¡Ha llegado el tiempo de ser obscenos filósofos! Autora: Emma Rubio

La obscenidad en estos tiempos me parece una virtud vista desde la aplicación filosófica. Esto a cuento de que tal parece que todo lo que hoy se exprese debe ser sometido a un consejo poderoso pero invisible de dictadores del buen hablar. Y como en todo últimamente, hasta la noción de política tiene que estar metida. Vaya, la política es ya ajonjolí de todos los moles como decimos por acá en este país surrealista y mágico.

La politización de la realidad absolutista es tan absurda como mezquina. Es por ello que esta realidad nos obliga a los filósofos a ser obscenos, pasarnos de largo las formas y modos “correctos” pues a todo esto y ya que andamos por el camino ¿qué es lo correcto? ¿a quién obedece o satisface lo correcto? De ahí que la obscenidad me parece en estos tiempos una cualidad cien por ciento filosófica.

Un filósofo no debe decir lo que piensa preocupándose por el qué dirán, o por quedar bien con quién sabe quién o quiénes. Un filósofo debe insultar si es preciso entendiendo el insulto como el cuestionamiento, el ejercicio de la duda por encima del deseo de tener la razón. Vaya pues, los filósofos debemos insultar intelectualmente, poner en cuestionamiento todo aquello que nos den como afirmación, insultar con argumentos lógicos a todo aquel que pretende decirnos cómo pensar y qué se debe hacer.

Triste es darse cuenta que las personas sólo conciben el insulto como la ofensa al otro o los otros y esto no es insulto, sino actos vulgares que denotan no solo la deficiencia teórica sino los complejos que se intentan guardar, pero salen con ira y frustración. ¿Le viene en mente alguien? Pero vaya esto no es más que una simple acotación puesto que realmente lo que nos ocupa es el análisis de la obscenidad como una vía de salvación para el pensamiento crítico, para la reflexión, para sobrevivir a la pandemia de idiotez y obediencia.

Las cosas se deben decir como son, sin maquillaje ni metáforas ni mucho menos valiéndose de la mentira como la herramienta para incomunicar. Estamos enfrentándonos a una ola de desinformación que nos va arrastrando como una gran ola de manipulación, una ola que pretende llevarnos a un puerto determinado, nada es ni ha sido al azar, todo ha estado calculado y la humanidad está en declive si no nos permitimos la obscenidad de ser nosotros mismos. El mayor acto de bondad y amor por la vida que podemos cometer es ser los que debemos ser y no los que dicen que tenemos que ser y no señores y señoras esto no es un juego de palabras ni un pésimo intento de conjugar el verbo ser. Esto es una invitación a salir de la cárcel mental en la que nos encontramos y es un grito de ayuda hacia filósofas y filósofos para que comencemos a hacer valer nuestro derecho a existir, no al margen de la sociedad cual parias sino haciendo valer nuestro derecho a pensar. Seamos todo lo obscenos posible porque si de la curiosidad mataron (porque estoy segura que no murió) al gato pues que de la obscenidad renazca la Areté [1] y comencemos a conquistar mundos mentales, ya de perdida, el propio.


[1] Concepto griego que se refiere a que el fin de la enseñanza era lograr la areté, que significa capacitación para pensar, para hablar y para obrar con éxito.

Emma Laura Rubio Ballesteros
Emma Laura Rubio Ballesteros

Licenciada en filosofía, maestra en educación y especialista en Teoría Crítica y hermenéutica, certificada en educación socioemocional. Autora de diversos artículos en revistas académicas

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