Políticos mexicanos, Cavazos Lerma y Monreal, misóginos de clóset
Por: Ivonne Acuña Murillo
Cuando creemos que por tener a la primera mujer presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, hemos dado un salto cuántico dejando atrás siglos y siglos de misoginia y machismo no falta el político mexicano que nos recuerda no bajar la guardia pues los políticos de clóset, contundentemente misóginos, están al acecho esperando la primera oportunidad para salir. A ellos se suma otra especie, la de aquellos que sin ser abiertamente machistas no tienen empacho en usar a las mujeres para mantener vigentes los pactos masculinos. A la primera especie pertenece el exgobernador de Tamaulipas Manuel Cavazos Lerma y, a la segunda, el diputado del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) Ricardo Monreal Ávila, líder de la bancada morenista en la Cámara de Diputados. Entre otros.
El primero, Cavazos Lerma tuvo a bien defender el apoyo dado por la bancada del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la Cámara de Diputados para que no procediera el desafuero en contra del exfutbolista y diputado federal de Morena Cuauhtémoc Blanco Bravo respecto de la acusación que pesa en su contra por intento de violación de su media hermana, Nidia Fabiola Blanco. Lo anterior no es de sorprender, un hombre defendiendo a otro hombre de las acusaciones de una mujer es una conducta “entendible” en el marco de una sociedad machista, misógina y sexista. Pero, no se conformó con eso quien hasta el lunes 31 de marzo se desempeñó como Secretario de Operación Política del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Se dice que “el pez por la boca muere” y el exgobernador de Tamaulipas (1993-1999) no tomó las previsiones debidas para no “abrir la boca y morir como el pez” del dicho popular.
En la fecha mencionada, en un evento del PRI con el logo del partido a sus espaldas ubicado abajo de la frase “A Tamaulipas le ha ido mejor con el PRI”, tuvo a bien comentar, después de la defensa de su congénere masculino, que “… en un país democrático, todos son inocentes hasta que se les compruebe lo contrario. Entonces a Cuauhtémoc primero tienen que probarle pues que intentó violar a la hermana, que no está muy violable que digamos.” Sí, como lo escuchas, de acuerdo con el priista debemos asumir que existen “unas mujeres más violables que otras”, frase que nos lleva a concluir que existen algunas a las que de plano “se les haría el favor al violarlas” o, en su defecto, no tendrían “ese privilegio”. Tan arraigado es el machismo de Cavazos Lerma que sin darse cuenta de las implicaciones de lo que había dicho siguió hablando como si nada. Quienes no quedaron impávidos fueron dos militantes priistas situades atrás del exsecretario del PRI: un él que volteó a mirar a una ella como diciendo “¡Zas!, ¿oíste lo que dijo?”,
Quien sí captó rápidamente que semejantes palabras perjudican a la marca “PRI”, ya de por sí bastante desprestigiada, fue su dirigente nacional, el senador Alejandro, “Alito”, Moreno Cárdenas, que más veloz que raudo destituyó de su cargo al interior de su partido a Manuel Cavazos, afirmando que: “Las declaraciones que realizó el exgobernador son inaceptables y no representan los valores del PRI”. Aprovechó para enviar el mensaje contrario al nombrar en el mismo puesto a Alejandra Andrade, quien se desempeñaba como subsecretaria en la Secretaría de Organización del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI.
Pero no se piense que es la primera vez que algo como esto es dicho por un político priista. En septiembre de 2014, Alejandro García Ruiz, exdiputado del PRI en Chiapas, declaró en una estación de radio, en el programa “La Chorcha” que co-conducía con el expresidente de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) Edmundo Olvera Cantera, de lunes a viernes por el 90.7 de FM: “Todas las leyes tienen lagunas, y como se dice desgraciadamente, ‘las leyes como las mujeres se hizo (sic) para violarlas’”. García Ruiz también se desempeñó como regidor en el Ayuntamiento de Tapachula y Secretario General en Chiapas de la Confederación Nacional Campesina (CNC) (Édgar Hernández, “Lanza ex funcionario comentario misógino”, Reforma (edición impresa), 19 de septiembre de 2025).
