La idiosincrasia de ser mexicano. Autor: Iván Uranga

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Robar con estilo, robo descarado, héroes populares, huachicoleros de gasolina y agua, crímenes de lesa humanidad, indignación capitalina y Rosa de Luxemburgo.

La idiosincrasia de ser mexicano es el conjunto de ideas, comportamientos y actitudes propias actuales de los mexicanos. En México durante muchos años estas características fueron infundidas por la idea de lo que nos querían hacer creer que somos, desde la educación, la historia oficial, la televisión y la religión que se enfrentaba permanentemente con la realidad vivida por todos, así que la realidad y sus valores eran distintos: los de la televisión a los del trabajo, los de la escuela a los de la casa y los oficiales a los de la calle. Lo que se “valía hacer”, es decir los límites, eran determinados por el contexto, por lo que mientras popularmente se festejaba “al Rafles” el ladrón fino de joyas, o al carterista del “el 2 de bastos” el que te podía sacar la cartera sin que lo sintieras, o al “Timador ladino” que podía con ingenio estafar al gobierno o los ricos, oficialmente eran repudiados y perseguidos, aunque dentro del pueblo siempre tenían una silenciosa e irónica complicidad que los consideraba una especie de justicieros, porque aunque usted no lo crea, eran ladrones con ética profesional, muy ingeniosos, que nunca empleaban la violencia para sus robos o la afinidad histórica con “Chucho el roto”, el ladrón que repartía lo robado a los pobres.

Todos sabemos que el gobierno de México durante las últimas décadas nos ha robado descaradamente ante la pasiva expectación de un pueblo que ya sin Emiliano Zapata y el “Tata Lázaro”, le enseñaron a depositar su esperanza de justicia en la televisión con personajes que fueron desde El Santo, hasta el Chapulín Colorado, mientras en la realidad surgían nuevos luchadores sociales cómo Genaro Vázquez y Lucio Cabañas. Es por esto que una figura mediática como la del Subcomandante Marcos a mediados de los 90tas. se acuñó perfectamente en esta idiosincrasia, esta mezcla de Zapata y El Santo con un halo de Che Guevara era infalible para convertirse en el depositario de la esperanza de justicia en nuestro país, pero ante el desengaño de la realidad del personaje, el pueblo de México adoptó a nuevos héroes, es así que de repente un ranchero armado contra el robo de su siembra y sin ninguna ideología política ni moral a diferencia de los anteriores, se posicionó como el nuevo símbolo de la rebeldía nacional y los ojos de la esperanza se depositaran en el “Dr. Mireles”, durante este proceso la figura de Andrés Manuel López Obrador surge como el relevo de un cansado Cuauhtémoc Cárdenas hijo “del Tata” que desistió de su empeño de gobernar al país.

Es justo unos años antes de la asunción al poder político de AMLO que se consolida el huachicol como una alternativa de justicia social entre el pueblo, que ante las constantes vejaciones del gobierno, ve en la posibilidad de la compra de gasolina robada a menor precio una ayuda y un poco de justicia contra el mal gobierno: La recién embestida del gobierno de AMLO para detener esta práctica, reveló que todo esto que creíamos era un acto valiente de rebeldía, no era otra cosa que un circo preparado desde el gobierno PRI-PAN y que mientras ellos robaban miles de millones de pesos en gasolina a nosotros nos daban “gasolina con el dedo” y esa poca gasolina que podía llegar a menor precio creó una complicidad silenciosa de todos ante el gran robo.

Festejamos y apoyamos el que el nuevo gobierno combata con tal vehemencia el robo de la gasolina que esperamos que ahora sí sea de los mexicanos, aunque su falta de análisis nos esté costando la novatada del desabasto, y esperamos que así como le preocupa recuperar los miles de millones de pesos que se roban o robaban estas mafias político partidarias y sindicalistas, también ponga esta vehemencia en erradicar los feminicidios y los asesinatos a periodistas, luchadores sociales y activistas.

Lo que queremos destacar ahora son las actitudes de la población ante estos hechos, durante los últimos días independientemente de la obvia campaña de falsas noticias orquestada desde la ahora oposición para nutrir esta crisis de abasto originada por la ofensiva contra los grandes ladrones de gasolina en México, la realidad es que aunque exista en el país la suficiente gasolina para cubrir la demanda, esta gasolina no está llegando en tiempo y en forma al cien por ciento de los centros de distribución de todo el territorio nacional, por lo que además del desabasto ha creado una crisis sicosocial plagada de desinformación y miedo por no contar con el ansiado hidrocarburo, por lo que han surgido una innumerable cantidad de conflictos sociales que van desde los pleitos en la largas filas de personas con sus autos esperando por días por un poco de gasolina, saqueos masivos de gasolina en ductos abiertos, hasta bloqueos de vialidades.

Todas estas manifestaciones de “indignación” aunque válidas parecieran ridículas, si pensamos que desde hace más de 10 años (y sigue pasando) asesinan a más de 70 mexicanas y mexicanos por día, que son más de 500 los activistas asesinados, que suman más de 150 los periodistas, miles de feminicidios, torturas, violaciones y decenas de miles de desaparecidos, por los que no vimos que reaccionaran estos mismos oleoindignados, y que en México existen mafias como la empresa Nestlé que coludidos con el gobierno están huachicoleando (robando) toda el agua de los mexicanos y que durante el gobierno de EPN se le regaló mediante un convenio toda el agua de nuestros volcanes, para que después nos sea vendida embotellada para el indiscriminado enriquecimiento de esta criminal empresa. A la que ahora el nuevo gobierno pretende darle el agua y el café de Veracruz y no vemos a miles manifestándose en contra de este saqueo o exigiendo al nuevo gobierno por lo menos una consulta para saber si es lo que queremos todos.

¿Será que para el nuevo gobierno y para los mexicanos es más importante la gasolina que el agua? ¿Habremos perdido tanto el rumbo de lo importante, de los valores reales, de la vida misma?

Un hecho indudable es que mientras las cosas no sucedan en la capital de país, “no suceden”, es decir; durante muchos años hemos denunciado el avance de los grupos delictivos, del narcotráfico, las violaciones, de los robos, de los asesinatos, de las torturas, de las desapariciones, persecución a periodistas y activistas. Hechos que los medios y todos los “grandes analistas” desestimaron y siempre los consideraron como casos aislados: Ejemplos de brutales crímenes de lesa humanidad como Acteal, Atenco, San Fernando, Aguas Blancas, Tlatlaya entre otros que en la “indignación” citadina sólo pasaron a la historia social y popular como hechos de mal gusto y no fue hasta el colmo de la barbarie de Ayotzinapa que se vio y se sintió una indignación real desde la capital del país.

Durante los primero días del desabasto en “provincia” también fue desestimado el desabasto y se insistía que eran noticias falsas contra el nuevo gobierno, incluso durante el primer día de desabasto en la CDMX la jefa de gobierno salió a afirmar que no era tal, que en la capital del país no había desabasto, aunque sólo una horas después tuvo que implementar un plan de emergencia contra el desabasto que por lo que se ve durará algunos días más, pero para entonces la idiosincrasia de los mexicanos habrá adquirido nuevos elementos que se incorporarán de facto en las actitudes que se reflejarán en su comportamiento cotidiano.

Esperemos que llegue el día en que nuestra indignación activa surja no por la falta de un combustible fósil que no debiéramos usar, sino ante cualquier injustica en cualquier parte del mundo y que como uno solo los seres humanos nos manifestemos como lo propuso Rosa de Luxemburgo hoy a 100 años de su muerte y luchemos juntos “por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga

@CompaRevolucion

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