La consulta es de “chocolate” pero debemos participar. Autor: Iván Uranga

La justicia es la única virtud posible de un gobierno, porque en ella se sostiene la honestidad, la
igualdad, la dignidad, la paz y la libertad de una nación.
Iván Uranga

El esfuerzo de millones de ciudadanos por enjuiciar a los expresidentes es encomiable, pero a la clase política de México le falta mucho para permitir una verdadera democracia participativa. Nadie, excepto los victimarios, votaría contra la pregunta:

¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?

Porque todos somos víctimas de “las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos” que por cierto al ser la consulta popular este año, el amplio rango de tiempo a “las acciones pertinentes con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos” abarcaría desde la fundación de México hasta el 2020, con lo que podría entrar desde la traición de Madero a Zapata, hasta la construcción del Tren Maya y el asesinato de Samir Flores producto de una decisión política del actual Presidente de México.

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Cuando votamos por Andrés Manuel López Obrador, lo primero que esperábamos es justicia, una justicia que nos diera paz, para comenzar a construir una nación diferente, sobre cimientos firmes y buenos, pero no está en la agenda del Presidente; para él como lo ha dicho públicamente, los gobiernos de antes de Salinas de Gortari fueron buenos gobiernos, y de los posteriores, aunque no se cansa de acusarlos demagógicamente todos los días de los destrozos del pasado, no ha iniciado ni un solo proceso penal contra ellos, “porque no soy hombre de venganzas” impidiendo la justicia y limitando la aplicación de la ley a su parecer, reduciendo el necesario rendimiento de cuentas por los actos del pasado a una vulgar venganza. 

Porque en esencia eso es lo único que pedimos, que se aplique la ley en México para todos por igual, que se castigue a mis torturadores, a los torturadores de mis padres, a todos los torturadores y a sus jefes, a los que me privaron de la libertad sin ningún derecho, a los que privaron de la libertad a millones y a su jefes, a los que asesinaron a mi familia impunemente, a los que asesinaron a millones de familias y a sus jefes, a los que me violaron, a los que violaron a millones de personas y a sus jefes, a los que desaparecieron a mis seres queridos, a los seres queridos de millones y a sus jefes, a los que nos robaron las riquezas, la tierra, el territorio, la paz y la esperanza. ¿Por qué todos estos criminales siguen impunes?

No se equivoquen, no necesito venganza, quiero justicia, quiero que todos estos políticos que tomaron esas decisiones asuman las consecuencias de sus actos y que la ley en México sea pareja, porque si cualquier otro ciudadano hubiera hecho lo que ellos y ellas hicieron, estaría en alguna de las cárceles inmundas de México esperando juicio por años. La impunidad sigue gobernando y el actual Presidente cierra los ojos ante ello.

A esta tan esperada consulta, quien le quitó la esperanza fue el Presidente, desde su llegada al poder, el obvio pacto de impunidad lo llevó a declarar desde un principio que “de hacerse la consulta, yo votaría en contra” y la retrasó todo lo que pudo, después de muchas presiones el 12 de noviembre se comprometió públicamente con Carmen Aristegui a que el 21 de marzo de 2019 sería la consulta, y no cumplió. Tuvieron que salir a las calles miles de ciudadanos a recaudar millones de firmas para solicitar la consulta para enjuiciar a los expresidentes, firmas que no fueron reconocidas ni por el mismo Presidente, que hace una semana declaró que la consulta se debe a que él envió la iniciativa al Congreso, la realidad es que ante la presión pública, tuvo que ceder a la consulta, que el Congreso manipuló y el Poder Judicial entrampó, con una pregunta tan abiertamente absurda que aunque se consiguieran las decenas de millones de votos a favor que se necesitan, sería imposible juzgar a nadie, porque así fue pensada.

¿Por qué afirmo que es una consulta de chocolate?

Porque el Presidente no se cansa de decir que votaría en contra, el Congreso no autorizó el presupuesto para realizarla en grande, la Suprema Corte de Justicia le quitó la fuerza a la pregunta de la consulta y el órgano electoral responsable de aplicarla “imparcialmente” no es imparcial y ya tomó una posición política en contra y la obstaculiza colocando el 30% de la urnas (se instalarán sólo 57 mil 124 a diferencia de las 162 mil 248 casillas de las pasadas elecciones, ¡105 mil casillas menos! ) y no la promueve, a la fecha en la que este artículo fue escrito, los anuncios, para “promover” la consulta popular sólo indican qué se necesita para votar, es decir, toda su publicidad es genérica y no aborda la pregunta, ni el tema de la pregunta. En un anuncio se puede ver a personas cargando letreros con las palabras “Si” y “No”; descaradamente en ese anuncio que dura 30 segundos ponen un 50% más la palabra “No” como una obvia inducción publicitaria para quienes los vean, para que voten en contra de la pregunta, violando el Artículo 40 párrafo segundo de la Ley Federal de Consulta Popular que textualmente dice: “La promoción deberá ser imparcial. De ninguna manera podrá estar dirigida a influir en las preferencias de la ciudadanía, a favor o en contra de la consulta popular”, y como colmo del absurdo para que sea vinculante la consulta, es decir, para que tenga efectos de ley, piden el doble de los millones de votos con los que fue electo presidente Enrique Peña Nieto, sólo por poner un ejemplo. Así que los tres órganos de gobierno y el árbitro no quieren la consulta y no quieren que se obtengan los 38 millones de votos que se requieren (8 millones más de los votos con los que ganó López Obrador después de 14 años de campaña, en la elección más nutrida en la toda la historia de México). Y nos permiten hacer la consulta popular al igual que cuando éramos chamacos y le permitíamos jugar al más indefenso bajo la advertencia de que él era de “chocolate”, expresión que usábamos para decir que su participación no contaba.

