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Miguel Ángel, el albañil que vivía en su auto y murió solo junto a una veladora, en Coyoacán (nota de Erick Gómez en OEM-Informex)

Algunos conocidos indicaron que venía del estado de Oaxaca a trabajar para sostener a su familia.

Erick Gómez | OEM-Informex

Para Miguel Ángel, de 52 años, originario de Oaxaca y trabajador de la construcción, fue la última mañana en la calle de Vallarta, en la colonia Villa Coyoacán. 

Su rutina era descender de su Beetle gris para iniciar una nueva jornada laboral, la cual se vio interrumpida por un desplome fulminante junto a su automóvil, el mismo que durante años le sirvió de casa, de refugio y de todo lo que tenía en esta ciudad que, como muchos otros, llegó a conquistar con esfuerzo.

Eran cerca de las 7:00 horas cuando vecinos y peatones notaron a un hombre tirado, inmóvil, rápidamente llamaron a los servicios de emergencia. 

Paramédicos acudieron al sitio, pero al revisarlo solo confirmaron que el hombre ya no presentaba signos vitales.

Algunos de sus compañeros de obra llegaron al sitio poco después para iniciar su jornada y entre la sorpresa y la tristeza, reconocieron de inmediato al “Miguel”, el oaxaqueño alto y de complexión robusta, que solía dormir en su auto y trabajar largas jornadas. 

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Su cuerpo fue llevado al Servicio Médico Forense para determinar las causas de su muerte. / Foto: Luis Barrera / La Prensa

Uno de ellos, conmovido, fue por una veladora que colocó justo donde su amigo cayó, iluminando con una flama temblorosa el rincón donde la vida de Miguel Ángel se apagó.

Trasladado al Semefo

Aunque las causas exactas de la muerte aún están por determinarse, paramédicos notaron algunas llagas en su espalda, lo que podría sugerir alguna enfermedad no tratada. 

Pero nada está confirmado. Será tarea del Servicio Médico Forense esclarecer si fue un infarto fulminante u otro padecimiento el que terminó con su vida.

Hasta el momento, no se ha presentado ningún familiar, “Nunca nos dijo si tenía alguien aquí en la ciudad”, comentó uno de sus conocidos, mientras observaba el cuerpo cubierto por una cobija que ellos mismos colocaron. Miguel vivía solo, sin más compañía que su carro y las herramientas de trabajo.

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El hombre, al parecer vivía en su auto color gris. / Foto: Luis Barrera / La Prensa

Su muerte deja al descubierto las cientos de historias de quienes sobreviven día a día en esta ciudad, trabajadores anónimos, desplazados por la necesidad, cuya existencia solo se vuelve visible cuando dejan de respirar.

Ahora, su historia termina en una banqueta de Coyoacán, con una veladora encendida.

ESTE CONTENIDO ES PUBLICADO POR julioastillero.com CON AUTORIZACIÓN EXPRESA DE OEM-INFORMEX. Prohibida su reproducción.

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