Las recomendaciones del FMI son las causantes de los problemas que enfrentamos. Autor: Arturo Huerta González

El Fondo Monetario Internacional (FMI) concluyó su Consulta del Artículo IV de 2026 sobre México, y en su Comunicado No. 79 publicado el 2 de octubre de 2026, reconoció “la consolidación fiscal de México, pero advirtió que se necesitan mayores esfuerzos para fortalecer sus finanzas públicas y colocar a la deuda pública en una trayectoria descendente y recomendó una política fiscal “más ambiciosa” y “acelerada”.
La consolidación fiscal se ha conseguido con los recortes presupuestales del gobierno que han contraído la inversión y el gasto, que han frenado el crecimiento económico e incrementado el empleo informal. Han reducido el ingreso de empresas e individuos, los ha sobreendeudado e incrementado los problemas de insolvencia. A pesar de la contracción del gasto público, se mantiene el déficit fiscal y el crecimiento de la deuda, lo que evidencia que la deuda pública no se reduce dejando de gastar. Ello aplica para una empresa y una familia, los cuales tienen que dejar de invertir y gastar para pagar y reducir su deuda, pero no aplica para un gobierno, pues su gasto es de dimensiones tales que al reducir el gasto contrae la economía, el ingreso de empresas e individuos y termina recaudando menos. Además, ello contrae el empleo y se incrementa la pobreza y delincuencia, por lo que el gobierno tiene que incrementar el gasto social y el de seguridad pública por lo que siguen las presiones sobre las finanzas públicas y el crecimiento de la deuda. A ello se suma la alta tasa de interés establecida por Banxico que incrementa el costo del servicio de la deuda y por ende el déficit fiscal y la deuda púbica.
El FMI se pronuncia contra el déficit fiscal y por el aumento de la deuda pública. Hay que señalar que en un contexto donde cae el consumo e inversión privada y la economía tiene déficit de comercio exterior, se requiere incrementar el gasto público y la deuda para impulsar la demanda y la inversión en sustitución de importaciones y así contrarrestar la desaceleración de la economía nacional. Al crecer la economía, aumentaría el empleo y el gobierno recaudaría más y sería reducido el gasto social y de seguridad pública, debido a que se reduciría la pobreza y la delincuencia, por lo que disminuiría el déficit fiscal y el monto de la deuda. El déficit público y la deuda se reducen no contrayendo el gasto, sino gastando más a favor del sector productivo nacional y el empleo.
El FMI se pronuncia por una mejor focalización de programas sociales, eliminación progresiva de subsidios a los combustibles. Por el lado de los ingresos, planteó ampliar impuestos subnacionales, reformar el impuesto sobre la renta personal y aumentar el impuesto al carbono. Eliminar los subsidios a los combustibles implicará mayor inflación, que afectaría el poder adquisitivo de la población y llevaría al banco central a aumentar la tasa de interés, lo que contraería más la inversión y la actividad económica, aumentaría los problemas financieros de los sectores endeudados, lo que les restringiría su capacidad de gasto e inversión, como la generación de empleo, y se incrementarían los problemas de insolvencia. No se puede aumentar los impuestos en un contexto donde la economía no crece, pues más se restringiría la capacidad de gasto y se contraería más la economía.
En torno a la política monetaria, el FMI recomienda una posición “moderadamente restrictiva hasta que haya indicios claros de que la inflación está transitando de manera sostenida hacia la meta”. Mantiene las recomendaciones convencionales de alta tasa de interés para bajar la inflación, sin reconocer el fracaso de dicha política para alcanzar dicho objetivo, debido a que es un problema de oferta y no de demanda, por lo que la alta tasa de interés contrae más la inversión, la producción y siguen las presiones inflacionarias. Además, las recomendaciones de mayor tasa de interés y restricción del gasto público incrementan los problemas de insolvencia que tienden a desestabilizar al sector bancario.
El reporte del FMI señala que se debe estimular la inversión privada para elevar el crecimiento potencial, para lo cual dice que hay que reducir “la incertidumbre y las cargas regulatorias, y reforzando la integración comercial”. Al respecto cabe decir que la integración comercial no ha actuado en beneficio de la producción nacional, ni de la generación de empleo formal bien remunerado, ni en mayor inversión privada. Para generar certidumbre a la inversión privada se requiere incremento del gasto público para aumentar la demanda y así configurar ganancias para promover la inversión, y ello no se logra con las recomendaciones del FMI de consolidación fiscal.
El FMI considera que el sistema financiero mexicano es sólido. No toma en cuenta que la alta tasa de interés está muy por arriba del bajo crecimiento del ingreso nacional, lo que aumenta la insolvencia en las tarjetas de crédito y en los créditos al consumo y en las hipotecas, que terminarán desestabilizando al sector bancario nacional.
Las políticas recomendadas por el FMI son incapaces de mejorar el crecimiento de los países, así como sus condiciones de pago de sus deudas y el bienestar de la población, sino están encaminadas a reducir el tamaño del gobierno en la economía y ampliar la del gran capital, así como beneficiar al sector financiero.
A pesar de ello, el gobierno mexicano se subordina a las recomendaciones del FMI, y “reitera su compromiso con una conducción responsable de las finanzas públicas y la sostenibilidad de la deuda” y además señala que “México cuenta con fundamentos macroeconómicos sólidos, un sistema financiero resiliente y herramientas de política económica que permiten enfrentar un entorno internacional complejo y preservar condiciones para un crecimiento sostenido”. Se insiste en los llamados fundamentos macroeconómicos sólidos de equilibrio fiscal y estabilidad cambiaria, siendo que ello ha contraído la economía e incrementado el subempleo y la miseria, y nos han llevado a depender de importaciones y de la entrada de capitales, que impide tener política económica a favor del crecimiento. Lo que da fortalezca a una economía no son los fundamentos macroeconómicos, sino el desarrollo de las fuerzas productivas y la política económica predominante ha atentado sobre ello.
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