Francisco Villa: ¿Por qué México recuerda al Centauro del Norte a 99 años de su asesinato? (nota de Gabriela Hinojos en OEM-Informex)

Foto: Archivo / El Sol de Parral

El Centauro del Norte, Francisco Villa, fue figura clave en la historia de México y uno de los principales líderes de la Revolución Mexicana junto a Emiliano Zapata

Gabriela Hinojos | El Sol de Parral

Hasta el día de hoy, se cuentan muchos relatos sobre el conocido Centauro del Norte, desde quienes retratan al revolucionario como un auténtico héroe, hasta quienes aseguran que se trataba de un bandolero y mujeriego; no obstante, la vida y obra del general Francisco Villa sigue siendo recordada a lo largo de México como un personaje polémico y carismático, así como uno de los protagonistas de la Revolución Mexicana que ayudaron a moldear la historia de nuestro país.

Nacido un 5 de junio de 1878 (aunque algunos afirman que realmente fue en el mes de julio) presumiblemente en San Juan del Río, Durango, bajo el nombre de Doroteo Arango Arámbula. Villa pasó a la historia como el Centauro del Norte, caudillo y revolucionario, cuya actuación fue decisiva para derrocar el régimen del entonces presidente Victoriano Huerta.

Las acciones de Francisco Villa como revolucionario se dieron principalmente en el estado de Chihuahua, en el norte de México, donde su ideal consistió en frenar el abuso que ejercían los caciques y terratenientes sobre sus trabajadores, así como derrocar a los grupos establecidos en el poder público.

Primeros años de Francisco Villa
La vida del revolucionario no fue fácil. Desde niño tuvo que trabajar duramente y nunca pudo asistir a la escuela. A la corta edad de 16 años, Villa mató a su primer hombre, quien, según las versiones, sería Agustín López Negrete, un terrateniente que habría intentado violar a su hermana. Tras el asesinato, el joven Villa tuvo que huir a las montañas.

Sin embargo, pronto se dio cuenta de que la vida en el monte aún era más difícil que su humilde existencia al lado de su familia y empezó a robar para sobrevivir. Aquel delito se perseguía con mucha dureza en el México del siglo XIX, por lo que Doroteo Arango cambiaría su nombre por el de Francisco Villa.

Villa y la Revolución Mexicana
Los primeros pasos de Villa como revolucionario tuvieron su origen en el año 1910, cuando el entonces bandolero, conoció a Abraham González, un representante del candidato presidencial Francisco Madero y de Porfirio Díaz, quien vio en Villa y su grupo de bandidos, el potencial para luchar y plantar cara a los grandes terratenientes y dueños de las haciendas.

Se estima que aquel entonces, cuando estalló la Revolución Mexicana, solamente el diez por ciento de los campesinos eran dueños de sus tierras. Por ese motivo, cuando Madero se presentó a las elecciones para derrocar a Díaz, este hizo lo imposible para intentar evitar que las ideas de Madero, promulgadas en el Plan de San Luis, tuvieran éxito.

Finalmente, la Revolución Mexicana terminó por estallar y los alzamientos se generalizaron por todo el país, convirtiendo a Madero en el líder que aglutinó la rebelión. Así, animado por Abraham González, Francisco Villa, que sería apodado el Centauro del Norte, se sumó a la rebelión en favor de los campesinos oprimidos.

Francisco Villa une fuerzas con Emiliano Zapata
La Revolución Mexicana triunfó finalmente en 1911. Porfirio Díaz huyó a Europa, su ejército fue desarmado y se celebraron unas elecciones generales que ganó Madero; no obstante, Madero no consiguió satisfacer a otro importante líder revolucionario, Emiliano Zapata, quien lo había apoyado con el objetivo de llevar a cabo una reforma agraria, y que al ver frustrados sus objetivos lo tachó de traidor.

Por su parte, Pancho Villa se mantuvo leal a Madero hasta que este cometió el error de confiar a Victoriano Huerta (un general del ejército porfirista) el mando de las tropas para sofocar el alzamiento de otro revolucionario, Pascual Orozco.

Victoriano Huerta sumó a los hombres de Villa a su ejército, aunque no muy convencido de su lealtad. Al final, Huerta acusó a Pancho Villa de insubordinación. Tras someterlo a un consejo de guerra, en quince minutos decidió que debía ser fusilado. Por suerte para Villa, la intervención de Gustavo Adolfo Madero, hermano del anterior presidente y miembro del estado mayor de Huerta, impidió que dicha sentencia se cumpliera, y Villa fue trasladado a una prisión de la capital donde aprovechó para aprender a leer y a escribir, para luego fugarse en noviembre de 1912.