Enseguida me permitiré la inclusión de una larga cita que permite ejemplificar a la perfección a los políticos de la segunda especie:
Con la mayoría de sus compañeros en contra, la diputada Gabriela Jiménez, vicecoordinadora de Morena en el Congreso, coloca en el tablero su voto a favor de quitar la inmunidad a Cuauhtémoc Blanco, acusado por su media hermana de intento de violación. El diputado Pedro Haces, Don Bull, un tipo enorme, atraviesa el pleno del Congreso, va hacia Jiménez y la encara: “¿Tú no has entendido?”, le dice. “No solo te vamos a quitar de la vicecoordinación: te vamos a sacar del grupo parlamentario”. Ricardo Monreal, coordinador de los morenistas, atestigua la escena, en silencio. Detrás de Don Bull, su mano derecha, Monreal mira a Jiménez, se encoge de hombros y le dice: “Tú sabrás qué hacer”. La diputada Jiménez, muy cercana a la presidenta, Claudia Sheinbaum, siente la presión y cambia su voto: se abstiene. Cuando está a punto de abandonar el pleno, conteniendo el llanto, legisladores —hombres y mujeres— afines a Haces y Monreal comienzan a corear, en tono burlón: “¡Ya te vas!”. Ese fue el culmen de una guerra política que sofocó la rebelión de las diputadas de Morena que se oponían al blindaje de Blanco y que lideraba Jiménez. (Elia Castillo Jiménez y Zedryk Raziel, “Las mil guerras políticas de los hombres de Morena que impidieron el desafuero de Cuauhtémoc Blanco”, El País, 25 de marzo de 2025).
Esta investigación periodística concuerda con lo dicho por la diputada de Movimiento Ciudadano (MC), Laura Ballesteros, en entrevista con Gabriela Warkentin en la emisión matutina de noticias “Así las Cosas”, del 28 de marzo. Ballesteros sostuvo que el día de la votación para iniciar el proceso de desafuero en contra de Blanco Bravo: se presionó “a las mujeres del oficialismo” a las que “no las dejaron salir hasta que no les dieron los números y las hicieron votar una y otra vez”, a fin de no desaforar a Blanco”.
“Esto (sostuvo Ballesteros) tuvo una carga de violencia de género (…) primero hacia la víctima que denunció, que tuvo la valentía, que tiene todo nuestro apoyo y sororidad y que estaba buscando y exigiendo justicia. Después una carga de violencia política de género hacia las víctimas en general porque el mensaje que manda es durísimo, durísimo en el sentido en que además no sólo se negaron a quitarle el fuero a un diputado acusado de presunta violación, sino además eh… lo protegieron, le lavaron la cara y todavía lo alzan en hombros para que tuviera la última palabra durante la discusión lo suben ilegalmente a la Tribuna. Mira le lavan la cara (…) presionando a las mujeres del oficialismo para que apoyaran el dictamen (contra el juicio de desafuero). En la mañana ellos dicen que era voto en libertad, eso no es verdad, en la mañana (…) en la sesión previa de Morena no salieron de ahí, no las dejaron salir hasta que no les dieron los números y las hicieron votar a mano alzada una y otra vez, ahí presencialmente, para ver quién estaba atreviéndose a votar a favor y quién en contra”.
Igualmente, el testimonio de la diputada María Teresa Ealy, una de las más críticas de que Blanco conservara el fuero, permite dar crédito a lo que se dice pasó durante la votación: “Se nos exhibió, se nos hizo votar a mano alzada para ver qué diputadas estábamos en contra y quiénes a favor”. De las 146 diputadas de Morena, 60 o 70 íbamos a votar en contra”. Por lo anterior, se entiende que Monreal buscara apoyo en el PRI. Trascendió que: “Habló con Rubén Moreira, jefe de los priistas, y lo convenció de votar con la mayoría morenista, con el argumento de que la Fiscalía de Morelos había enviado un ‘expediente vacío’”. (Elia Castillo, El País). Como en toda negociación se debe ofrecer algo, al parecer se intercambió el apoyo a Blanco por el apoyo a “Alito” Moreno, de manera que ninguno de los dos pasara por un proceso de desafuero que los obligara a rendir cuentas ante la justicia: el primero por agresión sexual, el segundo por corrupción y enriquecimiento ilícito.
