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La política y los milagros del Covid-19. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Imagen ilustrativa. Foto: Facebook de Alejandro Moreno Cárdenas.

Por: Ivonne Acuña Murillo

Una situación límite, como la que supone la pandemia provocada por el Covid-19, se convierte en una oportunidad extraordinaria para la ocurrencia de cierto tipo de milagros. En el mundo de la política mexicana y la Cuarta Transformación (4T) su emergencia es notoria. Vayan aquí algunos ejemplos.

Pérdida selectiva de la memoria o los malos políticos se vuelven buenos

De manera destacada, un partido político y su actual dirigencia han perdido la memoria sobre sus agravios pasados y de la nada han dejado de ser malos para convertirse en buenos políticos.

Del PRI se podría decir que ha sufrido la más grave pérdida de memoria a causa del Covid-19. La razón, sus 77 años ocupando la silla presidencial, incluyendo el sexenio pasado, sí, el de Enrique Peña Nieto, mismos que conforman un cúmulo enorme de cosas que olvidar, buenas y malas por supuesto.

Sin embargo, de manera singular, este partido recuerda muy bien lo bueno, haciendo a un lado décadas de corrupción, represión selectiva, impunidad y latrocinio, como puede verse en el spot #Échale la culpa al PRI”, en el que su dirigente, Alejandro Moreno Cárdenas, mejor conocido como Alito Moreno, pide a la gente pensar que: “Muchos dicen que el PRI es el culpable de todo, y en algo tienen razón. El PRI es culpable de que tus hijos tengan educación gratuita. También tenemos la culpa de haber creado el Seguro Social y somos culpables de que millones de trabajadores tengan casa propia. Así que la próxima vez que prendas la luz de tu casa o llegues más rápido a tu destino (mostrando imágenes del Metro) ¡Échale la culpa al PRI!”.

Esta campaña arrancó el mismo día, 12 de febrero, que Emilio Lozoya, exdirector de Pemex, fue detenido en España, acusado de corrupción por recibir sobornos por más de 10 millones de dólares de la constructora brasileña Odebrecht. Mala suerte se dirá.

Sin embargo, el milagro siguió adelante y nuevamente Alito ofreció el más claro ejemplo de pérdida selectiva de la memoria. Con una clara preocupación por la salud de la gente, denunció al actual gobierno por haber deteriorado, en poco más de un año, las remuneraciones, capacidades y salarios de los institutos de salud pública federal, así como por la falta de insumos básicos y equipos de protección para el personal médico, haciendo eco de denuncias aisladas.

Pero, lo mejor estaba por venir. El dirigente priista sostuvo, en otro spot aparecido los primeros días de marzo, que “ha desaparecido en los hechos la buena atención y las consultas médicas expeditas para la población más desprotegida. Se dejó pasar el tiempo y no se fortalecieron oportunamente las capacidades clínicas y de diagnóstico frente a una pandemia que desde hace meses se veía venir.”.

Por supuesto, y aquí el milagro mayor, el líder priista olvidó que su partido y los gobiernos panistas que le siguieron, procuraron desmantelar el sistema público hospitalario en función de la ortodoxia neoliberal que recomendaba “privatizarlo todo”.

En la segunda parte del mismo spot, Alito hizo una sólida propuesta que no deja lugar a dudas sobre su conversión al bien. Propuso la reasignación de la mitad del financiamiento público del PRI y de los otros partidos a través de un Fideicomiso manejado por la sociedad civil y cuyos integrantes serían nombrados por el consejo General del Instituto Federal Electoral. En este punto, el destino no fue propicio a las buenas intenciones priistas, dado que esa posibilidad ya no existe pues el propio presidente, Andrés Manuel López Obrador, publicó en el Diario Oficial de la Federación, el jueves 2 de abril, un decreto mediante el cual desaparecen todos los fideicomisos públicos y cuyos recursos, que representan casi un punto porcentual del PIB, volverían a la Tesorería de la Federación, por eso de las viejas costumbres priistas de hacer perdedizo el dinero.

