La conjura de los sabiondos: ni la 4T ni sus enemigos tienen ideas. Autor: José Reyes Doria

Foto: Cuartoscuro.

@jos_redo

A unos días de las elecciones intermedias, es evidente que la oposición partidista no ha podido esbozar un discurso político-ideológico capaz de desafiar a la llamada Cuarta Transformación. La derrota que sufrieron en 2018 PRI, PAN y PRD significó no solo la mayor pérdida de poder en toda su historia, también se esfumó la escasa legitimidad que conservaban. Más que intentar un resurgimiento, estos partidos se han ocupado en sobrevivir y evitar que la cacería contra sus líderes acusados de corrupción acabe por conducirlos a la desaparición o la marginalidad en el sistema partidista.

PRI, PAN y PRD, por lo tanto, ni siquiera han delineado un discurso ideológico mínimo para justificar sus pretensiones de recuperar posiciones de poder, a pesar de que pocos años antes habían dejado a un lado sus diferencias político-ideológicas para impulsar el Pacto por México. Esta oposición partidista sigue debilitada en extremo y, por ello, no ha podido capitalizar las incongruencias y errores del gobierno de López Obrador. El llamado PRIANRD no solo es consciente de su precariedad, también parece que aceptan sin chistar que no tienen autoridad moral ni credibilidad. En este contexto, el PRIANRD ha quedado expuesto a la intervención externa, tanto del gobierno de AMLO como de empresarios que necesitan de los partidos para combatir a la llamada Cuarta Transformación en el terreno político, electoral y legislativo.

En este contexto, agudizado por la polarización extrema impulsada desde las “mañaneras”, los diversos opositores y enemigos del gobierno de AMLO encontraron el estímulo para construir una alianza opositora de facto, que incluye a empresarios, organizaciones sociales, académicos, escritores, columnistas, periodistas y demás actores que han acomodado sus intereses en una peculiar convergencia que se expresa en la alianza Va por México. El Manifiesto por la república, la democracia y las libertades, publicado este 31 de mayo, es el intento del sector pensante de la oposición social por dotar a la coalición PRIANRD de una narrativa ideológica, o al menos de un conjunto de ideas coherentes.

El Manifiesto de los abajo firmantes no menciona por su nombre a la coalición Va por México, pero es claro que piden votar a favor de PRI, PAN o PRD para arrebatarle posiciones de poder a MORENA. El Manifiesto presenta dos tipos de argumentos, el primero se basa en conceptos contrapuestos como democracia y autoritarismo, libertades y abuso de poder, conocimiento y demagogia, entre otras dicotomías. Los abajo firmantes no se dan cuenta que tales conceptos son sujetos de una intensa disputa teórico-ideológica por redefinir sus significados, por lo tanto, automáticamente asignan a Morena y a AMLO la parte negativa de esos dilemas (autoritarismo, abuso de poder, demagogia). No se dan cuenta que en 2018 la gran mayoría de la gente expresó su convicción de que esos vicios de la política, el autoritarismo, el abuso de poder, la demagogia, la corrupción, la impunidad, los encarnan precisamente los regímenes del PRI y del PAN.

El Manifiesto de los abajo firmantes no intenta explicar por qué el PRIANRD garantizarían el regreso de la democracia, las libertades, el conocimiento y la razón. Porque tal cosa, hoy por hoy, es prácticamente imposible, pues la oposición todavía está en shock y carece de la credibilidad y la legitimidad necesaria para hacer verosímil lo que piden los abajo firmantes. El segundo argumento del Manifiesto es más puntual y filoso, pues alude a las serias deficiencias de la gestión de López Obrador, como el aumento de la pobreza, la mala gestión de la pandemia, las decisiones inconstitucionales que inhiben las inversiones, la exclusión de las mujeres, la violencia criminal, entre otras. Pero no hay una ruta programática ni organizacional para obligar al gobierno de AMLO a corregir tal cosa, más que el llamado al voto por una oposición ampliamente dessacreditada.

En cuanto a la Cuarta Transformación, tampoco ha podido construir un discurso político-ideológico que legitime las pretensiones de hegemonía que día con día expresa el Presidente López Obrador. Desde el flanco político, ni Morena ni los liderazgos en el gobierno obradorista han ido más allá de una relatoría de las principales políticas públicas de AMLO y la repetición incesante de palabras como honestidad, pueblo, combate a la corrupción, austeridad. Desde luego, la narrativa oficial se nutre también de la descalificación sistemática de todos los que no se adhieren al gobierno de AMLO, tachando de conservadores y corruptos rapaces a todos por igual. Si se pregunta a cualquier líder connotado en qué consiste la Cuarta Transformación difícilmente hilaría ideas, imágenes y horizontes más allá de lo antes mencionado.

El discurso pretendidamente hegemónico de la Cuarta Transformación, hasta ahora, ha oscilado entre los extremos de glorificar los programas sociales y el combate a la corrupción, y proclamar que el gobierno de AMLO es una transformación cuya trascendencia histórica es igual a la de la Independencia, la Reforma y la Revolución. Ambos instrumentos discursivos (política social popular y trascendencia histórica) son importantes, básicos en la construcción de una narrativa hegemónica, pero absolutamente insuficientes para entender, implantar y legitimar el proyecto pretendidamente transformador de cualquier gobierno.

Hace falta una visión integral, verosímil y simbólica del México que se quiere construir. El actual discurso es insuficiente para contextualizar y legitimar contradicciones básicas del ejercicio del poder, como las que presenta el gobierno de AMLO en materia de decisiones inconstitucionales en el tema energético o la reelección disfrazada en la Corte, o la transferencia de poder a los militares, o la práctica de postulados netamente neoliberales como la deificación del equilibrio fiscal o evitar más impuestos a los poderosos. Un discurso con pretensiones hegemónicas debe asumir sin ambages estas contradicciones, porque la política es así, sinuosa e incierta, por lo cual debe confiar en la potencia y la legitimidad del bloque gobernante para superar esas y otras contradicciones. De otra forma, como hemos visto, hasta una portada de The Economist desestabiliza las certezas.

Desde el sector intelectual y cultural afín a la 4T, apenas empiezan a esbozarse intentos consistentes para tratar de dotar de teoría y programa las proclamas del gobierno de López Obrador. Pero no se ve cerca un producto más o menos perfilado, lo cual es normal pues han pasado apenas tres años del ascenso del obradorismo al poder. Sin embargo, el mismo Presidente ha apresurado la realización de su proyecto y lo menos que se tiene es tiempo.

Tal vez sea por ello que, en los últimos días de la campaña electoral, López Obrador ha cuestionado por igual a todos sus adversarios ubicados en el sector intelectual y cultural. A Gabriel Zaid le llamó sabiondo, en un intento de descalificar a toda costa a los intelectuales que externan críticas a su gobierno. No deja de observarse un dejo de insolencia en llamarle sabiondo al poeta regiomontano, porque es una de las inteligencias más claridosas que cuestionaron el autoritarismo del régimen priista por décadas y, como todos, tiene derecho a reflexionar desde la óptica ideológica de su preferencia. Por eso, tanto a la 4T como a sus adversarios les hace falta una construcción discursiva coherente, de otra forma, en ambos bandos ganarán terreno las posturas y los actores sin más bandera que las ambiciones desmedidas.

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