Después de tales presiones, cínicamente, Blanco “agradeció” a las diputadas y diputados que lo apoyaron y Monreal, ante los testimonios que acusan presión en contra de las legisladoras morenistas, negó tres veces, como San Pedro a Jesús, que tal cosa hubiere tenido lugar. Primera negación, rechazó haber presionado a los miembros de la Sección Instructora de la Cámara de Diputados para elaborar el dictamen que desecharía el proceso de desafuero, “ya están bastante grandecitos” para decidir qué hacer, sostuvo. Segunda negación, previo a que se votara el dictamen para decidir si procedía o no el proceso de desafuero Monreal afirmó que: “A todos y a todas las mujeres las respetamos y las queremos mucho. Con nadie he hablado, cada uno tiene su propio criterio”. Cuando la reportera le pregunta si existe coerción, niega con la cabeza y la voz y dice “ninguna”. Tercera negación, en una entrevista desde la sede de la Cámara de Diputados, Monreal Ávila negó que Morena y el PRI hubieran logrado un acuerdo bajo el agua para beneficiar al exgobernador Cuauhtémoc Blanco y al dirigente nacional del tricolor Alejandro Moreno. “Por el contrario, (aseguró) en el Congreso se vale coincidir”.
Dadas las críticas expresadas en contra de las mujeres morenistas que votaron para desechar el proceso de desafuero contra Blanco, Monreal declaró: “No me parece justo la guerra sucia que se ha desatado contra ellas por haber votado en favor del dictamen que había sido un acuerdo del grupo parlamentario. Claro, se aprovecha la coyuntura para atacar a Morena y algunas convertirse en ‘heroínas temporales’. Ta’bien (afirma condescendiente) no hay reclamo”. Este pequeño párrafo denota tres cosas: primero, calificar de guerra sucia los comentarios negativos contra las mujeres que “en tiempo de mujeres” votaron en contra del derecho a la defensa de una mujer que acusa haber sido víctima de agresión sexual, lo contrario habría sido felicitarlas por hacerlo; segundo, reconocer la existencia de un acuerdo del grupo parlamentario para defender al exfutbolista; tercero, el permiso condescendiente que “otorga” a las que llama “heroínas temporales” el permiso para asumir dicho carácter, lo que provoca, dice, ataques en contra de Morena, esto último es una manera de desviar la atención hacia el partido más allá de las acciones reprobables de liderazgos como el suyo.
Pero, ¿quiénes son esas “heroínas temporales”. Veintidós legisladoras de Morena resistieron a las presiones del grupo parlamentario y votaron en contra del dictamen, vayan aquí sus nombres: Mildred Concepción Ávila Vera, María del Carmen Bautista Peláez, Rufina Benítez Estrada, Anais Miriam Burgos Hernández, Katia A. Castillo Lozano, María Teresa Ealy Díaz, Claudia García Hernández, Evangelina Moreno Guerra, Alma Delia Navarrete Rivera, Beatriz Andrea Navarro Pérez, María Fabiola Karina Pérez Popoca, Claudia Rivera Vivanco, María Magdalena Rosales Cruz, María de Jesús Rosete Sánchez, Alma Laura Ruiz López, Magda Erika Salgado Ponce, Nancy Guadalupe Sánchez Arredondo, Olga Sánchez Cordero, Gloria Sánchez López, Julieta Kristal Vences Valencia, Xóchitl Zagal Ramírez, Marisela Zúñiga Cerón. Tres diputados de Morena también resistieron: Agustín Alonso Gutiérrez, Juan Ángel Flores Bustamante, Gilberto Herrera Solórzano. (Desafuero de Cuauhtémoc Blanco: ¿qué diputados votaron a favor y quiénes en contra?”, Milenio Política, 25 de marzo de 2025).
