Mirada desencantada | Oxígeno a la alianza “Va por México”: ¿le alcanzará para no morir asfixiada? Autora: Ivonne Acuña Murillo

Foto: Cuartoscuro.

Por: Ivonne Acuña Murillo

En costumbre se convierte en México lanzar campanas al vuelo cuando la derrota no es “tan” contundente. Marko Cortés Mendoza, líder del Partido Acción Nacional (PAN) y Alejandro Moreno Cárdenas, “Alito”, presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) asumen su triunfo electoral en Aguascalientes y Durango como el oxígeno que requieren para ganar la elección presidencial en 2024 y las nueve gubernaturas en juego. ¿Les alcanzarán estos pírricos triunfos para no morir asfixiados?

La pregunta no está de más si se tiene en cuenta que de 8 estados que el PAN gobierna, a saber: Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Guanajuato, Querétaro, Quintana Roo, Tamaulipas y Yucatán pierde, en las elecciones de este 5 de junio, 3: Durango en manos de su asociado el PRI, Quintana Roo (con 56.36% de los votos) y Tamaulipas (con el 49.99%) ganadas de manera contundente por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Haciendo una simple resta, de las 8 entidades donde aún es gobierno, solo conservará 5.

Y qué decir del PRI, de los 4 estados donde es gobierno: Coahuila, Estado de México, Hidalgo y Oaxaca, pierde los dos últimos y suma Durango al ser su candidato, Esteban Alejandro Villegas Villarreal, quien gana la entidad encabezando la alianza “Va por México”, formada por el PAN, el PRI y el Partido de la Revolución Democrática (PRD). De momento y solo durante 2022, el PRI se quedará con 3 de 4 estados. En 2023, este partido volverá a enfrentar la posibilidad de quedarse con un solo gobierno estatal, pues son altas las probabilidades de que Morena le arrebate Coahuila y el Estado de México, donde ya su candidato Alfredo del Mazo Maza estuvo a punto de perder frente a la candidata de Morena, Delfina Gómez Álvarez. No lo salvó la campana, como suele decirse, sino los votos de sus aliados de entonces el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Nueva Alianza (Panal) y el Partido Encuentro Social (PES).

A lo anterior se suma el hecho de que Del Mazo, a diferencia de sus predecesores (su tío Arturo Montiel Rojas, su primo Enrique Peña Nieto y Eruviel Ávila Villegas) perdió la votación en municipios cercanos a la Ciudad de México (CDMX), caracterizados por su densidad poblacional, y que tradicionalmente habían sido ganados por el PRI, entre otros: Ecatepec, Nezahualcóyotl, Toluca, Naucalpan y Tlalnepantla. El triunfador en 4 de estos municipios y 15 más fue Morena. (“Mapa: Lo que el PRI perdió en el Edomex con Alfredo Del Mazo”, Nación321, 12 de junio de 2017).

El avance morenista continuó en la elección de 2018 cuando Morena ganó en 50 de 125 municipios. No así en la elección intermedia de 2021, en que solo salió triunfador en 30 ayuntamientos. (Samedi Aguirre, “Morena perdió fuerza en EdoMex, pero no suficiente para que el PRI recuperara su bastión”, Animal Político, 7 de junio de 2021).

Así expuesto, los líderes de PAN y PRI celebran como un triunfo evidente no haber perdido más de lo que perdieron o, dicho en sus propias palabras, haber conservado Aguascalientes, en el caso del primero, y haber recuperado Durango, en el caso del segundo. Vaya éxito de la alianza “Va por México”, porque habrá que decirlo, por fin esta alianza, como tal, gana gubernaturas, lo cual no ocurrió en 2021 cuando de 11 estados en disputa (Baja California, Baja California Sur, Campeche, Colima, Michoacán, Nayarit, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas) perdió 11. Habría que preguntarse si de haber ido solos, el PAN y el PRI, en Aguascalientes y Durango, habrían sido capaces de retener dichas gubernaturas.

Ciertamente, hay que reconocer que la alianza fue exitosa en la CDMX y en la Cámara de Diputados en la que Morena solo pudo quedarse con la mayoría absoluta y no con la mayoría calificada que le hubiera permitido llevar a cabo las reformas constitucionales propuestas por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, en materia de energía eléctrica, asuntos electorales y en relación con la Guardia Nacional.

Por supuesto, los triunfos en Aguascalientes y Durango saltan a la vista, pero ¿alcanzan para proclamarse ganadores? ¿para burlarse del partido que les arrebató 4 gubernaturas y pensarse con posibilidades reales de ganar la presidencia y 9 gubernaturas en 2024?

No se puede negar que, en las elecciones del próximo 2024 las condiciones para Morena serán diferentes a las que ha enfrentado hasta ahora, cuando no ser gobierno ha sido una clara ventaja frente a sus adversarios políticos. En 5 de las 9 entidades que se disputarán ese año Morena llegará como gobierno en funciones: Chiapas, Ciudad de México, Puebla, Tabasco y Veracruz, 6 si se cuenta al estado de Morelos, gobernado por el PES su antiguo aliado. De las otras 3, Guanajuato y Yucatán pertenecen al PAN y Jalisco a Movimiento Ciudadano (MC). El reto para Morena y sus contrincantes será no pagar el costo por ser gobierno perdiendo dichos estados.

