Limpieza de año nuevo. Autora: Pilar Torres Anguiano

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Limpieza de año nuevo

“Toda pasión delimita con el caos. La pasión de coleccionar,
delimita con ese caos en donde yacen los recuerdos”
Walter Benjamin.

Hace muchos años, cuando se acercaba el final de las vacaciones de diciembre, me ponían a escombrar mi cuarto: elegir los juguetes que ya no utilizaba, limpiarlos, arreglarlos, peinar las muñecas y limpiar sus vestiditos para donar todo. Lo malo de que empezara enero era que terminaban la navidad y las vacaciones. Lo bueno, es que ya vendrían los Reyes Magos y me traerían nuevos juguetes. Pero eso sí, no importaba cuánto tiempo pasara, mi colección de piedritas y mis “cuentos de hadas” nunca los doné.

Me pasaba casi toda la tarde jugando con las cosas que salían de los cajones y hojeando mis historias de los Hermanos Grimm, en lugar de ordenar mi recámara. Ya saben, Hansel y Gretel, La cenicienta, Blancanieves en sus versiones infantiles.

Muchos años después supe dos cosas: que los adultos hacemos lo mismo cada vez que nos encontramos recuerdos cuando ordenamos el clóset; y que el mérito de los Grimm fue haber construido cuentos para niños a partir de una colección de relatos orales de Alemania, que no eran precisamente infantiles por su alto contenido de violencia y sadismo. Casi casi como el mito egipcio de Isis y Osiris.

Osiris fue asesinado por su hermano Seth, quien usurpó su trono y desmembró su cuerpo en catorce partes que después repartió por todo Egipto. Isis se dedicó a recuperar uno por uno esos pedazos para volver a unirlos. Después, sobre el cadáver reconstruido de su esposo, concibió a su hijo Horus, para que este vengara la muerte de su padre, derrotando al usurpador y restaurando el orden.

En este relato subyace la esencia de la espiritualidad de una cultura cuya influencia permeó también a occidente. Como Isis, recolectamos cosas, porque así también restauramos el orden y el sentido de nuestro mundo. Pulsión de vida, le llaman los psicoanalistas (en contraposición a la de thanatos).

La historia de los recolectores de objetos preciados –extraviados o desmembrados– se repite desde los guardianes de reliquias de la edad media, hasta las complejas tramas de los animés japoneses contemporáneos. Las personas somos coleccionistas por naturaleza.

Para comprender el sentido filosófico del arte de coleccionar, nadie mejor que Walter Benjamin. Este autor de origen judío, dice que en cuanto empieza a vivir, el ser humano se convierte en un gran cazador en busca del espíritu y sentido de la vida; y que cada piedra que encuentra, cada flor que recoge o cada mariposa que atrapa un niño, es el comienzo de una colección a través de la cual rastrea la huella de aquel espíritu y aquel sentido.  

Que nos perdonen los expertos anticuarios, investigadores y bibliómanos, pero –siempre y cuando no se caiga en al acumulación sin sentido– cada colección es única en el mundo porque cada objeto tiene su propia historia.

Podemos comprar en Amazon o Mercado Libre el álbum panini del mundial, pero no habremos entendido que cada colección es única e irrepetible. No importa si son casi todos los números de la Familia Burrón como los que guardaba mi tío abuelo en un cofrezote de madera, casi del tamaño de un sarcófago, o los cientos de imanes para el refrigerador que ha reunido mi amiga Josefina a lo largo de los años.

El tema de la relación de un coleccionista con sus posesiones es recurrente en Benjamin. Constantemente comenta la nostalgia que siente por haber tenido que abandonar su biblioteca al escapar de la Alemania nazi y sus textos están salpicados de distintas referencias a los libros que perdió. Varios años después de su muerte, algunos estudiosos de Benjamin se dieron a la tarea de reconstruir su biblioteca perdida. No había mejor homenaje.

El arte de coleccionar es impulsado –dice Benjamin– por la pasión del coleccionista y el personal devenir de sus recuerdos. Cada objeto es un recuerdo y en los recuerdos, como dice Benedetti en Asunción de ti: Puedes venir a reclamarte como eras. / Aunque ya no seas tú, / aunque contigo traigas / dolor y otros milagros.

A propósito de los cuentos de los hermanos Grimm, también aprendí una tercera cosa: que las piedritas y migajas de pan que Hansel había recolectado sirven para lo mismo que los objetos que con cariño coleccionamos; para no perdernos en el bosque y encontrar ‘el camino a casa’.

@vasconceliana

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