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Izquierdas, caída libre; derechas, exultantes: Brasil… ¿y México? Autor: José Reyes Doria

octubre 9, 2026
Izquierdas, caída libre; derechas, exultantes: Brasil… ¿y México? Autor: José Reyes Doria


Autor: José Reyes Doria | @jos_redo

Los resultados de las elecciones en Brasil reafirman la tendencia latinoamericana hacia la elección de gobiernos de derecha. O, dicho de otro modo, la derrota en primera vuelta de Lula consolida la caída de gobiernos de izquierda o populares en América Latina. En cada país donde han caído los gobiernos de izquierda o populares, el proceso asume rasgos propios, aunque existen aspectos comunes. Podemos mencionar algunos factores que inciden en este repliegue de las fuerzas políticas progresistas: 


EL DESGASTE DE GOBERNAR

Las fuerzas políticas de izquierda y populares, cuando llegan al gobierno se enfrentan a lo obvio: el desgaste inevitable que implica gobernar. Sus triunfos electorales se basan en establecer un fuerte contraste con los gobiernos de derecha en términos de política social, castigo a la corrupción, seguridad, paz, educación, salud, desarrollo integral, distribución de la riqueza, disminución de las desigualdades, solidaridad internacional, y otros temas de sus proyectos. Pero ya en ejercicio del poder, las dificultades que la complejidad impone generan cuestionamientos por no dar resultados rápido.


Los gobiernos populares y de izquierda, en general prometen realizar su proyecto social casi de inmediato. En casos como el Brasil de Lula o el México de la llamada Cuarta Transformación, lograron en relativamente poco tiempo sacar de la pobreza a franjas importantes de la población. Pero cuando no se acreditan logros o éstos no son duraderos, el reproche social es mucho más intenso con estos gobiernos que con los de la derecha.


LÍMITES ESTRUCTURALES VS. EXPECTATIVAS


En América Latina la realidad económica impone límites estructurales en las atávicas condiciones de atraso, baja competitividad y productividad, concentración, escasa inversión, infraestructura insuficiente, mercados estrechos, alta informalidad, entre otros factores que inhiben el crecimiento y el desarrollo. Se carece de los soportes estructurales para construir en el corto plazo un Estado de Bienestar sólido, sostenible, democrático.

En el terreno fiscal, se agotan los recursos públicos para financiar los programas sociales si no se realiza una reforma fiscal radical que aporte el dinero para financiarlos. En México, por ejemplo, se anunció esta semana que el programa Jóvenes Construyendo el Futuro queda suspendido temporalmente porque no hay recursos. Además, desde 2024 las finanzas públicas están en una situación de déficit fiscal no vista desde el sexenio de Felipe Calderón: un déficit de 5 por ciento en el último año de AMLO.


El déficit significa que el Estado gasta más que lo que ingresa: la diferencia se cubre con deuda. Por lo tanto, en los últimos años la deuda pública ha aumentado significativamente. La Presidenta, que heredó del gobierno de López Obrador este problema mayúsculo, en sus dos primeros años ha bajado el déficit a 3.9 por ciento, que sigue siendo muy alto.


AGOTAMIENTO DEL DISCURSO DE APOYO A LOS POBRES


La política social en favor de los pobres también enfrenta retos de sostenibilidad en el ámbito político-ideológico. Al paso de los años de gobierno, las políticas de transferencia de apoyos monetarios a las familias, si bien generan resultados de verdadera justicia social, comienzan a ser cada vez menos apreciados políticamente por importantes franjas de las masas de beneficiarios.


Parte de la gente comienza a sentir que los apoyos sociales son cosa dada, automática, casi natural, por lo cual dejan de ser paulatinamente fuente legitimidad y de respaldo incondicional al régimen. La exigencia social se alimenta de otras demandas en materia de generación de empleos decentes, castigo a la corrupción, rechazo a la impunidad, seguridad pública, educación de excelencia, vivienda, servicios universales de salud, y un largo etcétera.


En Brasil, las conquistas sociales como la reducción de la población en situación de pobreza, dejaron de ser determinantes a la hora de respaldar en las urnas al gobierno de izquierda que hizo realidad esa conquista. Combinado con otros factores, como la corrupción desmedida e inocultable de los gobiernos de Lula y Dilma, la creciente inseguridad, el casi nulo crecimiento económico y la poca generación de empleos, así como la persistencia del mismo personaje ya mayor, Lula, como única figura para buscar el poder una y otra vez, este conjunto de elementos está inclinando la balanza en favor de la ultraderecha.


