La bondad de escaparate. Autora: Emma Rubio

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“La bondad a menos que se combine con la imaginación, corre el riesgo de convertirse en exhibicionismo”, frase portentosa que sale de los labios de Pío XIII, el joven papa de Paolo Sorrentino que interpreta Jude Law en esa maravillosa serie. Esta frase me llevó a pensar ¿qué tan buenos somos de modo auténtico? Y es que en estos tiempos parece haber más una ética de conveniencia que una ética social y ya ni pensar en una de mínimos. Sorrentino nos ofrece una figura papal maravillosa pues es totalmente fuera de todo protocolo, cínica, insolente, posmoderna y aparentemente soberbia pero que conforme uno va accediendo a la identidad del personaje, se nos presenta un santo. ¿Es acaso la santidad de hoy en día la rebeldía ante los dogmas y normas del pasado? Sí, sin duda que lo es. ¿Cuántos seres buenos conoce usted que se jactan de serlo pero que en realidad tan sólo se autoengañan para subsanar sus culpas? Y es que vivimos en una cultura que más que adorar a un ídolo busca depositar su culpa en un objeto de idolatría o en acciones que le hacen sentir bien consigo mismo, portando la máscara del altruismo.

Ahora recuerdo a mi muy querido Zizek cuando hace un análisis sobre el humanismo actual y nos explica que es simplemente una farsa, dado que esos grandes ejemplos de altruismo que nos presentan como seres de bondad, no son sino una especie de actores del bien que lo que en realidad buscan es subsanar toda la culpa que llevan encima de sí. Menciona a Bill Gates y sus humanas fundaciones, las cuales originó tras haber explotado a millones de personas (este punto ahí se los dejo de reflexión).

Aclaro que no estoy en contra de ningún tipo de credo ni religión, lo que busco poner en tinta es la actitud del ser humano frente a estos credos y religiones. En sí mismos son inofensivos; pero es cuando entra la interpretación humana a torcer el brazo a la creencia y comienza entonces el juego de la manipulación “divina”.

Somos lo que creemos. ¿Será? Yo no profeso ningún credo religioso, sin embargo, confieso que en ocasiones envidio la fe de algunos pues cuando los escucho decir frases como: “Dios sabe por qué pasan las cosas”, “ Gracias a Dios”, “Dios quiera”, “Dios sabrá”, “Dios dirá” y así varias frases que tienen como protagonista a Dios. Es entonces cuando me corroe una especie de envidia porque me pongo a pensar ¡que vida tan sencilla esa en la que le profesas tal fe a Dios que te deslindas de tu propia responsabilidad! “Dios así lo quiso”. Es ahí donde yo coloco a la ética por conveniencia. Que me perdonen los creyentes pero considero que hay más falsedad en esas frases que una verdadera fe. Si en verdad se refirieran a un Dios, lo harían de modo más respetuoso y no le responsabilizarían de sus propias decisiones y obligaciones. ¿Es entonces Dios reducido a mero juego de lenguaje? ¿Dios es entonces una categoría, un concepto, un término? ¿Qué es Dios para usted? Pues dudo mucho que de existir un Dios, se dedique a cumplir los caprichos y peticiones de todo aquel que le nombre.

Ahora recuerdo un discurso que contiene ese finísimo texto fílmico de Radu Mihaileanu El tren de la vida, esa bella historia que describe un tren de deportación o, mejor dicho, de auto-deportación de un pueblo judío que busca “salvarse” de la deportación nazi. Schlomo (personaje principal que representa al “loco” del pueblo) en medio de toda la locura que se va gestando en ese tren que no es mas que la representación de la vida misma. En un momento de confusión y discusión en medio de la oración de Sabbath donde ya se han generado diversas ideologías dentro del grupo de judíos, puesto que encontraremos en el discurso de Radu, a aquellos judíos que representan a los nazis que ya se han posesionado de su papel, los comunistas que sin haber leído a Marx generan una lucha de clases y los que aún conservan su identidad de judío (cabe mencionar el maravilloso humor negro del director). Pues bien, Schlomo en su desesperación en medio de esa gran discusión, pronuncia lo siguiente:

“¡Qué importa si Dios existe o no, pregúntense si existe el hombre. Dios creó al hombre a su imagen, qué lindo. ¿Schlomo es la imagen de Dios? ¿y quién escribió esa oración en el Torah?  El hombre, no Dios. El hombre sin modestia se comparó con Dios. Dios lo habrá creado pero el hombre, hijo de Dios, creó a Dios para inventarse a él. El hombre escribió la Biblia para no ser olvidado. No le importó Dios. Rabino, no amamos a Dios y no le rezamos, le rogamos que nos ayude acá abajo, pero él, no nos importa sino nosotros mismos. La pregunta no es si Dios existe sino si existimos nosotros”.

¿Existimos nosotros? Hoy enfrentamos de nueva cuenta (y lo digo de modo histórico, no existencial) una guerra más. Una vez más, la humanidad está siendo testigo de un genocidio, de un comportamiento racista, de una intolerancia exacerbada, de una indolencia que angustia. Es aquí donde entra de nuevo la noción de bondad, una noción que parece nutrir más un narcisismo que un verdadero sentido de humanidad.

Hablemos de Dios, sí, pero no del católico ni del musulmán, tampoco del judío ni siquiera del Dios de Spinoza. Hablemos de la bondad, pues si es verdad que Dios existe entonces es verdad que existe la bondad, pero ¿usted cree en la bondad? ¿tiene fe en la bondad? ¿usted es bueno? o ¿es de aquellos que como bien dice el papa de Sorrentino solamente busca el protagonismo? Sí, hay mucha gente buena en el mundo, pero son aquellos que se convierten en invisibles, esos que nadie ve ni escucha. Esos seres que incluso mueren en soledad y que aparentemente pasaron desapercibidos por la existencia. Pero no, las personas realmente buenas siempre dejan esparcida su bondad, no utilizan a Dios como jerga cotidiana del lenguaje, muchos de ellos ni siquiera creen en Dios, mucho menos profesan un credo.

Yo hoy les invito a que vean de modo más cauteloso a su alrededor y busquen a todos esos “impíos” que nunca les hablarán de Dios como concepto pero que sí serán ejemplos a seguir como seres humanos. Observen cuidadosamente ya que en una de esas, hasta se llevan una grata sorpresa frente al espejo. Es indispensable encontrar a todos aquellos que practican la bondad de modo auténtico, el mundo está ávido de ello. Dejémonos de exhibicionismos y adentrémonos a rescatar a nuestra especie de un mundo que se encuentra en un paroxismo de indiferencia.

@Hadacosquillas

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