En 1913, Huerta depuso a Madero y lo mandó asesinar. Aquella fue la gota que colmó el vaso para que Francisco Villa y Emiliano Zapata unieran fuerzas en contra el régimen dictatorial de Victoriano Huerta. Es en aquel momento cuando apareció en escena el gobernador del estado de Coahuila, Venustiano Carranza, que se proclamó “primer jefe del ejército constitucionalista” y que dirigió la que ha pasado a la historia como “etapa constitucionalista” de la revolución mexicana.

Carranza disponía de su propio ejército, la potente División del Nordeste, pero quería obtener la colaboración de los famosos Pancho Villa y Emiliano Zapata. Villa acató en principio la jefatura de Carranza, pero fue distanciándose de él al ver que su División del Norte era siempre la encargada de liderar las misiones más peligrosas. Al final, se produjo la ruptura definitiva cuando uno de los generales de Carranza prohibió la entrada de los hombres de Villa y de los de Zapata en Ciudad de México.

En diciembre de 1914, Villa y Zapata entraron en Ciudad de México al mando de sus tropas y confiaron la presidencia del Gobierno revolucionario, primero a Eulalio Gutiérrez y después a Roque González Garza.

Hazañas de Villa en Columbus
En octubre de 1915, después de que Carranza obtuviera el reconocimiento por parte de Estados Unidos, Pancho Villa decidió atacar intereses estadounidenses para enemistar a Carranza con el presidente norteamericano Woodrow Wilson.

La audacia de Villa lo llevó en marzo de 1916 hasta la localidad estadounidense de Columbus, donde mató a tres soldados y a cinco civiles. Aquel acto causó la rápida reacción del ejército norteamericano, que iniciaron con la denominada expedición punitiva, una operación encaminada a la captura de los rebeldes, en la que soldados estadounidenses penetraron unos 600 kilómetros en territorio mexicano.

No obstante, como un buen conocedor del terreno, Francisco Villa se escondió en las montañas, donde la población le ofreció su protección. Al final, a pesar de los varios enfrentamientos que se produjeron entre los villistas y las fuerzas norteamericanas, estas finalmente se retiraron de México en febrero de 1917.

Los últimos años del Centauro del Norte
En junio el mes de junio de 1920, Villa firmó los convenios de Sabinas, donde se comprometió a deponer las armas y vivir apartado de la escena pública junto a su familia en la Hacienda de Canutillo, Durango.

El 20 de julio de 1923, Villa parte hacia Hidalgo de Parral, donde buscaba reunirse con algunos de sus camaradas para partir hacia Río Florido, donde debía asistir a un bautizo. Sus premonitorias palabras antes de salir fueron: “Parral me gusta hasta pa’ morirme”.

Villa era consciente de que el entonces presidente de México, Álvaro Obregón, tenía la intención de asesinarlo, pero aunque en el pasado habían sido enemigos, Villa confiaba en que la cosa no llegaría tan lejos ya que en anteriores ocasiones él mismo se había encargado de terminar con algún complot encaminado a acabar con su vida. Para dar a entender que en son de paz, Villa rehusó la escolta de 50 hombres que habitualmente le acompañaban, y marchó solo con cinco hombres, entre los que se incluía el general Trillo.

Muerte del General en la ciudad de Parral
Villa salió el 20 de julio de 1923 a las 8 de la mañana de la Hacienda de Canutillo con destino a Parral. Le dijo a su chófer que él iba a conducir, por lo que tomó el asiento del conductor.

Villa continuó adelante y cuando su automóvil cruzaba la calle Gabino Barrera, un hombre ataviado con un sombrero de palma llamado Juan López agitó la mano a su paso exclamando: “¡Viva Villa!”. Aquel grito de guerra era la señal para que los asaltantes supieran que el coche estaba llegando al punto donde debía cometerse el atentado.

Tras girar por una calle, el vehículo quedó en un punto ciego de la curva donde aguardaban los sicarios para abrir fuego. Al grito de “¡Viva México cabrones!”, los asaltantes dispararon una nube de proyectiles, se dice que al menos fueron 150. Trece balas atravesaron el cuerpo del Centauro del Norte causándole la muerte en el acto.

Nota originalmente publicada en: El Sol de Parral

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