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El regreso del uso político de la religión. Autor: Ricardo Bravo

octubre 8, 2026
El regreso del uso político de la religión. Autor: Ricardo Bravo

Autor: Ricardo Bravo

Apenas obtenidos los resultados de la 1.ª vuelta de las elecciones brasileñas, presidenciales y legislativas también, la comentocracia mexicana se lanzó a sus editoriales del lunes por la mañana a preguntarse: ¿Cómo puede explicarse el resultado que el presidente Lula calificó de “inesperado”? ¿Y qué podría aprender México de la derrota de o de la victoria de Flavio Bolsonaro? Las respuestas fueron variadas y, dependiendo del espectro político del articulista, se inclinaban a destacar razones externas que influyeron en los resultados o, por otro lado, a hacer énfasis en las falencias de este último gobierno del Partido de los Trabajadores.
El problema con las preguntas es que, entre las muchas cosas que explican el resultado, resulta imposible determinar el peso relativo de cada una de ellas. En casi todo el espectro político se acepta que Estados Unidos interviene sistemáticamente en las elecciones del continente.  Sin embargo, es difícil concluir qué tan determinante fue este hecho en los resultados. Por eso, más allá del peso de cada uno de los factores que explican la victoria parcial de un candidato de la monta de Bolsonaro, vale la pena, por lo menos, tener claro cada uno de esos factores. A mí, el tema religioso es el que más me interesa. Esto no se debe a las especificidades de la religión en Brasil, que las tiene, sino a los puntos en común con los demás gobiernos de ultraderecha de la región.


Las particularidades de la religión en Brasil, específicamente de la iglesia evangélica pentecostal, y su influencia en las elecciones recientes son bien discutidas por Vanessa Romero en su artículo  de esta semana. Los pentecostales representan ya el 27% de la población y, en las regiones donde son representativos, Bolsonaro ganó “de calle”.  Como decía, no hay duda de que el caso brasileño presenta particularidades. Sin embargo, el uso político de la religión es una de las características que distinguen a los movimientos de ultraderecha en la región y más allá. Como expuse en otro artículo , los casos más claros son los de los gobiernos de Estados Unidos e Israel. Los gobiernos de estos dos países no escatiman en citas bíblicas para justificar, entre otras cosas, la guerra y el exterminio de poblaciones.


Pero el caso de Trump es el más interesante. Tenemos evidencia, gracias a que el presidente era una figura pública antes de participar en política, de que Trump nunca fue particularmente religioso. ¿Pero qué otra cosa mueve tanto a la gente – incluso en un periodo de desencanto – como la fe religiosa? Trump entendió bien este símbolo y ha sido un gran político por saber utilizarlo. Pero la cosa no acaba ahí. Con el descarado intervencionismo estadounidense ideado por Rubio, Hegseth y Miller, el tema religioso se exporta cual cruzada.


No hay argumento más poderoso para apoyar a un candidato o a un presidente en funciones que el de contar con el Señor, con “S” mayúscula, de su lado. Por ello, las figuras de la región han practicado la contorción in extremis, han dado vuelta en “U”, para poder presentarse como los candidatos de Dios; los elegidos por algo o alguien metafísico. Milei besa y reza al Muro de los Lamentos como ni el mejor judío; de la Espriella entendió que el terremoto de agosto en Colombia era una prueba que Dios puso a Colombia, sabiamente, justo después de que él comenzó su mandato. Esto, después de haber asegurado años atrás que no creía en nada que la lógica no pudiera explicar. Trump lo entendió y los aprendices en español lo imitan: mejor tener a Dios de tu lado. Un ejército de elegidos por los Dioses. Hobbes se retuerce en la tumba.


Hay algo raro en la adopción ciega del tema religioso en nuestra región. Una de las razones por las que la retórica tiene tanta fuerza en Europa y en los Estados Unidos es que se construye un discurso populista en torno a nosotros, los judeocristianos, contra los otros. Estos otros, en general, son los musulmanes. Evidentemente, esta construcción no le queda a la región más que con calzador. Pero ¿a quién le importa? La religiosidad vende. En la región, la dicotomía se forma entre los religiosos vs. los no religiosos.


Entonces, específicamente en el tema religioso, ¿qué aprendizaje puede sacar México de las elecciones latinoamericanas? ¿Es inminente la llegada de un movimiento ultraderechista a nuestro país? Estoy de acuerdo con diversos analistas en que, aunque debemos estar atentos a esta avanzada regional, las condiciones no parecen estar dadas para que esto ocurra en el país. No porque no haya actores políticos a quienes se les ocurra la idea: recordemos simplemente a Eduardo Verastegui con su “Dios, Patria y Familia” o al re-re-re-lanzado PAN con “Patria, Familia y Libertad”. 


No, la cuestión es que el tema religioso es una de las áreas de la política en las que el pragmatismo de Morena tiene efectos “positivos”. El gobierno ha puesto la victoria electoral y la acumulación de poder político casi por encima de todo. Esto es algo que he criticado en múltiples ocasiones en este espacio, pues implica una falta de compromiso con los principios de la izquierda. En el ámbito religioso, sin embargo, el gobierno morenista, con su vaguedad religiosa, se blinda contra el uso de la religión por parte de otros actores políticos.


¿Es Morena un partido religioso? Primero está el símbolo del nombre del partido, con gran importancia para nuestro país. Las peroratas de AMLO durante años, así como su negativa a hablar de temas como el aborto y la homosexualidad, por lo menos, invitan a la duda. Y luego la muy posible alianza con el partido pentecostal PAZ… A costa de la congruencia ideológica y de principios de izquierda no negociables, el partido en el poder ha monopolizado el tema religioso en nuestro país. ¿Deseable? Sí y no.

Sí, porque hace que la aparición de un gobierno de ultraderecha resulte menos probable. No, porque esta vaguedad implica no hacer político algo que sí lo es: los derechos de las minorías y de los menos favorecidos. En un escenario internacional de pragmatismo y de uso sínico del poder, la religión es una carta más en el juego.

Ricardo Bravo

Internacionalista por el Colegio de San Luis, maestro en filosofía política por la Univeridad Pompeu Fabra en Barcelona. Candidato a doctor en teoría política por la Universidad Centroeuropea en Viena. Instagram y Threads: Parteaguas.mex

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la postura editorial de julioastillero.com.

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