La psicóloga Angie Arellano explica qué las motiva a realizar el performance “Un violador en tu camino”

FOTO: Jesús Verdugo/OEM-Informex

Por Jazmín Ballesteros/OEM-Informex

SINALOA, Cul. El miércoles 11 de diciembre 180 mujeres de Culiacán replicaron en el Palacio de Gobierno el performance “un violador en tu camino”, un canto del movimiento feminista que empezó en Chile y que se extendió hasta distintas partes del mundo.

En Culiacán, como en otros lugares donde se realizó este acto, todos dieron su opinión en redes sociales sobre el porqué sí o porqué no estaba bien hacer el performance. La especialista Angie Arellano, psicóloga con formación en Derechos Humanos de las mujeres y atención a víctimas, explica en entrevista para este medio la razón de ese canto.

“El canto es una forma metafórica de cantarle a alguien que ejerció violencia sexual; antes cuando ibas al Ministerio Público a denunciar una violación, le preguntaba directamente a la víctima: ¿qué ropa traía?, si traían piercings y eso era para la ministerio una manera justificada del por qué violaron o mataron a la mujer”.

Ese cuestionario ya no se aplica en la actualidad.

“La misma sociedad te dice que fue tu culpa porque saliste sola o traías falda y te preguntan que si por qué no hiciste algo. Hay un factor muy importante que sucede en el ser humano cuando reaccionamos a una crisis: cuando estamos bajo una situación de estrés o crisis, nuestro sistema límbico reacciona y hace que, o huyas del problema, o te quedes paralizado y es una forma en la que el cuerpo te protege”.

Las víctimas reaccionan distinto al acoso o violación sexual, el acoso es el antesala a la violación. Las víctimas se sienten culpable cuando la sociedad les dice que les pasó por dónde estaban y cómo vestían. Que la mujeres no deben andar solas. Prefieren mantenernos en lo privado, dice.

MUJERES EN PRIVADO

 “Desde el inicio de los movimientos feministas, las mujeres estaban en lo privado y los hombres en lo público. Si nos vamos al contexto de los cavernícolas cuando los hombres iban a cazar mamuts, a llevar alimento a las mujeres mientras ellas estaban criando hijos, entonces los hombres desarrollaron esa habilidad de correr, cazar y así generaron un rol”.

“A como fue avanzando el tiempo las mujeres quedaron rezagadas en en ese rol, de manera que no teníamos ningún derecho: derecho a votar, menos a la educación. Recordemos el caso de Sor Juana Inés de la Cruz que se tuvo que hacer monja para tener acceso a la educación”.

Tampoco tenían el derecho a divorciarse, ni a quedarse con la custodia de los hijos y el patrimonio, los divorcios eran mal vistos.

El hombre tenía el poder sobre todo, a través de luchas revolucionarias que empezaron a hacer por sus derechos desde lo más mínimo.

“Y ustedes dirán que sí tienen derechos pero todavía no hemos logrado vivir una vida libre de violencia. Tenemos la Ley General de Acceso a las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia, los tratados internacionales, Ley de Igualdad para hombres y mujeres para la no discriminación, normas de salud y más instrumentos jurídicos que se tuvieron que hacer porque se estaban violando muchos derechos, no se estaban garantizando los derechos de las mujeres”.

 Las feministas que lograron que estos elementos jurídicos existieran, se llamaban feministas liberales porque buscaban igualdad entre hombres y mujeres.

“Ahora, llega un punto en el que la sociedad está harta de que pese a la existencia de elementos jurídicos, no se logra respetar con dignidad nuestros derechos. Entonces ya hicimos manifestaciones pacíficas, festivales pacíficos y culturales y no cambia nada ¿Entonces, qué más quieres? Ahora se manifiesta de manera agresiva a ver si ahora sí me escuchas, me ves y me pones atención”.

Dicen que esa no es forma pero la sociedad desconoce nuestra historia, incluso mujeres de cómo hemos ido avanzando en la lucha.

No es un problema solo de Culiacán ni de Sinaloa, es un problema mundial y hay sociedades como en el Islam que ahí sí es mucho más difícil que las mujeres accedan a sus derechos.

La violencia se da en los hogares y la sexual en todos los lugares y no está tan visibilizado por el mecanismo que tenemos naturalizado en la región. Aquí es normal que se hable de violencia por el contexto en que se vive en Sinaloa, por eso se pierde sensibilidad. 

Arellano actualmente se enfoca en la atención a las mujeres víctimas de violencia y es sobreviviente de un feminicidio, ella expresa que las mujeres sí denuncian pero se les hace pasar por un proceso muy cargado y las revictimizan en el mismo.

“Yo he tenido que intervenir en el ministerio público con los psicólogos porque las revictimizan con las preguntas que hacen, debo intervenir para que el ministerio público trabaje bajo una perspectiva de género y emita sus juicios”.

En el performance donde corearon “el narcoestado opresor es un macho violador”, Arellano indicó que había mujeres que ella había visto ir acompañadas en sus denuncias por violencia sexual.

TRES TESTIMONIOS

Corona Cervantes contó que a su tía la levantaron de la casa de su mamá, desapareció 27 días y después de ese tiempo secuestrada su cuerpo apareció en un canal de Navolato. “No sabemos quién fue, denunciamos, pero no pasó nada”, dijo.

Ella también ha sufrido de la inseguridad al transitar en las calles.

“He sido acosada y perseguida, en verano un carro me siguió un tramo bastante largo: Ley Rubí hasta el Paseo del Ángel, yo hice el reporte con las placas del carro pero resultó que el dueño del carro había vendido ese auto y había prestado las placas, entonces no di con el sujeto”, relató.

Nadia relata que en el transporte público un día un señor le tocó los pechos.

“Un señor muy grande se sentó a lado mío en el camión, yo iba leyendo, de repente observé cómo el señor ponía su mochila arriba de mi y sentía cómo mi pecho rosaba con su mochila y yo pensé que así era, cuando menos pensé, moví mi brazo y sentí su mano. No tengo muchos pechos ni siquiera. Pese a que él notó que me percaté de lo que hacía, él continúo tocándome. Enseguida me bajé del camión, asustada porque creí que podría seguirme”.

Este tipo de situaciones, señala la psicóloga Arellano, se debe a la poca seguridad que hay en las calles de Culiacán, a la falta de infraestructura en servicios públicos como el alumbrado.

“Hay una cuestión de movilidad en Culiacán, las calles no son seguras, no hay iluminación. Hay un constante miedo de que te vaya a suceder algo aunque la ciudad esté vacía, se siente el miedo y no se piensa en un asalto, sino en una posible violación, secuestro o asesinato”, dijo.

A las personas que estigmatizan este movimiento, expresa la psicóloga, sucede algo similar como cuando roban en una colonia.

“Hay gente que como no le ha pasado que le roben pues está tranquila, hasta que le roban es cuando entiende el por qué, invadieron su espacio privado y le quitaron cosas. Hasta que no les pase a ellos la violencia no van a entender. Esto no es una lucha entre el bien y el mal, yo les diría que fueran más empáticos”.

“Se pueden lograr cambios con este tipo de movilización social y lo dice la historia, a la fecha tenemos muchos derechos que ya los vemos naturales porque nacemos con ellos, pero éstos llegaron por luchas sociales que no fueron pacíficas”.

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