Inicio Opinión Muerto el T-MEC, viva el neo proteccionismo. Autor:  Felipe León López

Muerto el T-MEC, viva el neo proteccionismo. Autor:  Felipe León López

Felipe León López

Se nos acabó el Mundial organizado por México, Estados Unidos y Canadá… y una serie de hechos de la agenda trilateral ha venido a recordarnos que las sonrisas del domingo fueron apenas de cortesía. Sentencian a cadena perpetua a Ismael “El Mayo” Zambada; nos rebotan oficios diplomáticos para evadir la responsabilidad del ICE en el asesinato de connacionales en Estados Unidos; y esta semana inicia la ronda definitiva de negociaciones del T-MEC, justo en la conmemoración en que fue asesinado el general Francisco Villa, el guerrillero mexicano que incursionó en territorio estadounidense y burló a su propio ejército sin que lo pudieran atrapar.

Hay demasiados simbolismos alrededor de una nueva agenda trilateral en construcción. Paradojas de la vida: Claudia Sheinbaum, Donald Trump y Mark Carney, anfitriones del primer torneo internacional de futbol trinacional —que, a decir de los expertos, fue el mejor en su historia—, ahora podrían protagonizar el punto final, o cuando menos los puntos suspensivos, del acuerdo comercial más grande del mundo y el de mayor impacto social, económico y cultural para la región: el que nació como Tratado de Libre Comercio de América del Norte y desde 2018 conocemos como T-MEC.

Para los mexicanos, este tema no es menor: es quizá el de mayor trascendencia económica de las últimas tres décadas. De 1994 a 2018, el país experimentó, con tropiezos y asegunes, un crecimiento sostenido en el centro y norte del territorio, el México del TLCAN. Desde 2018, con Andrés Manuel López Obrador, la apuesta fue que ese halo de empleos, desarrollo industrial y generación de divisas llegara también al sur-sureste, la región históricamente más rezagada.

Tan fuerte fue esa apuesta que López Obrador intentó una reingeniería del Plan Puebla Panamá para llevar recursos y compromisos de inversión del TLCAN a Centroamérica. Pero aquello terminó siendo más deseo que política efectiva: su gobierno impulsó el Tren maya y apenas recibió apoyo para el Tren Interoceánico, pero en los demás programas no se construyeron las condiciones ni se obtuvo el respaldo financiero y político necesarios de Estados Unidos y Canadá.

Con la segunda llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos y el interés por revertir la grave crisis económica, de empleo e industrial de su país, su proyecto se funda en recuperar capitales industriales que salieron a otros países, como México, coaccionar a inversionistas con política arancelaria y poner a revisión a fondo, que implica cambios sustanciales, en la relación comercial con los dos socios principales del mercado más grande del mundo.

Y así, el impacto ha sido paulatino y negativo para nuestro país y el canadiense, al grado que se han estado trabajando acuerdos bilaterales y otras opciones del comercio global, siendo China el principal atractivo de nuestras economías, pero también la principal amenaza para los Estados Unidos.

Por lo pronto, la estrategia da algunos resultados a la política trumpista, como que la industria automotriz, que por años del TLCAN fue pilar de México, ha mudado lentamente su inversión a los Estados Unidos hasta un 80 por ciento, algo así como 350 mil millones de dólares entre 2018 y 2025, dejándonos compromisos por apenas el 12.3 por ciento, poco más de 55 mil millones de dólares.

Gran preocupación, sin duda, porque de continuar esta tendencia estaríamos en la antesala del fin del tratado comercial o el inicio de una nueva etapa, bajo condiciones de todo tipo: comerciales, de política interna, de carácter judicial, medioambientales y geopolíticas que pesaría tanto como la certificación antidrogas que es el otro gancho con que pretenden someter a nuestro país a los caprichos del actual bloque de poder de los Estados Unidos.

La revisión del T-MEC sube de intensidad luego del cierre del Mundial de Futbol y el zapateado ahora será sobre la mesa, donde, la delegación de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos querrá imponer sus condiciones sobre el mercado de acero, aluminio, automóviles, agricultura y posibles vacíos regulatorios del tratado. En esto, el factor China se convierte en el punto central de la negociación: el gobierno estadounidense quiere forzar el cierre de las importaciones de la nueva y ascendente potencia asiática, mientras sigue apretando con más gravámenes y reglas restrictivas que elevan costos y reduce la competitividad.

Para México las condiciones se complican, porque los datos duros no nos favorecen: el consumo interno se debilita, disminuyen los registros patronales y de empleos formales, el país pierde participación relativa en la inversión automotriz regional y la calentura pre -pre- electoral por el 2027 tiene a la clase política entretenida en sus campañas. Y por si fuera poco, los conflictos en Medio Oriente tienen a los petroprecios en una burbuja de subidas y bajadas, obligando a Hacienda a prolongar los estímulos fiscales para contener el impacto sobre hogares y empresas.

Así las cosas, en este convulso mes de julio, y todavía atravesado por la tristeza de los resultados del Mundial, la realidad nos da una cachetada de ubicatex: Estados Unidos no renovó automáticamente el T-MEC por un periodo adicional de 16 años —es decir, hasta 2042—, sino que condicionó su continuidad a la cláusula de revisión del tratado y forzó un esquema de negociaciones y revisiones anuales. Pero algunas oficinas parecen no entender la gravedad y decretan brazos caídos, trabajo a medio gas y de plano vacaciones para retrasar más la dinámica económica.

La mesa de este día inaugura una etapa de proteccionismo negociado e incertidumbre comercial permanente en la región, porque si bien el T-MEC seguirá vigente hasta julio del 2036, esas revisiones anuales sólo funcionarán a razón del beneficio de los Estados Unidos. Por lo pronto, tanto China como la Unión Europea parecen ser dos ventanas o rutas de escape con las que tendrán que trabajar los capitales mexicanos para revertir los efectos del trumpismo.

Contacto: feleon_2000@yahoo.com

Felipe León López
Felipe León López

Analista político, egresado de la FCPyS UNAM, con especialidad en estudios prospectivos. Es coautor de El Video poder en México (1995), Una Historia hecha de Sonidos (2004), Historia y Remembranzas de Radio Educación (2008) y Días de Radio (2017). Ha sido colaborador de portales, diarios y revistas de cultura, política y educación. Contacto feleon_2000@yahoo.com X: @FelipeLeonLopez

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