Más allá de los videoescándalos, ¿Es suficiente estar enojados con la corrupción? Autor: Felipe León López

Muy indignada está la población con los escándalos de corrupción que se han ventilado en semanas anteriores. La indignación encierra en este momento un coraje social que no termina por desahogarse, porque no se trata sólo de acciones individuales sino de un sistema podrido que queremos abandonar y parece no querer irse.

La corrupción es un fenómeno multifactorial, que atraviesa nuestra estructura social de manera horizontal y verticalmente, aunque sólo creamos que es por acción de los gobernantes y sus representes políticos. La realidad es que es una degradación que involucra al sistema y a los gobernados por igual.

Confucio en Los Cuatro Grandes Libros resumía que “el que ayuda a la maldad de su gobernante comete una falta, el que se adelanta a las maldades de su gobernante comete una falta mayor. Todos los altos funcionarios de hoy en día se adelantan a sus soberanos en la comisión de maldades son peores que sus gobernantes”. Nada tan cierto como condenable, pues la confianza en los gobernantes se rompe cuando éstos son los primeros en reproducir este fenómeno.

¿Qué decir de nuestro país? En México pasan los años, los gobiernos, las alternancias y la percepción sigue siendo la misma, a pesar de que desde el 1 de diciembre de 2018 la arenga sea exactamente igual.

De acuerdo con la organización Transparencia Internacional en su Índice de Corrupción 2019, de 180 países México ocupa el lugar 130. El INEGI en su Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental, que mide los actos de corrupción en instituciones de gobierno, dio a conocer que el 2019, el primer año íntegro de la administración de Andrés Manuel López Obrador, el 87 por ciento señala prevalencia de corrupción y un aumento en la tasa de esta incidencia: “15,732 personas por cada 100,000 habitantes que tuvieron algún contacto con algún servidor público experimentaron algún acto de corrupción”, un 19.2% más de lo registrado en 2017.

La Secretaría de la Función Pública acusó este incremento a que tres estados fueron los que más aumentaron su tasa de incidencia de corrupción, las entidades con los números más altos son Durango (55,192 actos por cada 100,000 habitantes), Guerrero (54,501), Coahuila (50,307) y la Ciudad de México (47,834).

El costo anual de la corrupción de 2019 fue equivalente a 12,770 millones de pesos, es decir, por cada persona se desembolsan 3,822 pesos en promedio. “El trámite con mayor porcentaje de experiencias de corrupción durante 2019 fue el contacto con autoridades de seguridad pública con 59.2%, el cual fue también el que generó el mayor gasto a consecuencia de la corrupción”.

Los ciudadanos nos enojamos, repudiamos en el momento, pero guardamos silencio cómplice para justificarlo por afinidades familiares, políticas, religiosas o ideológicas. Somos doble moral. El genial cineasta Luis Buñuel que lo mismo adoraba a nuestro país por ser tan surrealista, también lo criticaba y nos calificaba de “fascistas atenuados” por corruptos.

Estamos en el 2020 y las expectativas de la lucha contra la corrupción no se han cumplido del todo, porque estamos más en la ruta del espectáculo y el lucro político con los escándalos de políticos y ex funcionarios, en lugar de demandar como ciudadanos que en verdad operen los sistemas anticorrupción, tanto nacional como locales, que sea efectiva la cruzada para educarnos a respetar el estado de Derecho y a cumplir con nuestras obligaciones y al mismo tiempo exigir lo que por justicia nos corresponde.

La corrupción es más que una amenaza a la colectividad y nuestra imagen como país; es una cruel realidad de la que no podemos deslindarnos ante el mundo. Lamentablemente nos urge construir entre todos, gobierno y sociedad, empresarios y trabajadores, educadores y educandos, un estado de Derecho y revertir el hecho de que México sea ubicado entre los países latinoamericanos más corruptos y, en consecuencia, más impunes. La semana pasada el Índice de Impunidad Global (IGI) nos colocó como la décima nación más impune de 69 países del mundo y el cuarto de América Latina.

La alta expectativa que se ha colocado alrededor del caso Lozoya y la explosión de señalamientos en el primer círculo presidencial, han levantado las cejas por el riesgo de que sean ejemplos más de negociación y que una vez más la impunidad se imponga. Mientras no se trabajen a fondo los problemas estructurales de la corrupción e impunidad, además de hacer funcional el sistema de aplicación de justicia, de nada servirá la estridencia de las redes sociales, la defensa a ultranza de lo indefendible por causas partidistas o la celebración por guillotinazos mediáticos selectivos.

Contacto: feleon_2000@yahoo.com

Felipe León López
Felipe León López

Analista político, egresado de la FCPyS UNAM, con especialidad en estudios prospectivos. Es coautor de El Video poder en México (1995), Una Historia hecha de Sonidos (2004), Historia y Remembranzas de Radio Educación (2008) y Días de Radio (2017). Ha sido colaborador de portales, diarios y revistas de cultura, política y educación. Contacto feleon_2000@yahoo.com

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