Podría pensarse que lo dicho por Cavazos Lerma y las presiones de Monreal y Pedro Haces en contra de las legisladoras morenistas son acciones aisladas que no construyen un contexto histórico de resistencia al avance de las mujeres. ¡Oh desilusión! Sobra evidencia para desmentir esto y afirmar que en la política mexicana la misoginia y el machismo siguen a la orden del día. Sirvan algunos ejemplos.
Al salir de una reunión política se preguntó a Diego Fernández de Cevallos qué pensaba de la participación política de las mujeres a lo que respondió: “El viejerío a su casa” (1994). Jorge Hank Rhon, hijo de Carlos Hank González, en campaña a gobernador por Baja California, afirmó: “Mi animal favorito sigue siendo la mujer” (2007). Ulises Ruiz Ortiz, exgobernador de Oaxaca: llamó “¡pendejas!” a Mane Sánchez y a Margarita Zavala, esposas de Gabino Cué y de Felipe Calderón, respectivamente, a sólo dos semanas de las elecciones en Oaxaca (2010). Kiko Vega de Lamadrid, exgobernador de Baja California, dijo a las mujeres: “Ustedes son lo mejor que nos ha pasado. Están rebuenas todas para cuidar niños, para atender la casa, para cuando llega uno, y haber mijito, las pantuflitas” (Día Internacional de la Mujer) (2015).
Los expresidentes no se quedan atrás. Siendo presidente Vicente Fox Quesada dijo “El 75% de los hogares de México tienen una lavadora, y no de dos patas o de dos piernas, una lavadora metálica” (2006). Peña Nieto diciendo “No soy la señora de la casa” cuando le preguntaron por el precio del kilo de tortilla en plena campaña por la presidencia de la República (2012). Otro expresidente, Felipe Calderón, preguntó, vía Twitter, si ¿Delfina es nombre propio? ¿O así le dicen por cómo la trata quien la nombró y es su jefe?, en clara referencia a la maestra Delfina Gómez en su primer intento por ganar la gubernatura del Estado de México (2017).
Igualmente, el fallecido líder de autodefensas y después subdelegado médico del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE), José Manuel Mireles Valverde, se refirió públicamente como “nalguitas” y como primera, segunda o tercera “piruja” a las mujeres de los derechohabientes (2019). Marcelo Ebrard Casaubón, cuando fue Claudia Sheinbaum Pardo la elegida para ser la precandidata de Morena a la candidatura presidencial y no él, declaró al diario El País: “No nos vamos a someter a esa señora” (2023).
No puede faltar en este recuento Hilario Ramírez Villanueva, “Layín”, dos veces presidente municipal de San Blas, Nayarit, que en la segunda campaña al cargo confesó “haber robado poquito” pues su municipio estaba bien pobre, por lo que sólo le dio “una rasuradita” y que fue denunciado por desviación de recursos públicos y por ejercer violencia física en contra de su pareja. En un video grabado el 2 de marzo de 2015, cuando el alcalde celebraba su cumpleaños número 44, se observa cómo baila con una jovencita a la que levanta el vestido dejando ver su pantaleta a quienes, abajo del templete, “disfrutaban del espectáculo”.
Basten estos pocos ejemplos para afirmar que la política mexicana está plagada de misóginos de clóset, como Cavazos Lerma, Monreal Ávila y los aquí mencionados, que esperan la menor oportunidad para hacerse presentes y detener el avance de las mujeres, a querer o no.
