Hace una semana que vivimos en el escándalo. Pero antes de decir algo del jaleo, repasemos los hechos. Eso siempre ayuda a serenarnos (o a enfocar nuestros lentes). 11 de octubre de 2023. El presidente Andrés Manuel López Obrador presidió una compleja ceremonia en la Fortaleza de San Carlos, en el Cofre de Perote, Veracruz. Ese castillo virreinal fue la primera sede del Heroico Colegio Militar en 1823. Estamos conmemorando los dos siglos de la escuela de oficiales de nuestro Ejército. (La Fuerza Aérea y la Armada de México tienen sus propias escuelas.) La ceremonia completa, en video, se puede ver en Liga 1. La estenográfica de las palabras pronunciadas en la Liga 2.
Una escolta de cadetes del colegio arribó con El Fuego de la Lealtad, que se tomó de la llama que arde en la actual sede del colegio, en Tlalpan, Ciudad de México. (Este fuego se había encendido ceremonialmente en Perote cuando se inauguraron en 1976 las instalaciones modernas del colegio.)
Varias legaciones extranjeras presentaron regalos y condecoraciones para el colegio. El embajador de Guatemala entregó la condecoración Monja Blanca al actual director del colegio, general de brigada Jorge Maldonado Guevara. El agregado de Defensa Naval, Militar y Aéreo de la embajada del Brasil entregó al general Maldonado Guevara la Medalla Ejército Brasileño. El agregado de Defensa en la Embajada Alemana entregó una placa conmemorativa enviada por el inspector general de la Bundeswehr.
Y se entregó –por única ocasión– una “Presea Bicentenario del Heroico Colegio Militar” a los generales de división Enrique Cervantes Aguirre y Salvador Cienfuegos Zepeda –quienes aparte de haber ocupado la titularidad de la secretaría de la Defensa Nacional (que en México es sólo del Ejército y de la Fuerza Aérea), fueron directores del colegio. También el general Maldonado Guevara recibió esta presea.
Veamos ahora los reportes de prensa. El mismo día, 11 de octubre de 2023, desde Madrid, El País reportó que “López Obrador condecor[ó] al general Salvador Cienfuegos, acusado por EE UU de narcotráfico y luego exonerado en México” (Liga 3). Desde México, en la misma fecha, El Economista cabeceó su nota así: “López Obrador otorga condecoración al General Cienfuegos” (Liga 4). En el portal de Aristegui Noticias, el mismo día, pudimos leer que “Salvador Cienfuegos es condecorado por AMLO durante el Bicentenario del Heroico Colegio Militar” (Liga 5). Cosa relevante, ninguno de estos tres medios comentó la criticable actitud del general Cienfuegos durante la primera investigación de la desaparición en Iguala de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa. Los tres subrayaron que Cienfuegos había sido procesado por narcotráfico por las autoridades de EU y que el gobierno mexicano intervino para traerle a México.
Cada quien se duele de lo que le importa. En lo general, ni El País, ni El Economista, ni Aristegui Noticias dijeron nada acerca de las otras dos personas galardonadas junto con Cienfuegos: el general Cervantes Aguirre (secretario de la Defensa Nacional de Ernesto Zedillo entre 1994 y 2000) y el actual director del colegio, el general Maldonado Guevara. De hecho, sólo Aristegui Noticias los mencionó. Por ende, ninguno de los tres medios ayudó a la Opinión Pública a recordar que Cervantes Aguirre fue el general-secretario que dirigió al Ejército Mexicano durante la campaña contrainsurgente para vencer al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas –y que fue quien permitió que civiles armados formasen grupos paramilitares en aquel estado. (Menos nos ayudaron a recordar su papel durante la Guerra Sucia ocurrida en los años 1970 en Guerrero.)