¿Por qué debemos participar?

Creo firmemente que debemos participar:

Porque independientemente de que no tendrá ninguna implicación real para la justicia en México, es la primera vez que en toda nuestra historia como país, que se le pregunta algo al pueblo, que no sea quién quieren que los gobierne, es decir, es el primer paso en toda nuestra historia para sentar las bases de la construcción de una verdadera democracia participativa.

Porque no es una consulta a Morena y sus aliados, es una consulta a la memoria del pueblo de México, en donde por primera vez la sociedad que nunca ha participado en la decisiones políticas, que le han afectado en su vida, su patrimonio, su seguridad, su desarrollo y su paz, puede participar. Este es el primer paso para que el 99% sólo usado en las elecciones pueda opinar.

Porque todos los ciudadanos tenemos el derecho de participar activamente en todas las decisiones del gobierno, porque quien nos gobierna debe responder a nuestro mandato y no a su criterio personal, como ha sido hasta ahora.

Porque participar en esta consulta es fortalecer este primer instrumento de participación ciudadana, más allá del voto, es comprometernos con nuestra vida, con la transformación real de México, mucho más allá de los discursos de los autoproclamados.

Porque es sentar las bases para un sistema político diferente, en donde no sean los partidos ni las cúpulas políticas y económicas las que decidan por todos.

Porque es un día histórico y debe ser de júbilo, porque podemos ser parte de la historia.

Porque si a pesar de todos los obstáculos del gobierno y de toda la clase política, conseguimos los improbables 38 millones de votos que se necesitan para “que se lleven a cabo las acciones pertinentes con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas.” A pesar de que el cínico consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova pidió “no confundir a la ciudadanía pues la consulta popular del 1° de agosto no será para “enjuiciar a los expresidentes, esclarecer las decisiones políticas del pasado”. Podemos comenzar a exigir al Presidente, al Congreso, a la Suprema Corte de Justicia y a la Fiscalía General de la República que se procese a los expresidentes, porque también existe legalmente algo que se llama “el espíritu de la ley” y todos ellos y el pueblo sabemos que aunque no lo diga, el espíritu de esta consulta es llevar ante la justicia, mínimo a los expresidentes que siguen vivos. Pero “los actores políticos del pasado” son todos ellos, los Bartlett, los Woldenberg, los Ugalde, los Murayama, los Córdova, pero también son actores políticos del pasado, las televisoras, las estaciones de radio, los periódicos, los periodistas, las religiones y sus representantes, los dueños del dinero, funcionarios y exfuncionarios públicos.

Porque debemos quitar de la redacción de la pregunta la estúpida palabra “posibles”, porque todos y cada uno de los mexicanos sabemos que no se ha garantizado la justicia y los derechos de las millones de víctimas. Debemos ir a votar para que el poder Ejecutivito, Legislativo, Judicial y Económico del Estado, vean a las millones de víctimas de sus criminales políticas extractivistas, económicas, de seguridad, educativas, energéticas, sociales, agrarias y ambientales.

Porque es la posibilidad de gritarles con un fuerte y contundente ¡SÍ! A la cara de los victimarios que han tomado esas decisiones políticas, desde el INE antes IFE, que como consecuencia de sus fraudes electorales cientos de miles de mexicanos han muerto, Así como sería muy difícil encontrar a un mexicano que no haya sido víctima de los “decisiones políticas tomadas en los años pasadospor los actores políticos”, sería muy difícil encontrar “actores políticos” que sus “decisiones políticas tomadas en los años pasado” (de 2020 para atrás) no hayan afectado “la justicia y los derechos” de alguna de las víctimas.

Pero si no se consiguen, como la inteligencia nos dice que pasará, no importa, porque habremos validado un mecanismo que si logramos perfeccionar podría convertirse en un arma real del pueblo para acotar el poder de sus gobernantes. Y los millones de votos por el “SÍ” que sí estoy seguro que conseguiremos, mínimo deberá obligar al gobierno a crear una instancia que permita comenzar a saber la verdad sobre los millones de crímenes del pasado y la impartición de justicia necesaria para que las víctimas encuentren la paz.

Si recordamos, cada avance en la construcción de la democracia y de los derechos ciudadanos, ha sido arrancado paso a pasito, lucha por lucha a los dueños del poder. No podemos desistir. Y ya que todas las consultas populares se harán por ley el 1 de agosto, hagamos de todos los días primero de agosto una gran fiesta, comenzando con el próximo, porque pase lo que pase, estamos aportando a la construcción de nuestra todavía incipiente democracia.

Por cierto, el Estado Mexicano, llega de forma extemporánea a esta consulta, porque la revisión de los crímenes de pasado, en otros países lleva varias décadas haciéndose. Mientras no reconozcamos el pasado criminal del Estado y reivindiquemos a las víctimas en la historia, no podremos sentar las bases para comenzar una verdadera trasformación.

¡Ni perdón ni olvido!

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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