Inicio Opinión Fetidez, reliquias, llanto: ¿yacerá la persona amad@ en esta fosa? Autora: Ivonne...

Fetidez, reliquias, llanto: ¿yacerá la persona amad@ en esta fosa? Autora: Ivonne Acuña Murillo

Foto: OEM-Informex.
  • Hola, llegas tarde.
  • – Disculpa, tenía que dejar el desayuno preparado, pero aquí estoy. ¿Traes todo?
  • Sí, el pico, la pala, mucha agua, una gorra y un paliacate para cubrir mi cara.
  • – Vamos, ya nos esperan las otras. Tenemos que continuar en el mismo lugar que ayer.

Apresuran el paso hasta estar todas reunidas. Mientras caminan, abanicando sus rostros dado el intenso sol de la mañana, platican lo que hicieron después de la jornada anterior y en la mañana antes de salir de casa. De los otros hijos e hijas, del quehacer, de los maridos, de que el dinero no alcanza, de que el gobierno no ayuda.

Llegamos, dice una de ellas.

Se dividen en cuadrillas tratando de cubrir en lo posible el terreno elegido. Después de unas horas, el arduo trabajo de meses da frutos: las reliquias aparecen. La emoción, los gritos, el llanto inundan el lugar. Habrá que avisar a las autoridades para que tomen nota y comience el levantamiento y clasificación de lo encontrado.

De vuelta a casa, la agitación da paso a la incertidumbre y la inevitable pregunta que acompaña cada excavación emerge: ¿Estarán los restos de quien busco en esa fosa?

Extraño oficio el de las “rastreadoras”, “buscadoras”, “cavadoras”, que rasgan la tierra esperando encontrar los restos de sus hij@s, esposos, herman@s, parejas, padre o madre. Mujeres que, ante la incapacidad, indolencia, corrupción y, en muchos casos, complicidad de las autoridades de sus distintas localidades han emprendido sus propios procesos de búsqueda, investigación, exhumación e identificación de restos.

Madres, hijas, hermanas y esposas organizadas que, ataviadas como se relata, siguen el rastro de sus seres querid@s por desiertos, sierras, montes, campos, baldíos. El fétido olor es la clave para comenzar a cavar en cientos de fosas clandestinas en las que se agolpan las historias, las vidas arrebatadas, los sueños podridos, los detalles espantosos de una desaparición forzada, de una violación, tortura y posterior asesinato, de un desmembramiento, de un entierro clandestino.

En 2014, Mirna Nereida Medina decidió tomar un pico y una pala para buscar por su cuenta a su hijo Roberto Corrales de 21 años, levantado de la gasolinera donde trabajaba en el municipio de El Fuerte, en el estado de Sinaloa, el 14 de julio. Mirna se lanzó a la búsqueda después de que las autoridades de la Fiscalía de su entidad le lanzasen a la cara su verdad inexorable: “Nosotros somos investigadores, no buscamos cuerpos”, asumiendo además como un hecho la muerte de su hijo.

A dos años de iniciada su búsqueda, 220 mujeres se habían unido a Mirna conformando el grupo autodenominado “Las Rastreadoras”. Cada miércoles y sábado se reúnen y “Escarban la tierra en frente de un sol de infierno, de las víboras, de los narcos y del Gobierno —también del Gobierno—. Desde que se inició la llamada guerra contra las drogas en 2006, instigada por el expresidente Felipe Calderón (2006-2012), constan como desaparecidas oficialmente más de 60.000 personas en México. No las busca el Estado, solo sus familias. (Beatriz Guillén, “Caminando sobre muertos: las mujeres que escarban en la tierra de los narcos”, El País, 15 agosto de 2020).

Siete años han pasado, desde que la primera mujer comenzara su búsqueda incansable sin que cesen la angustia, la incertidumbre, el dolor, la ausencia, la agonía que supone no conocer el destino de las personas queridas. “Afortunadamente”, se diría, Mirna encontró los restos de su hijo en un paraje de Ocolome, municipio vecino de El Fuerte, tres años después de comenzar a cavar. “Fue el cuerpo 93 que encontramos”, compartió ella en el desgarrador documental Te nombré en el silencio, dirigido por José María Espinosa y producido por su hermano Juan Pablo Espinosa. (Consultar la entrevista hecha al productor por el periodista Julio Hernández López, Astillero, el 5 de agosto de 2021 en https://www.youtube.com/watch?v=x2ITAY_8_2w).