Con los recursos del frustrado fideicomiso pretendía Alito se financiara la compra de pruebas del coronavirus, se dotara de equipo e infraestructura médica a los hospitales, que se compraran camas con respiradores, que se contratara y capacitara más personal médico y se pagaran medicamentos para la prevención del contagio y para abastecer de medicamentos en contra del coronavirus.

Finalmente, a la nueva bondad priista hay que añadir sus buenos oficios públicos, al proponer la postergación de “las obras faraónicas de AMLO” y su llamado a no continuar con la confrontación y los caprichos personales.

En contraste, el PRI ha olvidado lo malo, eso que lo ha llevado no sólo a la pérdida de la silla presidencial en dos ocasiones y que lo ha colocado como una muy lejana tercera fuerza política, sino al quebranto, casi absoluto, de su credibilidad y legitimidad, de cara a una población cuya memoria es más fiel que la suya y que probablemente no este dispuesta a responder a su llamado para salir adelante, como pretendiera Alito en un spot más, publicado el 22 de marzo.

Spot en el que aprovecha para golpear al gobierno federal al afirmar que “Ningún nivel de gobierno sería responsable, si por evitar el pánico minimiza lo que estamos enfrentando. Ningún nivel de gobierno es creíble, si busca ocultar información por temor a ser juzgado públicamente”. Bueno, tampoco se podía esperar que, aunque se trate de un milagro, olvidara por completo sus viejas mañas.

El Covid-19 resucita cadáveres políticos

La pérdida selectiva de la memoria no es el único milagro atribuible a la pandemia del Covid-19, como en los tiempos de Cristo, algunos muertos han resucitado. Es el caso de Ricardo Anaya Cortés, que después de su estrepitoso fracaso en la elección presidencial del 2018 se recluyó en la vida privada dándose por muerto políticamente.

Pero, la oportunidad que una pandemia brinda no se puede desdeñar y el desaparecido Anaya volvió a la vida pública en un spot, publicado en YouTube el 22 de marzo, en el que desahoga sus ansias presidenciales y en el que, con la humildad propia de un hombre camino de la santidad, comparte que no se ha dedicado a la política sino a dar clases, pero que ha estado pensando mucho en nosotros, ¡sí!, en usted, en mí y en todo el pueblo de México, faltaba más.

“No son tiempos de política, para dividir, sino para unir (afirma). No se trata de pelear con el presidente, pero si exigir seriedad para que se escuche a los expertos, para ser sensato, para hacer las pruebas y más pruebas, para hacerla a los sospechosos”. Como Alito, repite de manera singular y a pie juntillas lo dicho por López-Gatell una y otra vez, pero, eso sí, en un tono más docto relata lo que pasa en otros países, los despidos, los migrantes, la caída del precio del petróleo, la devaluación del peso.

Termina diciendo igual que Moreno, el redimido priista, pero con un rostro que pretende ser épico, que: “México somos todos, vienen tiempos muy difíciles, pero el sol volverá a salir. México saldrá fortalecido de esta crisis. Tendremos la fuerza para demostrar una vez más, como lo hemos hecho después de terremotos y desastres naturales, que somos un país en el que la fraternidad, la solidaridad y la empatía son parte de nuestra esencia. No estamos solos. Estamos todas y todos los que queremos ayudar a México y somos muchísimos. Sigamos adelante, juntos podemos. Cuídense mucho y que viva México”.

Vaya milagro, este virus hace soñar a los muertos, a los perdedores, a los escapados de la vida pública. Anaya envía el mensaje que seguro diría si hubiera cumplido su sueño de ser presidente de la República.

No se piense que Anaya es el único cadáver político resucitado, el PRD lo es también, aunque a diferencia de la prudencia que puede reconocerse a Anaya, este disminuido partido se lanzó con todo. El 6 de abril, publicó en su sitio de Internet que el programa de AMLO para atender la grave crisis en el país era insuficiente y haciendo referencia al Informe de Actividades presentado por el primer mandatario un día antes, sostuvo que: “En lugar de discursos triunfalistas, el mandatario federal debió llamar a un gran Acuerdo Nacional para afrontar la grave crisis sanitaria y la recesión económica”.

