López Obrador y los intelectuales: ¡Qué falta hacen Octavio Paz y Carlos Fuentes! Autor: José Reyes Doria.

Foto: Captura de video.

@jos_redo

El Presidente Andrés Manuel López Obrador siempre ha sido escéptico ante los intelectuales. Los entiende como seres en permanente trance de corromperse por su hambre de gloria y poder. Las convicciones ideológicas de López Obrador son determinantes en la rígida clasificación que hace de los intelectuales, sobre todo ahora que ocupa la Presidencia de la República: o están con su proyecto de transformación o están en el lado equivocado de la historia, contra el pueblo.

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En la mañanera de este lunes, el Presidente concluyó que solo una decena de intelectuales lo apoyan a él y a la Cuarta Transformación. El tono en que lo dijo fue ambiguo, parecía que, por un lado, se dolía de que la mayoría de los intelectuales no apoyan la 4T; por otro, se notaba una especie de orgullo porque aquellos que lo apoyan son pocos, pero puros y honestos. Entre los intelectuales que AMLO mencionó como amigos de su movimiento, están cinco que ya murieron: Carlos Monsiváis, José María Pérez Gay, Fernando del Paso, Sergio Pitol y Hugo Gutiérrez Vega.

El tema obliga a pensar que en México quedan pocos intelectuales verdaderamente influyentes, si es que queda alguno. De los mencionados por López Obrador, el único que tenía esa estatura era Carlos Monsiváis, cuya palabra crítica tenía el poder de hacerse escuchar en las diversas esferas del poder, con resonancia nacional e internacional. Monsiváis fue crítico implacable de los regímenes del PRI y del PAN, su agudeza y su ironía hacían temblar a muchos poderosos. Habría sido interesantísimo contar con sus críticas en un régimen popular y con ciertos rasgos de izquierda como el de AMLO.

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Ya no hay intelectuales de esa talla en México, con todo respeto a los que mencionó el Presidente y a muchos otros que no mencionó. Tal vez Enrique Krauze sea hoy el intelectual mexicano más conocido, pero nunca dio el estirón y en la actualidad da la impresión de que se siente culpable de algo, que le pesan enormemente las descalificaciones que López Obrador y sus seguidores formulan contra él, por ello opta por el ostracismo, una especie de autoexilio. Quizá Héctor Aguilar Camín tenga también una voz relevante, de las más inteligentes, pero, aunque no se arredra ante los señalamientos de la 4T, tampoco tiene el tamaño de Monsiváis.

Lo mismo podemos decir de Elena Poniatowska, que es la más relevante de la lista de intelectuales vivos que, según AMLO, apoyan a la 4T. Siempre crítica, Elenita es una voz principal en la República de las Letras, de hecho, es la única, de la lista de intelectuales amigos del régimen, que sigue emitiendo críticas cuando algo del gobierno le parece mal. Pero no alcanzó a desarrollar la potencia y la presencia de su gran amigo Carlos Monsiváis.

El parangón con Monsiváis obedece a que es el más notable en la lista de intelectuales amigos de AMLO, pero es necesario hacer alusión a los grandes monstruos de la intelectualidad mexicana del último medio siglo: Octavio Paz y Carlos Fuentes. Es lamentable que, en estos tiempos de gran efervescencia política, de proyectos y disputas históricas, México no cuente con la voz de estos personajes extraordinarios. Paz y Fuentes estaban dotados de una inteligencia formidable para pensar en la política, eran dueños de una formación intelectual apabullante, un conocimiento de la cultura imponente y una capacidad arrolladora para entender cada momento de la vida pública nacional.

Paz y Fuentes, sobra decirlo, tenían una obra poética, literaria y ensayística reconocida mundialmente. La luminosidad de la poesía de Octavio Paz le valió el reconocimiento absoluto, incluyendo el Premio Nobel de Literatura; su pensamiento sobre la política y la cultura es citado por grandes pensadores como Jürgen Habermas. La imaginación novelística de Carlos Fuentes encabezó por décadas el boom latinoamericano y lo posicionó como uno de los escritores más incisivos del mundo, ganó múltiples premios, como el Príncipe de Asturias y estuvo muy cerca del Nobel. Ambos eran cosmopolitas de forma absoluta, tanto en su pensamiento como en sus quehaceres. Todo esto hacía de Paz y Fuentes dos personajes que tenían la capacidad de cimbrar, con su palabra crítica, no solo el mundo cultural, sino a los gobiernos en turno.

Paz y Fuentes no compartían posturas teóricas e ideológicas en su interpretación de México y del mundo. Luego de una juventud comunista, Paz asumió la perspectiva democrática y liberal, en una época donde esas posturas eran minoritarias y acosadas por todas partes. Tanto los comunismos gobernantes y sus seguidores por todo el mundo, como los sucesivos gobiernos de México repelían a Paz, porque la palabra del Poeta desbalanceó en múltiples ocasiones las certezas de esas ortodoxias.

Al final de su vida, Paz le dio el beneficio de la duda al presidente Carlos Salinas de Gortari, fue su único posicionamiento personal y quedó decepcionado de la corrupción de salinismo, lo cual reconoció antes de su muerte en 1998. Hoy, en el gobierno de López Obrador, Paz seguramente criticaría la concentración de poder, el culto a la personalidad, la sumisión del Poder Legislativo, el sometimiento de la Corte, la vorágine transformadora desordenada. Pero, seguro, Paz acogería con gusto al ímpetu polemista de AMLO, el combate a la corrupción y las medidas de austeridad.

Carlos Fuentes siempre fue un apasionado de los movimientos populares libertarios. Apoyó sin reservas la revolución cubana en sus inicios, enemistándose con Paz por ello, aunque a finales de los años setentas reconoció el autoritarismo del régimen castrista. Al igual que Paz con Salinas, apostó su resto por el gobierno del presidente Luis Echeverría, cuyo gobierno defendió con todo, pero sin abandonar la elegancia crítica y la profundidad de su pensamiento.

Hoy, Carlos Fuentes habría respaldado con entusiasmo la ascensión de López Obrador, seguro estaría en la lista de intelectuales amigos de la 4T. Sin embargo, Fuentes sería un terrible crítico de muchas acciones y dichos del Presidente, sin duda descalificaría los ataques a la prensa, la inacción contra los corruptos del pasado y del presente, la personalización del poder, el abandono de la cultura y el arte, la política exterior obsequiosa con Trump.

Muchos intelectuales de hoy, hacen esas críticas al gobierno de López Obrador. La diferencia es que la palabra de Paz y Fuentes tenía el potencial de hacer recular al poder ante decisiones abusivas. El inmenso prestigio, la resonancia internacional de su voz y la agudeza de su inteligencia, ponían a temblar a los gobiernos, porque los ponía en una situación insostenible: o atendían la crítica de Paz y Fuentes, o los ignoraban, pero en este caso tendrían que cargar con la multiplicación universal de esas críticas que tarde o temprano terminarían minando su legitimidad, su prestigio y su legado.

Insisto: cómo hacen falta personajes de la talla de Paz, Fuentes o Monsiváis. No hay consenso sobre cuál debe ser el papel de los intelectuales ante el poder. Paz y Fuentes pensaban que debía de ser una postura de independencia y crítica permanente, aun cuando apoyaran al Príncipe, como hicieron ellos con Salinas y Echeverría (apoyaron, pero no fueron abyectos). Lo cierto es que casi siempre los intelectuales orgánicos, es decir los que respaldan sistemáticamente a un régimen o a un gobernante, son los menos atractivos, los menos heroicos y los menos productivos.

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