Fuga de Cerebros | ¿Vive sin drogas?: el estereotipo del consumidor. Autores: Moniet Cataño y Eduardo León

Foto: Fuga de Cerebros.

Por Moniet Cataño y Eduardo León1

Las sustancias psicoactivas han sido usadas por la humanidad a lo largo de la Historia. Ya sea para satisfacer algún deseo o necesidad, siempre han estado presente sin importar grupos o clases sociales. No obstante, existe distinciones y estereotipos respecto a la economía del consumo. Mientras que los adictos a la cocaína suelen estar en clases sociales con mayor poder económico no reciben el mismo escarnio social que aquellos otros usuarios que utilizan drogas como la metanfetamina o los inhalantes2. Esto se debe a la construcción cultural e historia del estereotipo del adicto.

A lo largo del siglo XX en nuestro país, el consumo de estas sustancias se volvió símbolo de inmoralidad, peligro y marginación. Esto llegó hasta las constituciones y en el momento en que se consumieran drogas, su usuario debía estar en la cárcel porque estaba faltando a la ley, lo que puso casi a la par el consumo de drogas (naturales o sintéticas), con un robo o secuestro, pues todas eran ilegales.

Sumando a esto, la cultura estadounidense impartió en México la idea de que las drogas representan un problema a combatir, una degeneración de la que el estado nos debía proteger, y por ello actualmente se cree que las drogas son de las sustancias no solo más dañinas, sino inmorales.

Pero para debatir esta idea e intentar expandir nuestro criterio: existen culturas que no encuentran peligroso consumir sustancias que alteran la conciencia. Casos de uso milenario como en pueblos indígenas donde su consumo tiene un significado diferente al occidental. Por ejemplo, los tarahumaras, quienes lo usan en ceremonias de curación y tienen especialistas en peyote dentro de su comunidad; tepehuanos quienes usan el peyote en danzas y ceremonias religiosas para después volver a sus labores cotidianas3.

Las campañas antidrogas modernas tienen como fin prevenir a la población mexicana del uso de drogas, basándose en difundir temor al público mediante un atroz perfil que representa el consumidor. Esto, en realidad, no permiten una verdadera concientización sobre lo que representa su consumo y de la misma manera, construyen un imaginario colectivo mediante los medios masivos de comunicación que transmiten estereotipos que se quedan impregnados en la población

Esto construcción narrativa la podemos ver en el caso del Festival de Avándaro de 1971 en nuestro país ¿Alguna vez leyeron cómo fue descrito por la prensa? Después de varios eventos musicales cancelados a razón de disciplinar a la población joven a lo largo de los años sesenta; se presentó en Avándaro el 11 y 12 de septiembre de 1971. Ahí, se presentaron más de veinte bandas musicales de rock, que originalmente serían dos o tres para acompañar una carrera de autos. Más de 150 mil personas disfrutaron de la música y el espacio libre, consumiendo bebidas alcohólicas y drogas: en un espacio de contracultura y rebeldía frente a la sociedad autoritaria del viejo sistema político mexicano.

Pero en realidad, son las repercusiones del concierto son lo que necesitamos reflexionar: no solo las autoridades (policía, gobierno) tomaron cartas en el asunto exhortando a la población a evitarlas, sino que también los medios de comunicación declararon haber presenciado caos, degeneración y crimen por el terrible desastre que el festival había ocasionado. La prensa, los noticieros, las revistas nacionales clasificaron en extremo inapropiado aquel evento, causando estragos en los padres de familia preocupados por sus hijos, pero ¿Qué tanto afectó el evento a los que asistieron?, y ¿Cómo pudo haber afectado este festival al estado?

En los medios impresos el consumidor era asociado con la disidencia cultural y la contracultura. Eran jóvenes que se les asociaba con todo lo que una sociedad en decadencia podía tener, como el rechazo a la autoridad de los padres, al círculo familiar, a las normas sociales y a las religiosas, pues eran personas en un “estado de confusión individual y social”. Su imagen era algo que parecía no importarles, pues se dejaban el cabello largo y sucio.

