La derrota eléctrica de AMLO: punto de quiebre ¿hacia dónde? Autor: José Reyes Doria

José Reyes Doria

@jos_redo

La reforma constitucional en materia eléctrica del presidente Andrés Manuel López Obrador fue rechazada en el pleno de la Cámara de Diputados. Ese es el hecho político, incontrovertible. Por la contundencia del hecho, ha generado todo tipo de lecturas para posicionar visiones ideológicas extremas: desde tipificar a AMLO como gran maestro del ajedrez que se auto infligió una derrota monumental con la mira de volver más adelante con un jaque mate contra los conservadores, hasta la creencia opositora de que han renacido y se han purificado todas sus culpas ante la sociedad por frenar la reforma obradorista.

En todo caso, lo importante es tratar de encontrar el significado de este hecho político. La reforma eléctrica era la más importante del sexenio, la que entrañaba una mayor trascendencia política, económica y simbólica. Más allá de la propaganda a favor y en contra, la reforma eléctrica sí ponía sobre la mesa el tema de la recuperación de la soberanía nacional en materia eléctrica y se planteaba revertir las condiciones legales de abuso y privilegio de empresas nacionales y extranjeras en el sector eléctrico.

Podría interpretarse esta reforma como un punto de quiebre entre el orden constitucional-institucional-ideológico del neoliberalismo y la pretensión del gobierno de AMLO de instaurar un nuevo régimen. La reforma eléctrica, por lo tanto, cambiaba radicalmente la estructura y los equilibrios del Estado en un sector altamente significativo en términos económicos y políticos. A diferencia, por ejemplo, de la política social de AMLO de entregar dinero en efectivo a la gente, porque, siendo encomiable, esa política social en sí misma no soluciona la pobreza, e históricamente ha sido utilizada por gobiernos neoliberales como el del mismísimo Carlos Salinas de Gortari con su Programa Nacional de Solidaridad.

Entonces, para entender el momento político que estamos viviendo, cabe la pregunta: ¿por qué AMLO no se lanzó por la reforma eléctrica en 2019? Entonces estaba en el esplendor simbólico y político de su poder. En términos de aritmética parlamentaria, tenía más al alcance de la mano la mayoría calificada; en la Cámara de Diputados, Morena y aliados solo necesitaban 10-15 votos más para lograr la mayoría calificada de dos terceras partes requerida para reformar la Constitución.

Sobre todo, en 2019, los partidos de oposición estaban noqueados, desorientados, sumidos en una profunda crisis, lo cual habría permitido, sin mayores problemas, convencer a un puñado de ellos de reformar la Constitución en materia eléctrica. Aquí una digresión que no lo es tanto: el momento político de un mandato popular arrollador, alcanzaba también para ir por la “enchilada completa” en materia energética, es decir, revertir la reforma de 2013 en materia petrolera; recuperar la propiedad absoluta de la Nación sobre el petróleo y cerrar las puertas a la participación de las empresas privadas que, hoy por hoy y en virtud de la reforma de Enrique Peña Nieto, pueden explorar, explotar, extraer, comercializar y llevarse el petróleo y la renta petrolera, sin “pelar” a PEMEX ni al gobierno.

Volvamos a la reforma eléctrica. En 2019 los poderes fácticos, los Claudios, los extranjeros, estaban también azorados, desarticulados ante el poder arrollador del gobierno de López Obrador. Era momento propicio para dar el manotazo nacionalista, recuperar margen de maniobra para el Estado y ganar una posición de poder para apuntalar las aspiraciones de una transformación a fondo del régimen neoliberal. Cierto, los Estados Unidos iban a tartar de impedir la reforma, y el riesgo era mayor con un personaje tan impredecible como Donald Trump, pero de que en 2019 había mayor margen de maniobra para el gobierno de AMLO, lo había.

Ahora, las cosas están dadas. El propio AMLO ya dijo que la reforma eléctrica deberá ser retomada por el siguiente gobierno, confiando en que será encabezado por alguien arropado por la llamada Cuarta Transformación. Es previsible un endurecimiento del discurso y las acciones del gobierno de AMLO, como ya lo estamos viendo en esta riesgosa, por impredecible, campaña de linchamiento contra los diputados que rechazaron la reforma eléctrica, calificándolos como traidores a la patria.

La oposición, engallada y tratando de convertir en un triunfo el frenón a la reforma eléctrica, ya anunció que también rechazara la reforma político-electoral y la reforma para que el Ejército se haga cargo de la Guardia Nacional, mismas que AMLO anunció como puntos estratégicos de su proyecto transformador en 2022. Es probable que la oposición de PRI, PAN y PRD recuperen, a partir de esta situación, margen de maniobra para presentarse ante grandes sectores de la sociedad desencantados con AMLO como una opción para aglutinar el voto anti4T en 2024. En términos táctico-estratégicos no sabemos por qué López Obrador decidió someter a votación en San Lázaro una reforma que todos veían que iba a perder, no conocemos la ganancia de ajedrecista magistral obtenida según algunos de sus seguidores, pero el hecho es que la oposición tomó el regalito y tratará de explotarlo al máximo.

Lo previsible es que en junio Morena gane cinco de las seis gubernaturas en juego; y que en 2023 gane todas las que se disputen. El PRI podría llegar con cero gubernaturas al 2024, el PAN llegaría con un mínimo histórico de gobiernos estatales. Todo esto fruto de un proceso incesante de transferencia de filiaciones partidistas hacia Morena que obedece a una lógica de seguir la “ruta del poder” desde abajo, y que amerita un análisis aparte.

Sin embargo, esta zaga de triunfos locales no le garantiza al cien por ciento a AMLO-Morena que ganarán “caminando” las elecciones presidenciales de 2024. La oposición, los poderes económicos, los poderes fácticos, numerosos medios, sindicatos, organizaciones sociales, ya olfatearon las debilidades del gobierno obradorista y, eventualmente, podrían articularse para disputarle la Presidencia en 2024.

En este contexto, podríamos aventurar la hipótesis de que, a pesar de que era una derrota anunciada que empoderaría a la oposición, AMLO decidió someter a votación su reforme eléctrica, porque necesitaba ese punto de quiebre para empezar la campaña total de cara a las elecciones de 2024, con un discurso polarizador y de condena a los enemigos y de exigencia de lealtad incondicional a los amigos para cerrar filas con la ruta que se marque desde Palacio Nacional para la batalla por la Presidencia.

José Reyes Doria
José Reyes Doria

Politólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.
Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com

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