Mirada desencantada | ¿Cambió López Obrador al llegar a la presidencia? Autora: Ivonne Acuña Murillo

FOTO: CUARTOSCURO.COM

Por: Ivonne Acuña Murillo

Lo que en principio parece una pregunta retórica tiene una respuesta fáctica: por supuesto que ha cambiado si nos atenemos a lo sostenido por el filósofo griego Heráclito de Éfeso (540-484 a.C., aprox.) “nadie se baña dos veces en el mismo río”. Esto es, todo cambia y nada permanece. Ni el río ni la persona se mantienen inalterables a lo largo del tiempo. Así dicho, pareciera ocioso preguntarse si Andrés Manuel López Obrador (AMLO) cambió al llegar a la presidencia. Sin embargo, esta y otras preguntas fueron formuladas el miércoles 10 de agosto por la periodista Carmen Aristegui en la mesa de análisis del programa en vivo “Aristegui Noticias”, todas teniendo como eje un supuesto cambio profundo entre AMLO, presidente de la República, y AMLO, el opositor, en relación con el Ejército y la seguridad pública.

Durante la emisión se hizo un recuento de algunas de las frases que el mismo López Obrador, ha hecho en diversos momentos, en torno a sí la Guardia Nacional (GN) debía pasar a manos del Ejército o no, con el fin de probar la transformación del primer mandatario o, en su caso, el descubrimiento de su verdadero “yo autoritario”.

Con este objetivo, propuso Carmen a la mesa de análisis, formada por Anabel Hernández, Alfredo Figueroa y Gabriel Reyes Orona debatir en torno a “si este López Obrador es genuinamente el López Obrador que ha cambiado de opinión dramáticamente”. Nuevamente un cuestionamiento retórico que no requiere respuesta, pues la misma periodista y moderadora había dejado sentada la idea de una profunda y radical contradicción, entre lo dicho por el López Obrador opositor y el López Obrador presidente de la República en referencia a la GN.

Y para demostrarlo se buscó lo dicho por el López Obrador de 2010 quien afirmó que: “Se están violando derechos humanos, como inocentes están perdiendo la vida, no podemos nosotros aceptar un gobierno militarista. Además esto no le conviene ni siguiera a la misma institución militar. En estos últimos tres años se ha deteriorado mucho la imagen de el ejército”.

Para reforzar esta postura se citó también la larga entrevista que ya como presidente electo concedió López Obrador a Aristegui, ocasión en la que el hoy primer mandatario sostuvo que: “La gravedad del problema de la inseguridad y de la violencia […] no sabía del todo el grado de descomposición que existe en las fuerzas policiacas del país […] no tenía yo todos los elementos de que hay mucha corrupción […] en corporaciones policiacas. Entonces no puedo yo Carmen enfrentar, garantizar a los mexicanos, que es mi responsabilidad, la paz y la tranquilidad si no cuento con todos los elementos […] También te aclaro una cosa que la apuesta no todo es a la policía, al Ejército, a las medidas coercitivas […] Yo sostengo que para que haya paz, que haya tranquilidad, tiene que haber justicia”.

Lo anterior en respuesta a la propia Aristegui quien dijo “algo pasó en el camino” en torno a la seguridad y el papel del Ejército. ¿Qué pasó en ese tramo?, ¿qué cambió? insistió ella. Como remate citó las frases con las que AMLO busca hoy explicar su decisión de poner a la GN en manos del Ejército, a saber: “yo sé que es bueno”, “si tengo la razón”, “si estoy bien con mi conciencia” y “si esto es bueno para el pueblo”. Estos dichos, sostiene Aristegui, van “en sentido diametralmente distinto al López Obrador de otros años e incluso de lo que le oímos ya como candidato ganador de las elecciones presidenciales en México”.

Una vez planteado el contraste pasó la periodista a reforzar la idea de que existe más de un AMLO: el opositor, el candidato, el presidente electo y el presidente en funciones. Para simplificar, un AMLO no presidente y un AMLO presidente. ¡Qué novedad! Diría Heráclito. ¿Es acaso que se pretende que López Obrador no aprenda de sus propias experiencias? ¿que no cambié de forma de pensar? ¿qué no guie sus acciones como presidente en función de información nueva y más completa? ¿qué no se adapte a las transformaciones del propio contexto histórico?