Siete años cavando, pero el doble, 14 desde 2006 para ser exacta, en que decenas de miles de familias en México se han visto obligadas a cubrir de negro sus vidas ante la desaparición de una persona amada.

De acuerdo con datos del gobierno actual, entre 2006 y 2020 se registraron 80 mil 517 denuncias de personas desaparecidas y tan sólo en 2020 fueron halladas 559 fosas clandestinas de las que fue posible recuperar mil 86 cuerpos. (“México encontró 559 fosas clandestinas en 2020”, El País, 30 enero 2021).

Refuerzan estas cifras las reportadas en ZonaDocs, Periodismo de Resistencia (Plataforma Ciudadana de Fosas, proyecto encabezado por familiares de personas desaparecidas, organizaciones civiles y académicas), según las cuales del 1 de enero de 2006 al 14 de septiembre de 2021 han desaparecido 91 mil 695 personas de entre 0 y 80 años de edad, a las que deben sumarse, en el mismo periodo, 53 mil cuerpos sin identificar, hallados principalmente en fosas clandestinas. (Samantha Anaya, “Plataforma ciudadana de fosas: un registro público de las más de 2 mil fosas clandestinas localizadas en México. Hasta encontrarlos”, ZonaDocs, 14 de septiembre 2021).

El 30 de agosto de 2019, se comunicó que tan sólo entre los últimos meses de 2016 y el 14 de agosto de 2019 se habían descubierto en México 3 mil 24 fosas clandestinas, ubicadas mayormente en Tamaulipas, Chihuahua, Guerrero, Sinaloa y Zacatecas. (Redacción AN/GH, “Datos del horror: Hay 3,024 fosas clandestinas en México”, Aristegui Noticias, 30 de agosto 2019).

En el mismo sentido, el 8 de abril de 2021, Alejandro Encinas Rodríguez, subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de la Secretaría de Gobernación, informó que del 1 de diciembre de 2019 al 7 de abril de 2021 se habían encontrado mil 606 fosas clandestinas y exhumado 2 mil 736 cuerpos, de los cuales cerca del 38% habían sido identificados y el 22.6% entregados a sus familiares; siendo los estados de Colima, Veracruz y Jalisco y los municipios de Tecomán en Colima, Úrsulo Galván y Playa Vicente en Veracruz, Acapulco en Guerrero y Salvatierra en Guanajuato los que, hasta ese momento, concentraban el mayor número de fosas clandestinas. (Redacción, “Colima, Veracruz y Guerrero concentran el mayor número de fosas clandestinas en México”, El Financiero, 8 de abril 2021).

Tan sólo en el primer semestre de 2021, fueron encontradas 174 fosas clandestinas en las que se localizaron 383 cadáveres. De acuerdo con el mismo Encinas, esto supone una disminución de casos, siendo que, en los mismos periodos, pero de 2019 y 2020 se localizaron 408 y 297 fosas respectivamente. (“México reporta hallazgo de 174 fosas clandestinas durante el primer semestre de 2021”, El Economista, 7 de julio 2021).

Como puede observarse, la violencia ejercida en contra de la población civil y las desapariciones forzadas y posteriores asesinatos no tienen código postal. Hoy puede ser un municipio o estado en el que sea posible ubicar el mayor número de fosas clandestinas y mañana otro. Así, a Colima, Veracruz y Jalisco se sumó Guanajuato a inicios de 2021.

Igualmente, no parece haber problema para quien se deshace de “los cuerpos” cuando de elegir una zona rural y urbana se trata. “Para finales de noviembre de 2020, en la calle Leona Vicario, a las faldas del Cerro del Toro, en Acámbaro se hizo otro hallazgo: primero, los cuerpos de al menos tres personas que pronto sumaron 75. A diferencia de la mayoría de los hallazgos en el resto del territorio nacional, estas fosas se encontraron en zonas urbanas, dentro de las comunidades.” (Blanca Mireles, “Hallan 260 cuerpos en fosas clandestinas en Guanajuato”, El Sol de México, 23 de mayo 2021, Tomado de El Sol del Bajío).

