos son capaces de traicionarse y vender sus almas al diablo. ¿La patria es primero? ¡Sí, cómo no!

Venus Rey Jr.
Venus Rey Jr.

Compositor de música sinfónica, escritor, ensayista y académico. Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Filosofía por la Universidad Anáhuac. Su obra musical ha sido presentada en Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, Ucrania, Austria, Argentina, Perú y México. Ha grabado diez discos de sus composiciones y publicado dos libros de narrativa, tres volúmenes de poesía y diversos ensayos jurídicos y filosóficos en revistas especializadas de la Universidad Iberoamericana, el ITAM y la Universidad Anáhuac. Es colaborador de Grupo Fórmula. Escribe en el diario El Economista y en las plataformas digitales de los periodistas Eduardo Ruiz Healy y Julio Hernández “Astillero”.

2 COMENTARIOS

  1. Para poder hacer creíble el artículo y así tratar de englobar todos los frentes el título debió quedar como “No hay informe sin mentiras ni sin tontos que las aplaudan…ni sin resentidos que reclamen.”

  2. Estimado Venus, el primero de septiembre ha quedado instituido como el día del presidente. Catastrófico hecho ya que es un servidor público, sus antecesores si bien han expresado que es solo un día para rendir cuentas, éstas son “verdades disfrazadas” (de donde vengo les decimos mentiras) que intentan vanagloriar sus acciones por más estúpidas que sean. Me queda claro que el presidente no tiene ni la primera ni la última palabra y puedo vivir con eso, lo que no puedo tolerar es que se pida rendir honores al jefe del ejecutivo. Se rinde honores a la bandera, a nuestros símbolos patrios, mas no al servidor público. O acaso no ha entendido el significado de Presidente?

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