Mirada desencantada
En unos meses, el 1 de junio, por primera vez tendrá lugar la votación para elegir a quienes se desempeñarán como ministros y ministras de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Quienes aspiran a ocupar los que desde ahora serán puestos de elección popular deberán hacer uso de sus propios recursos, evitar los actos proselitistas en foros públicos y restringirse a entregar propaganda impresa casa por casa. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Este fin de semana dieron inicio estas campañas, dándonos una probadita de lo que viene. La ministra Lenia Batres arrancó su campaña en Tlalpan afirmando que ella será la “ministra del pueblo”, aprovechando este mote con el que ya se le conoce en función de las causas que defiende. Otra ministra, Loreta Ortiz se presentó en un foro organizado por la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (Esme), en el que afirmó ser “una chulada de mujer” y que por ser recta desde pequeña le llamaban “Justita”. Una más fue Yazmín Esquivel que ofreció una plática en el Tecnológico de Estudios Superiores de Ecatepec (TecNM) en la que sostuvo será “la ministra de la transformación”.
Al ser una experiencia inédita en México se entiende que no exista una ruta a seguir que guie la comunicación política de candidatas y candidatos y que haga de sus campañas el camino idóneo para lograr los cargos que pretenden. Un buen ejemplo lo dio Arístides Rodrigo Guerrero a quien comienza a conocerse como el “ministro chicharrón”, quien se grabó en una especie de spot de campaña recibiendo de manos de una joven estudiante un chicharrón preparado como si fuera una tostada. Ella lo interrumpe cuando él está diciendo “Estoy más preparado que…” para entregarle el chicharrón diciendo “Mire profe este chicharrón se parece a usted”. Cuando “el profe” pregunta ¿por qué? un hombre joven parado junto a él dice: ¿Por qué está sabroso? A lo que ella responde: “¡Hay no!, porque está preparado”. Enseguida el aspirante a ministro ve a la cámara y dice con mucho aplomo y seguridad: “Estoy más preparado que un chicharrón para ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Cuento con doctorado, dos maestrías, especialidad en Derecho Constitucional y todos los grados obtenidos con mención honorífica en esta nuestra máxima casa de estudios, la Unam”. Cierra el video con la misma joven diciendo “hay mi chicharrón” y el otro joven “hay y mi botana”.
Una más es Dora Martínez Valero, mejor conocida como “Dora, la transformadora”. Sí, cualquier semejanza con el nombre del programa infantil “Dora, la exploradora”, es mera coincidencia. Ella aparece en un video con un poco más de producción que el grabado por el “ministro chicharrón”, que parece hecho con un celular, rodeada de expedientes a los que identifica con personas y que derriba porque “La justicia no puede seguir escondida” y debe llegar a donde siempre debió estar “cerquita de ti”.
Estos primeros intentos me recuerdan a algunos aspirantes a presidentes municipales, cuyos nombres se me escapan, que hicieron sus campañas: uno bailando por la calle vestido con un tutú rosa, otro saliendo de un sarcófago y uno más disfrazado de sacerdote.
Evidentemente, en todos los casos brilla por su ausencia la asesoría experta de cómo construir una narrativa exitosa de campaña y priva la pobre imaginación de quien cree conocer a la ciudadanía y sus posibles votantes y pretende hacerse notar con ideas simplonas, palabras vacías y lenguaje insulso asumiendo que es así como “habla el pueblo”, muy al estilo de Eduardo, “El Cachas”, Caccia, que escribiera “¡Vas, carnal!” y se dirigiera a sus posibles lectores en los siguientes términos: “Te escribo a ti, sí, tú, que te la rifas toda la semana en la chamba. Tú, que con orgullo llevas lana a tu cantón, ganada con esfuerzo.” Al cerrar esta colaboración me llegó un trascendido según el cual está corriendo una invitación al “cantón” de un nuevo aspirante quien después de la “chamba” convoca al ministro chicharrón, a Justita, a la ministra del pueblo, a la ministra que está hecha una chulada, a Dora la transformadora, que no es lo mismo que la ministra de la transformación, también invitada, para que juntes “se refinen” un chicharrón bien preparado, “se empinen” unas “helodias” y de postre “se chinguen” una charamusca o ya “de perdis” un gansito para que al terminar no se olviden que se “vistearon” y que “son arrieros y en el camino andan”.
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