Dentro del ámbito de la sexualidad eran considerados unos “promiscuos” y que mantenían relaciones homosexuales. En pocas palabras, aquellos que consumieran algún tipo de drogas representaban el libertinaje con sus conductas rebeldes.

Otros medios, como lo ha sido el cine, también han ayudado a la construcción del estereotipo del consumidor en películas, como lo fue el caso de Perro Callejero (1980). Aquí se retrata a los consumidores relacionándolos con la degeneración de la sociedad, ya sea en sectores marginados o en la clase privilegiada, pero en todo caso actúan en contra de la moral y los valores de la sociedad en esos años.

Las ideas que transmiten los medios de comunicación masivos también surgen de una comunidad, donde el intercambio de ideas conlleva a un acuerdo en el pensamiento del grupo de personas y este acuerdo se desea transmitir a más gente. Allí es cuando toman fuerza las imágenes que decidimos conservar de la realidad. Nuestro problema al conservar el estereotipo que explicamos radica en que no permitimos pensar a las personas fuera de la imagen de criminales, la sociedad tiene el poder de imponer sus reglas, legales o sociales.

Al analizar las campañas antidrogas estatales y privadas de décadas pasadas en México (Vive sin drogas, CONADIC), el consumidor suele ser una persona joven, agresiva y sin consciencia de que sus acciones pueden afectar a su círculo cercano y a desconocidos, muchas veces terminan en muertes trágicas; este estereotipo es apoyado en gran parte de la población, apoyo que se vio reflejado en los anuncios de la campaña de Vive sin drogas de la década pasada.

Actualmente, la campaña antidrogas Juntos por la Paz no resalta las mismas características, sino que su intención radica en que el público piense en la violencia de la que será víctima el consumidor de drogas sintéticas y como puede ser tratado médicamente, esto no quiere decir que el estigma del consumidor agresivo y peligroso se ha ido, pero abogamos porque así sea.

Entender estos estereotipos nos ayudará a comprender mejor otras realidades. No sólo porque exista consumo significa que exista un problema o degeneración. Por ejemplo, el uso del peyote para los Tarahumaras es religioso, donde se cree que fue un obsequio para curación otorgado por el hermano del sol (Jikuli) y solo una persona puede canalizar sus virtudes y usarlo para sanar almas y cuerpos. Para ellos, el peyote es un aliado de su bienestar, socialmente significa que le tienen un enorme respeto a esta planta y que su objetivo es ingerir esta sustancia para cuidar de sí mismos y de su comunidad; su uso no es comercial y definitivamente no tiene una prioridad del bienestar del capital sino de los cuerpos individuales.

Y justamente, no entender estos prejuicios nos han llevado a criminalizar y excluir otras expresiones culturales e ideológicas como en el caso de los tepehuanos. Ellos, solían utilizar el peyote en sus danzas, porque consideraban esta sustancia un intermediario con sus Dioses. Sin embargo, cuando se prohibió el consumo de estas sustancias, necesitaron sustituir su acercamiento a los Dioses mediante otro recurso: el alcohol, el tabaco y la abstinencia de alimento, los cuales los ayudan a llevar a cabo adecuadamente sus danzas religiosas. ¿Qué opción es más dañina para su salud y tradición? Hemos visto solo usos medicinales y culturales de las sustancias, esto no significa que no se deba usar para recreación, siempre de forma saludable y también quiere decir que hay una relación mucho más complicada (e indirecta) entre la violencia y la droga.

El uso de drogas en la sociedad es algo cotidiano, todos tenemos algún familiar o conocido que ha consumido drogas o continúa haciéndolo, por eso es importante tener campañas de concientización que estén dispuestas al diálogo sobre lo que representan las drogas, y que no generen miedo y rechazo a aquellos que las usan, porque puede generar el mismo daño: una idea exagerada de lo que es un consumidor a lo que puede hacer el consumo de drogas en los seres humanos.


1Por Moniet Cataño (@Moniet11) y Eduardo León (@Edleong_) historiadores integrantes del curso “Narcotráfico y Crimen Organizado en México” de la UNAM. Twitter @NCO_FFyL

2AD42.pdf (senado.gob.mx)

3Vista de “Peyote”: culto y restricción | Las ciencias sociales y la agenda nacional (comecso.com)

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