Madiba o de la amnistía. Autora: Pilar Torres

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Mandela

Yo soy porque nosotros somos.
Ubuntu

Dicen que en los primeros 6 años de vida se aprende todo lo que realmente necesitamos saber: decir por favor y gracias, lavarse las manos, comerte todo, no hablar con la boca llena, respetar a los mayores, jugar bonito, compartir tus juguetes. Por eso me sobre encabronó preocupó lo que hace unos años vi en una fiesta de niños, con unos vecinos.

Los niños estaban formados para romper la piñata, en riguroso orden de estatura. Una de ellas, Paloma se llamaba, era más alta y fuerte que los demás, pero de todos modos se formó casi al principio de la fila. Apenas empezaban a cantar el ‘dale, dale, dale’ cuando de solo dos trancazos, la tal Paloma reventó el mecate y derribó al Picachú que colgaba del árbol y que el escuálido vecino no supo asegurar. Con una velocidad asombrosa, la escuincla se abalanzó sobre la piñata casi intacta, impidiendo a todos los niños tomar uno solo de “sus” dulces. Lo peor de todo fue que los papás defendían el derecho de Paloma sobre la piñata y su contenido. No podía creerlo.

Como contraparte, gracias al centenario de Nelson Mandela recordé un relato sudafricano muy conocido, según el cual, en una ocasión, una persona se acercó a un grupo de niños de una tribu de la región Bantú, para proponerles un juego: dejó una canasta llena de frutas y dulces a la sombra de un árbol y les dijo a los niños que aquél que llegara primero tendría todas las frutas para él solo.  Cuando dio la señal, los niños corrieron tomados de las manos para llegar al mismo tiempo y así compartieron el premio. Al preguntarles por qué lo habían hecho, respondieron: “¿Cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?”.

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La respuesta de los niños resume una de las principales enseñanzas de la filosofía africana conocida como Ubuntu y, de la cual, Mandela es su exponente más célebre. El Nobel de la Paz afirmaba que Ubuntu no significa que las personas no deban procurarse a sí mismos, sino que a cada momento deben preguntarse si eso que van a hacer contribuye también a que la comunidad mejore. Qué contraste con la tal Paloma quien, por cierto, estuvo sola el resto de la fiesta porque luego del incidente, nadie quiso jugar con ella

Ubuntu surge en la región Bantú (el área africana que se sitúa por debajo de la línea ecuatorial) y, de alguna manera, emana del entendimiento de la realidad que se refleja en las distintas lenguas. Para esta filosofía africana, la fuerza vital es el único valor fundamental y equivale a lo que para la filosofía occidental es el ser y la existencia. Cada ser es una participación de la fuerza vital, y su vitalidad puede crecer o disminuir. Todas las vitalidades están interconectadas y ejercen fuerza mutua. En este sentido, el universo se concibe como una gran red de fuerzas y ninguna de ellas puede actuar sin causar un efecto o influencia (positiva y negativa) en todas las demás fuerzas individuales. Así, la persona se entiende solo en su dimensión relacional y comunitaria.

La humanidad es el centro de la red vital, incluyendo tanto a los difuntos como a los que no han nacido. Todos los elementos de la naturaleza deben servir para incrementar y perpetuar la vida. Por extensión, también la cultura, las instituciones y habilidades humanas deben cumplir la finalidad de reforzar la vida y evitar cualquier cosa que la amenace.

En la esfera política, el concepto de Ubuntu se utiliza para insistir en la necesidad de unidad, de consenso y de amnistía a la hora de tomar decisiones inspiradas en un profundo humanismo con la creencia de que puede comenzarse con pequeños cambios, de manera que, sin darse cuenta, comience una auténtica evolución hacia una vida más equilibrada.

El propio Mandela encarna esta filosofía al emplear su tiempo en prisión para crecer como persona. Aprendió la lengua afrikaneer para hablarle a sus guardias en su idioma y así conocer su cultura, entender sus valores y empatizar con las heridas de su historia. Entendió que los blancos nacidos en África también fueron víctimas y entendió su orgullo por liberarse del colonialismo inglés. Por ello, cuando salió de prisión, su discurso no fue revanchista, sino conciliador. Por ello propone mirar a los ojos a los adversarios, respetarlos y transformarlos poco a poco en compañeros, y asegurarse de que en la nueva república no hubiera perdedores porque “los blancos serán libres cuando nosotros seamos libres”.

Así, Nelson Mandela, después de 27 años de encierro, inicia una nueva era en su país, fundamentada en la filosofía Ubuntu, que apela a la capacidad de perdonar y a la empatía para cohesionar en un solo país a dos grupos que antes estaban enfrentados por odio y resentimiento. Llamaba a luchar contra la dominación de la raza blanca y, también, contra la de la raza negra.

Ubuntu era el concepto filosófico fundamental detrás de la comisión para la verdad y la reconciliación, que Mandela encargó al también premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu, en el periodo de transición democrática de su país. Desmond afirma que una persona con Ubuntu es abierta para los demás, no se siente amenazado por los otros porque está seguro de sí mismo, ya que sabe que pertenece a la gran fuerza vital que decrece cuando otras personas son humilladas, torturadas y oprimidas. Así, cada vez que un ser humano perdona a otro, la fuerza vital se renueva.

De acuerdo con este principio, la única y verdadera salida contra los crímenes contra la humanidad durante el apartheid no era la venganza, sino la amnistía; algo que solo se logra en un pueblo que tiene conciencia de pertenecer a algo más grande que él.

Tal vez nosotros deberíamos redescubrir el sentido de identidad en la pertenencia. A lo mejor sí es cierto eso de que una persona se hace humana a través de las otras y que la libertad de uno mismo depende de la de los demás. Así de paradójico es el sentido de las cosas.

@vasconceliana

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