Fuga de Cerebros | Enfrentamos una crisis global de salud mental. Autor: Paola Schietekat Sedas

Foto: Fuga de Cerebros.

Por Paola Schietekat Sedas1

El impacto de las crisis financieras en la salud mental está bien documentado; la correlación entre el desempleo y el suicidio se ha estudiado en varios contextos2,3. Un estudio de 2003 revela que el desempleo está asociado con una probabilidad doble o triple de muerte por suicidio4. La pandemia del COVID-19 es una crisis multifacética: el confinamiento y el miedo de contraer un virus potencialmente letal enfrentó a las personas a un ambiente disruptivo y un futuro incierto. Las tasas de desempleo en países de la OCDE incrementaron 2.9 puntos porcentuales de marzo a abril de 2020, lo que representó un incremento de 18.4 a 55 millones de desempleados.

Habiendo establecido la relación entre las crisis económicas y la salud mental, el impacto de la pandemia ha sido devastador. El reporte America’s State of Mind de 2021 encuentra un incremento constante en el uso de medicamentos antidepresivos, especialmente entre personas sin antecedentes clínicos de condiciones mentales5. En otras palabras, enfrentamos una crisis global de salud mental que se deteriora gradualmente.

Pero, aunque la crisis de salud mental se agudizó, no se engendró durante la pandemia. Desde 2019 entró en vigor la Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018, como respuesta a los riesgos psicosociales en el trabajo y de acuerdo con los lineamientos de trabajo decente que establece la Organización Internacional del Trabajo6. Recientemente, a nivel global, el desarrollo dejó progresivamente de verse solamente como crecimiento del PIB, y con la guía de los Objetivos de Desarrollo Sustentable, al crecimiento económico ahora le acompaña la inclusión, la protección social y la protección del medio ambiente… y eso, en teoría, suena ideal.

Sin embargo, una de las razones por las que la salud mental verdaderamente se posicionó bajo los reflectores durante la pandemia fue porque la estabilidad financiera de las clases medias altas y altas se vio afectada. El burnout de los eslabones más bajos del sector público o privado parecen no ser suficiente para influenciar la toma de decisiones, pero una cosa muy distinta ya es recortar los sueldos a los puestos de alto nivel, a aquellas personas que tienden estar cubiertos por una red de garantías que los distancia de la vulnerabilidad: seguros de gastos médicos, ahorros, acceso a abogados y redes de contactos. Cuando la pandemia superó incluso eso, entonces la salud mental sí se logró colocar en el radar de prioridades, y es que uno de los problemas primordiales de la salud mental, aunado a la estigmatización, es la inaccesibilidad.

El término “salud mental”, casi como la palabra “empoderamiento” se ha usado y abusado hasta llegar a no significar nada. No existe una conversación abierta sobre las manifestaciones de las condiciones de la salud mental, desde los desórdenes de personalidad, hasta la ubicua depresión -el INEGI señala que casi el 30% de las personas mayores de 12 años sufren algún nivel de depresión ocasional7-. Existe un desconocimiento preocupante sobre las diferentes condiciones de salud mental, sus cuadros clínicos y ramificaciones, tanto a nivel personal como a nivel organizacional.

Ninguna empresa u oficina de gobierno negará que tiene un compromiso con el bienestar de sus trabajadoras y trabajadores, pero un estudio de la UNAM que cita la consultora PwC revela que el 85% de las organizaciones mexicanas no tienen las condiciones adecuadas para que sus colaboradores tengan un balance entre la vida laboral y el trabajo8. Siendo así, de un protocolo de bienestar y salud mental, no puede ni hablarse. Por lo tanto, es natural que las instituciones no justifiquen ausencias por temas relacionados con la salud mental, como lo harían con una fractura, o un resfriado, así exista un diagnóstico médico. Y por el estigma que envuelve el tema, es improbable que alguien se atreva a pedir unos días a su empresa para cuidar de su salud psicoemocional.

El problema, sin embargo, es de política pública, tanto en el frente del estigma como de la accesibilidad. De repente, la pandemia arrojó que “la salud mental es importante” a una política embriónica que comenzaba a penas a normativizar el bienestar psicoemocional de los trabajadores con pasos muy modestos. No existen conversaciones abiertas sobre la salud mental y la psiquiatría, al ser un campo de la medicina que evoluciona más lento que otros, ofrece soluciones de “prueba y error”; lo que funciona para un paciente puede no funcionar para otro o incluso hacerle daño. Legislar sin entender estos matices puede resultar en una agenda de salud pública desprovista de una estrategia de salud mental accesible e integral.