El 7 de abril, en su misma página hizo una denuncia en contra del primer mandatario, sosteniendo que: “Al presidente no le importa la salud de los mexicanos solo piensa en sus obras electoreras”. Como prueba de sus dichos hizo referencia al Decreto que establece que constructoras que laboran en la Refinería Dos Bocas, Tren Maya y Aeropuerto Santa Lucía no suspenderán actividades.

Dos días después, el 9 de abril, publicó un Plan de Crisis Integral que contiene 10 acciones urgentes para ser implementadas durante la pandemia del coronavirus. En dicho Plan se exige atender el rubro económico y a todos los sectores de la población, iniciando por los más pobres y vulnerables. ¿Dónde he oído eso antes? Si les digo que el Covid-19 provoca pérdida de la memoria.

Después de hacer otro llamado a la Nación, a las organizaciones sociales, sindicatos, empresarios y partidos políticos para enfrentar la contingencia del Covid-19, en concordancia con el comunicado del 7 de abril, pidió se redireccionen los recursos destinados al Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas y el Aeropuerto de Santa Lucía para la atención de la pandemia.

Como antecedente se debe decir que el cadáver del PRD comenzó a dar señales de vida el 13 de febrero en que dio inicio su campaña #YoTeDefiendo, a partir de la cual el partido se convirtió en agencia de citas médicas. En el spot correspondiente este instituto político afirmó que su objetivo era acompañar jurídicamente a las personas para que pudieran obtener medicinas del sistema de salud por el desabasto que se registra, para el cáncer en especial, aunque la iniciativa ampararía a personas con otros padecimientos. Claro, la veta está allí, con los enfermos de cáncer. Y no se crea que, porque ya tienen un movimiento de protesta organizado, sino porque al PRD realmente le preocupan las personas que sufren de esta enfermedad. La oportunidad política no es aquí el parámetro que considerar, sino un milagro más de conversión al bien.

A pandemia revuelta, ganancia de gobernadores

Todos quieren salir ganando algo en esta contingencia, si no es una candidatura, por lo menos no ser culpados de negligencia cuando las cosas empeoren. Bien se dice que a río revuelto ganancia de pescadores. Entre los pescadores más destacados se encuentran algunos gobernadores, entre ellos uno que se dice independiente y que ya compitió por “la grande”, por supuesto, Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, gobernador de Nuevo León. A él se suman otros que quisieran ser los candidatos de sus partidos en las elecciones presidenciales de 2024, a saber: Enrique Alfaro Ramírez de Jalisco, Jaime Bonilla Valdez de Baja California, por mencionar tan sólo a los más inquietos.

Alfaro no sólo demanda atención del gobierno federal, sino que como cualquier aspirante a dictador impone medidas extraordinarias a sus gobernados, limitando sus derechos so pretexto de la emergencia sanitaria. Otros gobernadores que van por este camino son: Miguel Ángel Riquelme Solís de Coahuila y Francisco Javier García Cabeza de Vaca de Tamaulipas. Los tres, junto con Rodríguez Calderón, también han aprovechado la contingencia para pedir se revise el pacto fiscal federal, en función de las aportaciones que hacen a la Federación y de los recursos que suponen requieren sus estados.

“Pescar algo bueno” en medio de la desgracia sería el milagro que considerar aquí. Los gobernadores que quieren ser tomados en cuenta para la elección presidencial del 2024 aprovechan la contingencia para dejarse ver y mostrar a la población del país que no serían presidentes “blandengues”.

El de Baja California, que parecía ser amigo de López Obrador, lanzó toda la carne al asador cuando denunció que sus cifras no eran las de Hugo López-Gatell en torno al número de enfermos y muertos en su estado. De este último gobernador se puede decir que esperaría que la pandemia le hiciera dos milagros: llegar a la silla presidencial y que siendo votado para 6 años pudiera quedarse al menos 12.

En este punto, cabe decir que los datos presentados por el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud provienen en gran medida de los mismos estados y que Salomón Jara Cruz, senador por Morena, denunció el sábado 25 de abril, que seis gobernadores se niegan a proporcionar información sobre los muertos y la ocupación hospitalaria en sus respectivos estados. Los acusó igualmente de anteponer sus intereses políticos en la búsqueda de una candidatura, a costa del bienestar de sus gobernados. Como no mencionó nombres, saque usted sus conclusiones.