Sin embargo, no fue esta supuesta contradicción entre un AMLO puro y prístino y un AMLO autoritario y desviado del camino la parte más fuerte de la postura de Aristegui, sino su pretensión de contraponer a un López Obrador contra otro, “AMLO vs. AMLO”. Más aún, la intención de cuestionarlo al punto de asumir que ya no es él sino que habla en nombre de otros. “¿Este que habla hoy es realmente López Obrador?, ¿este que habla hoy ya no es él sino alguien tomado por el Ejército?, ¿el que habla es López Obrador o es el Ejército hablando a través de López Obrador? Tenemos que preguntarlo”, insistió la periodista.

Grave acusación expresada en forma de preguntas y cuya afirmación contundente sería que López Obrador ha sido desalojado de sí mismo y ha sido tomado y ocupado por el Ejército. Para decirlo mejor: un López Obrador “pelele” del Ejército Mexicano, sus líderes e intereses.

Aquí cabe preguntarse, ¿por qué no se hizo el mismo cuestionamiento cuando Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, presidente autoimpuesto de México, le subió los sueldos a los soldados, sacó al Ejército a las calles y propició, tapó y minimizó todos sus excesos? ¿por qué Calderón si pudo tener una visión propia y AMLO no? ¿por qué López Obrador, uno de los presidentes más fuertes y aceptados que ha tenido México a lo largo de su historia tiene que ser justo el presidente manipulable y manipulado por las fuerzas castrenses y Calderón no?

Pasa por alto Aristegui aquellos elementos que le permitirían matizar sus posturas sobre el AMLO de antes y el de después. En la misma entrevista que hizo al presidente electo López Obrador está la respuesta al cambio de opinión en referencia a no volver el Ejército a sus cuarteles y aumentar sus funciones relacionadas con la seguridad pública, además de otras tareas relacionadas con grandes obras infraestructura, la administración de aduanas y demás. Ella misma preguntó ¿qué cambió? a lo que el propio presidente respondió: “no sabía del todo el grado de descomposición que existe en las fuerzas policiacas del país”. Así o más claro. Equivocado o no, López Obrador no pudo sostener su intención de regresar a los militares a sus cuarteles al tener acceso a información que solo se maneja a nivel de la presidencia.

Este solo punto permitiría a la periodista hacer una inflexión y comunicar a la audiencia que antes de tomar posesión ya AMLO había cambiado de opinión. Que no fue el cargo, la silla presidencial, el fuero o algo más lo que hizo a López Obrador salir de sí mismo.

Tampoco son novedad las frases citadas sobre estar bien con su conciencia, saber lo que conviene al pueblo o tener la razón. Ese López Obrador ya lo habíamos visto una y otra vez a lo largo de los años y el ejercicio de la presidencia no hizo más que ofrecerle más elementos para seguir “siendo él mismo”.

Por otra parte, asumir que a través de AMLO habla el Ejército es temerario si no se ofrecen pruebas, los datos duros que permitan afirmar tal cosa. ¿Por qué se decanta Aristegui por esta versión? ¿por qué no suponer que, como el político pragmático que es, López Obrador entendió a la perfección que sin el apoyo de las Fuerzas Armadas no podría gobernar? ¿por qué no asumir que comprendió, como otros, que le convenía estar bien con el Ejército, no solo con el pueblo, para poder enfrentar los intentos golpistas que con seguridad operarían en su contra a raíz de todos los intereses por él afectados? ¿por qué no aceptar que es López Obrador quien usa al Ejército y no al revés? ¿por qué no considerar que ha visto López Obrador en las Fuerzas Armadas, dada su estructura, organización y disciplina, el instrumento idóneo para sacar adelante, en pocos años, sus grandes proyectos de infraestructura?

Hasta donde puedo ver el beneficio es mutuo, pues AMLO no solo ha ampliado la presencia e influencia de dichas fuerzas, sino que les ha ofrecido a la par beneficios económicos. Es esta su apuesta cuando seis años son poco tiempo para lograr la llamada Cuarta Transformación (4T).

Que existen riesgos por supuesto: ¿quién estará al frente del poder civil cuando AMLO se vaya? ¿quiénes al frente de las Fuerzas Armadas mexicanas? ¿cuál será el contexto en el que operen? ¿tendrá en algún momento el Ejército la tentación de desobedecer al poder civil para tomar las riendas del país en sus manos? ¿si hoy las Fuerzas Armadas le son fieles al presidente civil, lo serán cuando lleguen otros? Y esos otros, ¿resistirán la tentación autoritaria de mandar al Ejército en contra de la población con el objetivo de mantener su poder o de imponer los intereses económicos de un modelo que no acaba de morir?