Pero, esto es futurismo, lo que cuenta hoy es que Morena logró hacerse con 4 estados más, que se suman a los 17 que ya gobierna (Baja California, Baja California Sur, Campeche, Ciudad de México, Chiapas, Colima, Guerrero, Michoacán, Morelos, Nayarit, Puebla, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas), ampliando importantemente su base territorial y con ello sus posibilidades de repetir en la presidencia de la República en el periodo 2024-2030. Claro, no es lo mismo ganar 6 de 6, que 4 de 6, pero el avance es innegable, por lo que nuevamente cabe preguntarse: ¿conservar un estado y ganar otro le alcanzará a “Va por México” para hacerse con más estados y ganar la presidencia en 2024? Yo diría que ¡no!, pero concedamos el privilegio de la duda.

Por cierto, no se tome a burla pero el estado que recuperó el PRI, o sea Durango, pertenece al PAN. Esto es, que “entre aliados podrán destrozarse pero jamás se harán daño”. Uno que otro “llegue” se vale ¿no? Como aquel que le diera el diputado federal Santiago Creel Miranda al PRI cuando, en un traspiés verbal (ayudado por correligionarios que le “soplaron” las siglas del antes partido hegemónico), hablara mal de su aliado, del de antes no del de ahora, pretendiendo criticar a Morena recién el pasado 3 de junio al decir que: “ni en las peores épocas del PRI, hoy nuestro aliado, pero ya democratizado…”. “Qué tropiezo” dirán algunos, “al hablar no existen los accidentes es el inconsciente que sale a flote, eso que realmente se piensa”, diría Sigmund Freud, bueno “eso digo yo que diría el más famoso psicoanalista”. Y, ¿entonces? Lo dicho por Creel puede interpretarse como: “no importa que el PRI tenga una larga cola que le pisen, ¡nos vale!, lo queremos como aliado porque solos no podemos”. No sería ocioso preguntarle a Santiago ¿qué opina del PRD, su otro asociado? Tal vez nos sorprendería con otra afirmación semejante: “lo que hoy hace Morena (¿?) no ocurría ni en los peores años del PRD”.

A quemar su pólvora en infiernitos, al fin que el oxígeno también da para eso. Pero, habría que cuestionarse sobre si las “peores épocas del PRI y los peores años del PRD” no son acaso los que está viviendo ahora en que no logran retomar el rumbo, recuperar su identidad partidista, volver a estar en la preferencia de las y los votantes. Sin proyecto de país, sin grandes ideólogos, sin líderes carismáticos, sin dirigentes capaces, sin el suficiente voto duro, carecen de todo aquello que les permitiría recuperar lo que perdieron. Y no se piense que porque el PAN es la segunda fuerza política del país, muy lejos de la primera por cierto, enfrenta un panorama muy diferente al de sus aliados.

Así que, de nuevo: ¿le alcanzarán los dos pírricos triunfos de la jornada electoral del pasado 5 de junio a “Va por México” para no morir de asfixia? No lo sé, ¿usted qué opina?

Mirada desencantada

Y mientras Morena avanza, antiguos correligionarios del presidente López Obrador buscan restarle méritos, incluso denostarlo ante la opinión pública nacional e internacional. El caso más sonado de los últimos días es el del político Porfirio Muñoz Ledo y Lazo de la Vega, quien en lugar de retirarse de la vida pública con dignidad, prefirió arrastrar su nombre por el fango y llenarse de oprobio a sí mismo al afirmar, el 2 de junio de 2022 en la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina el Caribe (Copppal), que: “El presidente va a terminar su periodo, la pista ya se le está acabando. Él piensa que puede heredar al siguiente gobierno su asociación con los delincuentes y que eso le otorga mayor poder, porque además de tener la autoridad y recursos del gobierno federal, estos se suman a los del narcotráfico, entonces no hay nada que se le pueda oponer”.

No le bastaron los escenarios nacionales para tratar de manchar la reputación y el buen nombre de AMLO a quien, como presidente de la Cámara de Diputados, entregara el 1 de diciembre de 2018 la Banda Presidencial al hoy primer mandatario, y tuiteara al día siguiente que: “Andrés Manuel ha tenido una transfiguración: se mostró con una convicción profunda, más allá del poder y la gloria” y decir en otro tuit que López Obrador: “Es un auténtico hijo laico de Dios y un servidor de la patria. Sigámoslo y cuidémoslo todos”.

¿Qué cambió en estos tres años de gobierno? ¿Qué llevó al político que se atrevió, como nunca se había hecho, a increpar a un presidente priista, Miguel de la Madrid Hurtado, a la mitad de su último Informe de Gobierno, a difamar y tratar de denigrar a quien alguna vez consideró “hijo laico de Dios”?

Memorable hubiera sido que la entrega de la banda presidencial a quien encabeza un proyecto largamente anhelado, del que se supone Porfirio formó parte, coronara una larguísima carrera política y no el lodo lanzado a la cara de quien, a diferencia suya, si logró ocupar la silla presidencial. ¡Ah vamos, he dado en el clavo!

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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