Cada quien se duele de lo que le importa. En lo concreto-personal, el licenciado César Gutiérrez Priego –abogado postulante y un reconocido experto en Derecho Militar– se quejó de que se rindiese homenaje a Cervantes Aguirre porque éste fue el general-secretario que orquestó, desde el alto mando, las acusaciones contra su padre, el general José de Jesús Gutiérrez Rebollo. Este último fue quien recibió del presidente Zedillo la encomienda de dirigir el Instituto Nacional para el Combate a las Drogas (INCD) a finales de 1996. A los pocos meses, el general-secretario Cervantes anunció que Gutiérrez Rebollo tenía vínculos con Amado Carrillo Fuentes y el Cártel de Juárez. Gutiérrez Rebollo fue el primer general procesado y sentenciado por narcotráfico. (Liga 6.) Gutiérrez Priego ha sostenido siempre la inocencia de su padre y por ello, el 12 de octubre de 2024, condenó en Twitter que Cervantes Aguirre recibiese un reconocimiento.
Sin embargo, pese a ese agravio personal y legítimo, Gutiérrez Priego defendió la entrega del reconocimiento. Explicó que a él podría disgustarle que uno de los recipiendarios fuese el ex-general-secretario que acusó a su padre; pero afirmó que en su opinión, de acuerdo con el escalafón y las normas de Derecho Militar, ese reconocimiento o condecoración debía entregarse –y debía ser entregado por el presidente de la República. En su tuit, el licenciado Gutiérrez afirma: “la condecoración que se entrega no es una decisión del presidente de la República pero sí es una obligación entregarla”. (Liga 7.) Lo mismo reiteró en La Silla Rota, el lunes 16 de octubre de 2023, agregando que “existe una obligación del Mando Supremo”, es decir, del presidente de la República, de hacer entrega del diploma. (Liga 8.)
Por su parte el periodista Julio Hernández López afirmó en su programa de YouTube “Videocharla Astillada” del mismo 11 de octubre de 2023 que la entrega de la presea le parecía “lamentable, no solo reprobable” porque “es la confirmación del gran poder militar, de la preponderancia del verde olivo y de que hay un entendimiento complicitario” (minutos 14:26-14:44, Liga 9). Preguntó: “—¿¡Qué necesidad tenía el presidente López Obrador de entregar personalmente esos reconocimientos!?” (15:54-16:02.) Y puntualizó que al “presidente… gestualmente… no se le veía ni feliz ni celebratorio. Pero finalmente los hechos son esos y los hechos –desde mi punto de vista simplemente confirman la tragedia de este empoderamiento militar que va a ser una de las peores herencias, de las graves herencias que va a dejar [este] gobierno”. (16:20-16:30.)
Al día siguiente, el 12 de octubre de 2023, en su columna Astillero de La Jornada, Julio Hernández escribió que “la escena sucedida ayer en Perote, Veracruz, confirma el enorme peso del aparato militar, con tintes de poderío explícito sobre el civil, y el grado de impunidad de esa élite castrense, en particular en referencia a los casos Ayotzinapa y de la llamada guerra sucia. No es un asunto menor ni único, sino una suerte de exculpación política, de entendimiento manifiesto, de poderío transexenal cada vez más solventado y alimentado, no sólo con preseas o amnistías virtuales, incluso con negocios y presupuestos sustraídos a la verdadera transparencia bajo el manto de la seguridad nacional. Intocables entre intocables.” (Liga 10.)
En sus programas de opinión y mesas de análisis, JulioAstillero –quien luego olvidamos estudió leyes en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí– afirmó que el presidente realmente no estaba obligado a entregar la presea mencionada y que, si acaso hubiese una norma que así lo estipulase, seguramente sería una norma imperfecta, porque carece de sanción. Este argumento de don Julio, aunque formalista, es relevante.
El viernes 13 de octubre de 2023, en Momentum, con Ernesto Ledesma y Violeta Núñez, yo abordé este tema –haciendo un primer análisis de la opinión de César Gutiérrez Priego. Este último solicitó derecho de réplica y el día de ayer, el 17 de octubre de 2023, debatimos acerca del tema. (Liga 11.)
