José Reyes Doria.
Enarbolar una doctrina político-ideológica basada en fuertes convicciones morales, requiere una conducta intachable, tanto en lo personal como en lo público y social. Cuando esa doctrina se convierte en gobierno, se abre la posibilidad de adaptar las convicciones morales a los desafíos imprevisibles del ejercicio del gobierno y la dominación política. Si en lugar de imprimir realismo político a la doctrina se redobla la apuesta de la intachabilidad moral, esa narrativa se convierte en una trampa porque obliga a sus líderes y operadores a una cuasi perfección que, lo sabemos, no existe, pues el hombre es humano, demasiado humano.
Recordemos a Aristóteles y su idea de que el hombre es un animal político, un ente social, que no puede vivir fuera de la comunidad. Solo las bestias o los dioses pueden vivir fuera de la colectividad. Y la colectividad tiene el potencial de corromper a los seres humanos, por eso, desde entonces y hasta la fecha, la filosofía política se esmera en encontrar la mejor forma de gobierno, donde hombres y mujeres sean felices, buenos y solidarios, pero mientras se logra ese ideal es preciso identificar y castigar todas las formas de corrupción y abuso.
El préstamo de 150 millones que Bancomext le otorgó a Epigmenio Ibarra es un claro ejemplo de las trampas de la fe, cuando las necesidades y los impulsos que la realidad impone se confrontan de forma explosiva con las tablas de la moral. El tema es interesante, porque, además, arroja luz sobre el tema de los límites de la acción transformadora.
El crédito autorizado a Epigmenio es, en apariencia, legal. Bancomext seguramente revisó la solicitud de crédito, valoró las garantías y la capacidad de pago de Argos, la empresa de Epigmenio Ibarra, y verificó que se cumplían todos los requisitos para prestarle 150 millones de pesos. Incluso, es muy probable que Argos haya demostrado con documentos válidos que el crédito solicitado le permitiría consolidar la producción de materiales destinados al mercado externo, es decir, esta operación crediticia se apega a los objetivos legales de Bancomext, porque respalda el esfuerzo de una empresa para exportar productos y posicionarse en los mercados externos.
De este modo, el préstamo de 150 millones se apegó a la legislación y los lineamientos financieros aplicables. Además, hasta donde se sabe, ese crédito lo ha estado pagando Argos de acuerdo con los términos del financiamiento. Pero aquí es donde cobra poderosa presencia la doctrina moral del gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Muchas veces el Presidente ha planteado la disyuntiva: “entre la Ley y la justicia, prefiero la justicia.” Este debate sobre las contradicciones entre el derecho y la justicia, es sumamente pertinente porque la historia muestra grandes ejemplos donde lo legal está en contra de lo justo.
El Presidente López Obrador tiene la convicción de acabar con el uso discrecional del poder y los recursos. Quiere acabar con el influyentismo, el amiguismo y el patrimonialismo, porque se trata de prácticas que pervierten las lealtades y propician corrupción. En este sentido, el préstamo de los 150 millones de pesos, siendo legal, confronta estas y otras definiciones morales de la Cuarta Transformación, al menos en apariencia (y recordemos la máxima de la antigua Roma: la mujer de César no solo debe ser honesta, también debe parecerlo).
El crédito se otorgó en junio de 2020, un momento de dolor e incertidumbre económica por la pandemia de Covid-19. A esa fecha, se habían perdido ya dos millones de empleos formales y alrededor de 10 millones de puestos de trabajo informales. Además, millones de personas sufrieron la reducción de sus sueldos y la precarización de sus empleos. Buena parte de los empleos perdidos y la caída en los ingresos de los trabajadores, obedecía a la asfixia económica de millones de pequeñas y micro empresas.
En medio de esta dramática situación, el Presidente López Obrador asumió una decisión polémica: no iba a rescatar a las empresas con créditos o subsidios, porque en esos rescates siempre ganan los grandes capitales y porque esos recursos los necesita más el pueblo. El Presidente se refería sobre todo a las grandes empresas que, en efecto, en crisis anteriores salían siempre impunes y ganando con los rescates del gobierno.
En cuanto a las pequeñas y micro empresas, el gobierno de AMLO liberó un apoyo de 25 mil pesos, por una sola vez. Cientos de miles de pequeñas empresas quebraron porque esos 25 mil pesos eran claramente insuficientes para preservar el negocia y la fuente de trabajo. Es aquí donde el crédito de 150 millones de pesos a Epigmenio Ibarra adquiere tintes de injusticia, por más legal que haya sido.
A la luz de las definiciones morales de la Cuarta Transformación, ese crédito a Argos es injusto con las penumbras económicas de millones de personas y pequeños negocios que padecieron la austera respuesta fiscal del gobierno a la crisis de la pandemia. ¿Por qué a él sí y a nosotros no?
Bancomext es banca pública, es decir, hace intermediación financiera con recursos públicos, hecho que acentúa la percepción de injusticia del crédito concedido a Argos. Supongamos que Epigmenio Ibarra hubiera decidido conseguir esos 150 millones de pesos en la banca privada: de haberlos obtenido por esa vía, se diluirían sensiblemente la sensación de injusticia y la percepción de influyentismo que el caso ha generado.
En conclusión, la fe en que se puede gobernar con austeridad, honestidad y autoridad moral absolutas y permanentes, es una convicción loable. Es una visión necesaria para la regeneración moral de la Nación. Pero hay que estar dispuestos a gobernar y operar con el rigor que esa fe reclama, porque cualquier acción que se aparte de esa línea es visible y estruendosa y resta autoridad al corpus moral en su conjunto.
Epigmenio Ibarra es uno de los principales ideólogos de la Cuarta Transformación, uno de los más conspicuos documentalistas y propagandistas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Eso no tiene nada de malo. Incluso, en los meses previos a la asunción de AMLO, Epigmenio redobló la apuesta moral y afirmó en diversos mensajes públicos que él no iba a aceptar contratos ni nada por el estilo provenientes del gobierno de López Obrador, para no hacer cosas buenas que parezcan malas. Gran auto desafío, que se convierte en auto trampa al menor tropezón.
Esas son las trampas de la fe, cuando la doctrina se profesa de una forma inflexible proyecta la posibilidad del pecado hacia todos, pero principalmente hacia líderes, ideólogos y operadores. Muchas veces, la trampa se convierte en arenas movedizas, porque se pierde la noción de las transgresiones y los actores comienzan a creer que a ellos no debe aplicarles el rigor de la doctrina, desarrollan la convicción de que están o por fuera o por encima de las exigencias morales (aunque Aristóteles ya dijo que eso es imposible). La fe sin realidad, por lo tanto, puede generar desesperanza cuando los promotores de la doctrina comienzan a creer que lo que en otros era pecado, en ellos debe ser visto como una excepcionalidad per se.
@jos_redo








Una crisis por la pandemia. Un préstamo bancario, no una ayuda ni regalo. No pararon todas las empresas. La de Epigmenio y muchas otras empresas continuaron produciendo y haciendo operaciones. La exigencia del autor es que Epigmenio se hunda, pero sin mostrar la irregularidad o el delito. No coincido. Bueno buscar la congruencia, pero sin suicidarse. No coincido.