Los límites civiles impuestos a los militares, desde el gobierno del general Álvaro Obregón, no son gratuitos, pues se buscó no solo profesionalizar al Ejército sino evitar que repitiera la historia de buena parte del siglo XIX en que quitaba y ponía presidentes civiles a su antojo. Al parecer, López Obrador parte del supuesto de que son los civiles los que obligan a los militares a reprimir, desaparecer y asesinar a la población. Parte también del supuesto según el cual los civiles que le sucedan en la presidencia no se atreverán a usar a las Fuerzas Armadas en contra de la población como se ha hecho en otros momentos históricos.

Débiles suposiciones que efectivamente prenden las alarmas, no solo de los grupos conservadores sino de quienes apoyan a AMLO y la 4T. No se puede partir de afirmar que todo ha cambiado, que nunca más se repetirán sucesos ya vividos, que de aquí en adelante se consolidará un solo proyecto de país y de Estado. De ahí la inquietud en relación con ampliar las facultades, el poder y la influencia de la fuerza más organizada, armada y estructurada de México.

Sin restar del todo razón a la periodista, en cuanto a sus legítimas inquietudes respecto de quien ejerce el poder se infiere que, al parecer, Aristegui y analistas estaban más interesados en encontrar la distancia entre el AMLO opositor y el AMLO presidente, que las constantes, ideas y compromisos que se mantienen y las transformaciones sufridas por el contexto histórico.

Es decir, no es equiparable el nivel de información de AMLO como opositor y como candidato que como presidente electo o como presidente en funciones, lo cual supone necesariamente un cambio de perspectiva. No son comparables el contexto en que AMLO fue opositor y candidato que aquel en que ha sido presidente. Ni siquiera el de su primer año y los de aquellos vividos con pandemia de por medio.

Para cerrar, sería conveniente replantear las preguntas de Aristegui y cuestionarse no si López Obrador ha cambiado, sino ¿a qué se deben tales cambios? ¿qué factores han llevado al presidente a apoyarse tanto en las Fuerzas Armadas, cuando anteriormente había propuesto regresarlas a sus cuarteles? Cabría pensar en la posibilidad de que fueron los grupos opositores a AMLO, élites políticas, económicas y mediáticas las que le obligaron a ver a los militares como el fuerte que le protegería de los intentos por arrojarlo de la silla presidencial. Intentos cuya evidencia es innegable.

 Mirada desencantada

En esta ocasión, no se usará este espacio para escribir sobre desencantos sino para resaltar la enorme labor que realizan las y los miembros del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM), adscrito a la Secretaria de Seguridad Ciudadana (SSC), del gobierno de la Ciudad de México (CDMX).

Este cuerpo fue creado en 1973 con la finalidad de auxiliar a la población en casos de emergencias médicas y para ofrecer respuestas inmediatas ante cualquier situación, como: atención médica prehospitalaria, ayuda y rescate en casos de accidentes, auxilio a mujeres en labores de parto, apoyo en vías públicas, atención dentro y fuera de eventos masivos, atención a personas accidentadas, traslado de enfermos y lesionados a los diversos hospitales de la CDMX. Al mismo tiempo, para generar una cultura de protección civil y preparación de la ciudadanía para enfrentar incidencias y desastres naturales.

Especialmente, quiero agradecer a Janet Castillo, Anel Ochoa, Cecilia Cantú, quienes llevan poco más de tres años y medio en el ERUM apoyando a la gente en casos de emergencia, a Héctor Hernández Rosendo, con dos meses en el escuadrón y a Héctor Hernández Hilario, con 30 años como operador de ambulancia, quienes con una enorme vocación de servicio, sentido humanitario y sin esperar nada a cambio apoyaron a mi familia en el traslado de mi madre, en la madrugada del jueves 11 de agosto, al hospital 20 de Noviembre.

En el poco tiempo que compartimos, supe que muchos de sus esfuerzos se ven obstaculizados por personal de ciertos hospitales que se niegan a recibir a las personas enfermas o accidentadas por un mal entendido estatus diferenciador o por asumirse como superiores a quienes, como paramédicos(as), se ocupan del bienestar de las personas que se ponen en sus manos.

A mí solo me queda decir ¡Gracias!

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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