CONCENTRACIÓN DE PODER

En Venezuela, Ecuador, Bolivia, el desgaste político de los regímenes populares o de izquierda también se alimentó de la tendencia a concentrar todo el poder, imponer la reelección que antes no estaba permitida, manipular las reglas e instituciones políticas a costa de instaurar sistemas claramente autoritarios. La inconformidad social derivada de esto, reforzada con los ya mencionados factores económicos, de política social, deuda y déficit, estancamiento económico, corrupción, crimen organizado, contribuyó decisivamente al viraje electoral hacia la derecha o la derecha extrema.


EL FACTOR GRINGO


Desde luego, el injerencismo de los Estados Unidos en América Latina es un factor mayúsculo en el declive de los gobiernos de izquierda o populares. Con el gobierno de Trump, sobre todo en su actual segundo mandato, el intervencionismo gringo ha alcanzado niveles inaceptables de insolencia. En las más recientes elecciones de Argentina, Colombia, o el propio Brasil, el injerencismo norteamericano jugó un papel relevante. Sin embargo, las derrotas de estas fuerzas políticas no se deben solo al factor gringo. Han pesado, tal vez más, el conjunto de causas antes delineadas.


EL DISCURSO SE VACÍA


De esta forma, la acumulación factores como debilidades estructurales, corrupción, concentración del poder político, inseguridad, genera un impacto demoledor en la credibilidad del discurso y la propaganda político-ideológica de los gobiernos de izquierda o populares. Los instrumentos ideológicos empiezan a perder efectividad: la compactación y el acomodo de las ideas políticas, básicas y poderosas a la vez, como “pueblo”, “soberanía”, “democracia”, “honestidad”, “justicia”, “favorecer a los pobres”, “cambio”, es decir los ejes discursivos de la ideología de izquierdas, empiezan a sonar huecos, lejanos o cínicos.


La ideología popular o de izquierda, incluida su propaganda más aguerrida, pierde su capacidad movilizadora, deja de exaltar los ánimos sociales, ya no es tan efectiva para llevar a las urnas electorales al grueso del pueblo, ni siquiera ante la amenaza clara y real de que la ultra derecha llegue al poder.

Cuando los gobiernos no generan crecimiento, pero se enriquecen escandalosamente los líderes, cuando impera la impunidad de los corruptos y los políticos delincuentes, los discursos oficiales de cambio, honestidad y justicia suenan a burla que agravia crecientemente al pueblo.


¿Y MÉXICO?


El caso de México es suigéneris. Vivimos 70 años de un régimen cuasi autoritario, con una sociedad mediatizada por poderosas corporaciones sindicales, campesinas, populares, gremiales, mediáticas, religiosas.

Ello implantó una cultura política de gran paciencia con el gobierno y su partido, sobre todo cuando acumulan tanto poder como el PRI clásico o Morena en la actualidad. El gran cambio en el comportamiento popular expresado electoralmente fue en 2018, pues desde 1929 solo hubo la alternancia con el PAN en 2000-2012, pero se trataba del mismo régimen de centro-derecha.


De este modo, es poco probable que México experimente un viraje brusco hacia la derecha en el corto y mediano plazos.

Políticamente somos distintos a Brasil y el resto de América Latina. Aquí, la gente otorga con enorme tolerancia el voto de confianza al gobierno y su partido, obsequia con gran permisividad el beneficio de la duda al régimen en turno, especialmente cuanto éste goza de un posicionamiento político tan aplastante como la 4T.


ESCASAS CONDICIONES PARA UN VIRAJE EN MÉXICO


Los factores y problemas antes mencionados, como el escaso crecimiento económico, la deuda, el déficit, la inseguridad, la corrupción, la impunidad, los abusos y escándalos de personajes políticos, las ligas entre políticos y narcos, los magros resultados en educación, salud, medio ambiente, vivienda; estos factores, sea que se presenten en mayor o menor medida, difícilmente se van a traducir, en lo inmediato, en un rechazo masivo a la 4T en las elecciones.


Si a lo anterior le sumamos que la oposición partidista sigue sumamente debilitada y desprestigiada al día de hoy; y si consideramos que en México no existe ni una tradición ni una base organizativa de la derecha capaz de articularse para tomar el poder, entonces podemos reafirmar como muy poco probable un viraje a la derecha en México, al menos de aquí al 2036-2039.


Pero esas prospectivas no deben traducirse en una dinámica de autocomplacencia del régimen. Porque históricamente está comprobado que las ineficacias sistemáticas, los abusos, las arbitrariedades, la indolencia, la impunidad y los cinismos suelen acabar con la paciencia social y acelerar los cambios radicales y despiadados.

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