Por lo tanto, incluso si alguien tiene una incapacidad fundamentada por una crisis de salud mental que requiere hospitalización, es poco probable que alguien de clase media pueda pagar esa factura, ya que los seguros de gastos médicos no cubren temas psiquiátricos. De igual manera, es peligroso que pacientes psiquiátricos esperen a ser referidos a un especialista si acuden al servicio público, pero el costo de un servicio privado puede ser prohibitivo; cifras del INEGI reportan un incremento del 75% en el costo de la atención médica general del sector privado de 2019 a 20209.

Ahora bien, los tratamientos psiquiátricos son largos y requieren seguimiento, por lo que el costo de las consultas suele multiplicarse sin ver una mejoría en el paciente a corto plazo. Cabe destacar que un antidepresivo tarda, en promedio, de una a tres semanas en comenzar a hacer efecto, tomando en cuenta que muchas veces, la dosis o el medicamento debe reajustarse10. Aunado a esto están los costos de los medicamentos, ya sean antidepresivos, antipsicóticos o estabilizadores de ánimo. A pesar de que ya existen algunos genéricos como la fluoxetina, siendo la psiquiatría tan lenta en avanzar, los medicamentos más nuevos, (y a veces los más efectivos para trastornos específicos) solo están disponibles en patente, y su costo por caja supera los mil pesos.

Para resumir el escenario, una persona con una enfermedad mental debe dedicar una cantidad considerable de sus ingresos a tratar este padecimiento, enfrentarse a un tratamiento que puede ser largo y frustrante, pero que no debe interrumpir. Asumiendo que tiene un seguro de gastos médicos, esta persona no sería asegurada en caso de necesitar una intervención psiquiátrica. Adicionalmente, dada la falta de un protocolo de salud mental, es improbable que su centro de trabajo justifique ausencias por temas psicoemocionales, que facilite su reintegración al trabajo después de una crisis, o que se aligere su carga de trabajo mientras se adapta a los medicamentos.

Desde el ámbito institucional, hacen falta más conversaciones, más datos y más empatía para definir, desestigmatizar y tratar el tema de la salud mental, resultando en normatividad y en protocolos con puntos de acción claros y recursos a los que puedan acceder todas las personas. Desde el ámbito de políticas públicas, es imperativo legislar por una política de salud mental accesible, para que las aseguradoras cubran los temas psiquiátricos, para que se subsidien medicamentos patentados, para que no existan quienes “no pueden estar deprimidos, porque no les alcanza”.


1 Economista conductual, Lic. en RRII y Antropología por la Universidad Americana de Kuwait y maestra en políticas públicas por la Universidad de Oxford. Twitter @paola7kat

2 Cummins, I. (2015). The link between unemployment and suicide. The World Economic Forum.

3 Inoue, K. (2007). The correlation between unemployment and suicide rates in Japan between 1978 and 2004. Legal Medicine 9(3): 139-142.

4 Blakely, T. et al. (2003). Unemployment and suicide. Evidence for a causal association? J Epidemiol Community Health 57(8): 594-600.

5 Henderson, R. (23 de marzo de 2021) Update on America’s State of Mind – 4 Key Takeaways. Disponible en: https://www.evernorth.com/articles/americas-state-of-mind-update-on-covid-19-and-mental-health

6 Organización Internacional del Trabajo (OIT) (s.f.) Trabajo decente. Disponible en: http://www.oit.org/global/topics/decent-work/lang–es/index.htm

7 Comunicado CEVECE No. 008, Fecha 13/01/2021, https://www.gob.mx/salud/prensa/159-en-mexico-se-promueve-sin-descanso-la-prevencion-y-atencion-temprana-para-evitar-suicidios?idiom=es

8 PwC (s.f.) Norma Oficial Mexicana NOM-035-Riesgo psicosocial en el trabajo. Disponible en: https://www.pwc.com/mx/es/recursos-humanos/nom35.html

9 Rojas R. (13 de julio de 2020) Consultas médicas privadas en México aumentan de precio hasta 75%. Disponible en: https://www.saludiario.com/consultas-medicas-privadas-en-mexico-aumentan-de-precio-hasta-75/

10 Conrad Stoppler, M. (25 de octubre de 2021) 12 Tips for Success with Antidepressants, SSRI Medication. Disponible en: https://www.onhealth.com/content/1/antidepressant_interactions

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