Por supuesto, hasta los milagros tienen límites por lo que no se incluye aquí a Cuauhtémoc Blanco Bravo ¿gobernador de Morelos?, pues ni con un milagro podría dar una respuesta acertada a la pandemia que azota al mundo, a México y a su estado.

La pandemia no le hace milagros sólo a ciertos gobernadores, a algunos presidentes municipales también. Entre ellos se encuentran algunos gobernantes que han impuesto el toque de queda en sus municipios, como: Efrén Adame Montalván, de Ometepec, Guerrero; Juan Manuel Rodríguez Rodríguez de Tulcingo de Valle, Puebla; Jorge Tello García de Tomatlán, Jalisco. En estos casos podría preguntarse si el virus reconoce horarios para eso de contagiar. De ser así, harían bien estos presidentes municipales en compartir esa información con el Consejo de Salubridad General y el mismo López-Gatell para que impongan las mismas restricciones.

Uno en ir más allá fue Arturo Dávalos Peña, presidente municipal de Puerto Vallarta, Jalisco, que, como hombre precavido, en cuanto se presentó el primer caso que dio positivo por coronavirus en su demarcación, mandó cavar 500 fosas dobles, por eso de no sentirse solos, en lugar de revisar la condición de los hospitales en su municipio.

Pero no se concluya que estos personajes quieren ser gobernadores, nada de eso, como todos los aquí mencionados participan del milagro de la conversión.

Para ir cerrando, es preciso aclarar que la situación límite provocada por la pandemia del coronavirus no sólo crea ocasión para la aparición espontánea de milagros, produce también la necesidad de que el presidente de la República realice algunos por cuenta propia.

Caminar sobre las aguas

El primero exige al presidente “caminar sobre las aguas”, como lo hiciera Jesús de Nazaret, sin hundirse, para endeudar al país, como lo exige la máxima neoliberal en caso de crisis económica, para que las cúpulas empresariales, no perdón, las pequeñas y medianas empresas puedan ser rescatadas, como en administraciones pasadas, de manera que no pierdan y deban pagar el rescate de sus propios negocios sino que, como siempre, sea el gobierno y la ciudadanía, que paga impuestos, quienes se carguen con sus deudas.

Por supuesto, López Obrador, que no ha entendido la santidad de su mandato, se resiste a entrar en razón.

La multiplicación de los panes

Un milagro más, la multiplicación de los panes o de recursos para rescates económicos, para que “por cada peso que aporten los partidos Hacienda deba poner otro, igual por cada spot el gobierno deberá hacer otro”, para la compra de camas, respiradores mecánicos, cubrebocas, mascarillas, guantes, contratación de personal médico, …, como pretende el PRI.

Esta es la exigencia máxima toda vez que con desearlo basta. Total, por eso se llama milagro, ¿no? Basta con que se coloque frente al presidente un ejemplar de cada insumo para que con su poder sanador… ¡Ah no! ese es para otra cosa, aunque pensándolo bien, en lugar de pedirle al presidente que multiplique los insumos, mejor hay que pedirle que imponga sus manos sobre los enfermos y los cure.

Más rápido y más barato, así no tendrá que posponer sus grandes obras de infraestructura como el Aeropuerto de Santa Lucía, La Refinería de Dos Bocas o el Tren Maya, como exigen el PRI y el PRD. Ni imponer la medida anunciada para reducir el salario y aguinaldo de la burocracia federal, de subdirectores para arriba, ni disponer del 75% del presupuesto destinado a servicios generales y materiales y suministros de la Administración Pública Federal,

Termina aquí el recuento de los milagros del Covid-19, cuya pandemia brinda una ocasión inmejorable para la amnesia selectiva, la resucitación de muertos, la pesca política oportuna, la multiplicación de panes y la levitación.


IVONNE ACUÑA MURILLO

ARTICULISTA

Prensa Ibero y Revista Zócalo

ARTÍCULOS PUBLICADOS

25 académicos y más de 250 periodísticos

COLUMNISTA INVITADA 

El Economista, El Universal, Milenio Diario, Excélsior, The Huffington Post México y La Silla Rota.

Twitter: @ivonneam

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