¿Es suficiente Super AMLO para salvar la 4T? Autor: Felipe León López

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Felipe León López

En menos de un mes quedó claro que Andrés Manuel López Obrador es un político muy probado, que cuando su olfato detectó que estaba yéndosele la oportunidad de pasar a la historia como el motor de la cuarta transformación de México, sin reconocerlo ni consultar a sus seguidores, supo maniobrar, tejer fino y recuperar la administración de los temas mediáticos.

¿Será suficiente su esfuerzo personal para recuperar el proyecto original y que sus colaboradores estén a la altura de sus expectativas y visión de país o deberá prescindir de algunos de ellos para que el barco de la 4T navegue con fuerza?

En pocas semanas giró su proyecto del centro-izquierda al centro-derecha, aunque a sus más fieles izquierdistas no les guste entenderlo: la política exterior al norte, con la visita de Donald Trump, donde hoy se sabe también se tomó la decisión de que México y Argentina fueran los países que elaboraran la vacuna para contener los contagios de Covid-19. Hoy, el gobierno mexicano está explotando al máximo la expectativa de una vacuna que llegará, por muy temprano, al tercer mes del 2021, coincidentemente, casi cuando arranquen las campañas electorales.

En esta misma gira tendió los puentes para afianzar la alianza con los propietarios de los medios electrónicos, otrora integrantes de la “mafia del poder” y con ellos acordó el modelo de regreso a clases por televisión comercial abierta, a pesar de las críticas por el castigo presupuestal a los medios públicos. Hay, por supuesto, un giro en el tratamiento editorial de varios de los comunicadores hacia AMLO y al proyecto de la 4T; ya no se les trata con tanta rudeza ni se abren espacios a expresiones radicales antilopezobradoristas y sí a las más moderadas.

Más aún, con arte de filigrana acercó uno a uno a los empresarios que estaban distanciados, que le habían perdido confianza y les dio su palabra de reconciliar y abrir los proyectos para que inviertan; así nació el tan elogiado acuerdo para aumentar los fondos de pensión y un plan de incorporación al proyecto desarrollo de la infraestructura nacional que deben impulsar al menos tres secretarías.

Y, con temple y política fina, evitó que la Alianza Federalista de gobernadores creciera y armaran un bloque opositor de mandatarios estatales. La CONAGO es la única instancia de interlocución y todos tuvieron que replegarse. Como lo publicamos, hizo suyas varias de sus demandas y todo deberá deliberarse no en bravuconadas mediáticas sino en mesas de diálogo donde estarían colocados los temas a debatir.

Así llegamos a esta semana, donde el presidente estará en San Luis Potosí para sostener una reunión con los integrantes de la CONAGO, la primera desde que inició la contingencia sanitaria por COVID-19. Los temas, según ha trascendido, serán el fortalecimiento de los 32 sistemas de salud, acordar una estrategia para la reactivación económica, analizar el pacto fiscal e impulsar una política pública de energía verdes.

La construcción de un acuerdo entre el Ejecutivo federal y la CONAGO en materia fiscal sería el primer paso de trascendencia realmente revolucionario para la 4T, porque, por un lado, los elementos a los que se lleguen impactarán sobre la Ley de Ingresos y el Proyecto de Presupuesto de Egresos para el 2021, es decir, la propuesta de gasto público y la política de ingresos, que esperan los sectores productivos nacionales y extranjeros para refrendar la confianza en el país.

Pero por otro, el que Presidencia de la República y gobernadores estén dispuestos a jalar a sus partidos para una Convención Hacendaria, podría derivar en lo que la clase política siempre ha rehuido: una Política Hacendaría de Estado, la cual tendría que dotar de una responsabilidad compartida y sus respectivos costos políticos a cada uno de los sectores involucrados, y daría pie para construir un nuevo marco constitucional como lo ha venido sugiriendo Porfirio Muñoz Ledo desde 1997.

Hagamos memoria: el país en 1997 permitió que la oposición al PRI ganara la mayoría legislativa y luego el 2000 se alcanzó la alternancia en el poder presidencial pero no una transición. A pesar de que entre esos años y la actualidad se crearon figuras como los Acuerdos del Alcázar del Castillo de Chapultepec, ninguna se ha concretado. Como ha sido lugar común, las transiciones democráticas exitosas pasan por una reforma fiscal, inspiradas en las transiciones de Alemania y España donde se establecieron tanto elementos políticos, sociales y fiscales que empujaron hacia la consolidación de reglas y procedimientos adecuados para el mecanismo de discusión presupuestal.

Sin embargo, los cambios trascendentales tienen que ser producto de voluntades de muchas personas y no de una sola. En el equipo presidencial, por ejemplo, ya viene siendo hora de hacer el balance y un ajuste, de quiénes sí aportan, quiénes sí trabajan, quiénes unen y consensuan; quiénes sí construyen ese proyecto de transición democrática que les dio el mandato ciudadano de 2018, porque el costo político para la viabilidad de la llamada 4T sigue siendo alto cuando se apuesta a la grilla barata y la desunión de los mexicanos, y no a la política de altura.

Contacto: feleon_2000@yahoo.com

Felipe León López
Felipe León López

Analista político, egresado de la FCPyS UNAM, con especialidad en estudios prospectivos. Es coautor de El Video poder en México (1995), Una Historia hecha de Sonidos (2004), Historia y Remembranzas de Radio Educación (2008) y Días de Radio (2017). Ha sido colaborador de portales, diarios y revistas de cultura, política y educación. Contacto feleon_2000@yahoo.com

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