Vayamos por partes. Los tres medios tradicionales que mencioné primero hablan de condecoración y, en su video-tuit, el licenciado Gutiérrez Priego usó el mismo término. En mi opinión, no estamos ante una condecoración –puesto que la misma no está prevista en la Ley de Ascensos y Recompensas del Ejército y la Fuerza Aérea. De hecho, el licenciado Gutiérrez Priego y yo coincidimos en que la Secretaría de Marina se había preparado mejor para celebrar el bicentenario de la Armada (que ocurrió en 2021) pues promovió y convenció al Supremo Poder Legislativo de aprobar una reforma a su Ley de Recompensas en la que se incluyó la Condecoración Bicentenario –que no sólo se entregará una vez, como la presea entregada a los generales en Perote.
Por lo mismo, yo afirmo que a la ceremonia del 11 de octubre no aplicaban las estrictas reglas sobre protocolo de entrega previstas en el Reglamento de Ceremonial Militar; específicamente el Artículo 189 de ese reglamento que indica que “la imposición de condecoraciones corresponderá al C. Presidente de la República, quien podrá delegar sus facultades” en los secretarios militares y en los comandantes de unidad. El licenciado Gutiérrez Priego sostiene que pese a no tratarse de una condecoración prevista en la Ley de Ascensos y Recompensas del Ejército, debería aplicarse para su entrega la norma del ceremonial. Allí nuestro principal disenso –pero el mismo nos ayuda a comprender mejor los hechos. Porque el ceremonial es muy importante en los cuerpos castrenses.
Regresemos al argumento de Julio Hernández López. Astillero nos dice que el presidente no estaba obligado legalmente y que, aun en caso de estarlo, no habría sanción legal. Yo agregaría que en cualquiera de las interpretaciones jurídicas del caso, al final estamos ante una cuestión de protocolo y ceremonial. Quienes prepararon la ceremonia de Perote fueron militares de la Secretaría de la Defensa Nacional. Ellos no podían ignorar las amargas controversias públicas que rodean a los dos ex-titulares de esa secretaría que fueron galardonados. Se trata de hechos notorios. Por lo mismo, debían saber el sanquintín que se armaría alrededor de su Comandante Supremo. (La frase es perfecta por su connotación militar: proviene de la gran batalla de San Quintín de 1557, cuando los tercios españoles derrotaron a los franceses.)
Así las cosas, los organizadores militares de la ceremonia de Perote fueron, como mínimo, imprudentes al no ver la trampa en la que metieron a su Comandante Supremo –quien es un civil respetuoso de las tradiciones castrenses. Pero esas tradiciones no deberían ser ocasión de escándalo para la autoridad civil. El presidente no iba a confrontarles cambiando el protocolo, pero eso sólo aumenta la responsabilidad de ellos. Y en esto no tengo dudas: política y legalmente la crisis podía preverse y evitarse.
Ahora bien, en el contexto de las tensiones crecientes entre los militares, por una parte, y los oficiales electos civiles y los representantes de la sociedad civil encargados de investigar la verdad en los casos de la Guerra Sucia y Ayotzinapa, por la otra; el error de protocolo que señalo es gravísimo. Y, si no fue un error, la cosa es peor.
Pero no hay crisis tan grave, ni escándalo tan ruidoso, que no se pueda superarse mediante el debate democrático. Los medios lo propiciaron. El presidente lo continuó. Así descubrimos la trampa. Así nos salimos de la trampa.
Todas y todos debemos seguir el análisis de las relaciones cívico-militares en México. Agradezco al licenciado Gutiérrez Priego el debate dado. Aprendimos todos.
Ligas usadas en este texto:
Liga 1:
https://www.youtube.com/watch?v=vXPvEG_pE_Q
Liga 7:
https://twitter.com/cesargutipri/status/1712511773285253389 Liga 6:
Liga 9:
https://www.youtube.com/watch?v=2dSrkBRMRdg
Liga 10:
https://www.jornada.com.mx/2023/10/12/opinion/014o1pol





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