Al parecer, ya no se requiere de la oscuridad de la noche ni de zonas deshabitadas o lejanas para “tirar cuerpos”. No hay límites, cualquier lugar es bueno para sepultar cadáveres. “Las entidades con más hallazgos en zonas urbanas son Jalisco, en colonias e instalaciones universitarias de la Zona Metropolitana de Guadalajara […] las entidades con más casos en zonas rurales son la frontera entre Jalisco y Michoacán, en campos de Morelos, en brechas y drenajes de Nuevo León, en ejidos y en puentes fronterizos de Tamaulipas, la Playa Agua Dulce de Veracruz, y los tiros de mina de Zacatecas.” (Brenda Macías, “Investigador Ibero identifica geografía de fosas clandestinas en México”, Prensa Ibero, 4 de agosto 2021) (Las cursivas son de quien escribe).

Como puede observarse, gigantesca es la labor de estas mujeres y sus familias que deben luchar no sólo en contra de las bandas del narco y el crimen organizado, principales causantes de las desapariciones, pero no los únicos, imposible descartar que estos métodos sean aplicados también por integrantes de gobiernos locales, sino en contra de un sistema de justicia hecho para fallar en contra de quienes forman parte de los sectores menos favorecidos. Sin dinero, relaciones, fama pública o cualquier otro recurso que obligue a las autoridades a proporcionarles la atención debida, en la mayoría de los casos, las mujeres se encuentran solas debiendo decidir entre el doloroso olvido y el desistimiento o destrozar la tierra con sus propias manos esperando encontrar los restos amados.

De esta manera, el lunes 11 de octubre, en el estado de Morelos, en los municipios de Jojutla, Huitzilac, Amacuzac, Yautepec, Yecapixtla y Cuautla, inició la sexta Brigada Nacional de Búsqueda de Desaparecidos en México. Una semana ha pasado y ya se encontraron los restos óseos de una persona enterrada clandestinamente, además de lograrse  el compromiso de las autoridades estatales para continuar con las exhumaciones de 135 cuerpos que la propia Fiscalía estatal enterró de manera clandestina en el panteón de Jojutla, evidenciando con ello la incapacidad, indolencia, complicidad y/o corrupción de autoridades que sin miramientos abren sus propias fosas clandestinas, las cuales se suman a aquellas cavadas en la tierra por las bandas del narco y el crimen organizado, muchas de las cuales han sido calificadas como verdaderos centros de exterminio.

Aunque la voluntad política de la actual administración sea genuina, el fenómeno es inmenso y no hay gobierno sobre la tierra que pueda devolver a cada familia los restos de sus seres querid@s, ni siquiera brindarles el consuelo de saber qué fue de ell@s. Físicamente no es factible, de muchos, muchas no se sabrá jamás el paradero, si viven o han muerto, si sufren o sufrieron antes de morir. El número de personas desaparecidas y los recursos limitados asignados por los diferentes gobiernos son el primer obstáculo. El desorden en el manejo que las autoridades hacen de los cuerpos encontrados, los Semefos rebasados, la falta de recursos, espacio y personal, el segundo. La falta de compromiso o la complicidad abierta de autoridades locales, el tercero. La enorme impunidad, cercana al 95%, que priva en todo el país, el cuarto. El miedo infundido en la sociedad testigo del horror, el quinto.

Cabe decir que gente como Mirna Nereida Medina y sus 220 rastreadoras han puesto el ejemplo a cientos más que arañan, rompen, rasgan hasta encontrar los restos de sus personas desaparecidas. Asimismo, se debe apuntar el involucramiento y trabajo de grupos de la sociedad civil y de universidades que buscan sistematizar los datos proporcionados por los diferentes gobiernos y decenas de periodistas que investigan y denuncian la existencia de las fosas clandestinas y los centros de exterminio. (“PDH Ibero y organizaciones lanzan ‘Plataforma Ciudadana de Fosas’”, Prensa Ibero, 14 de septiembre 2021).

Llueve sobre mojado se dirá. ¿Para qué tanto artículo, escrito, documental, testimonios de lo que ya todo mundo sabe: “que en México la gente desaparece y cuando no es disuelta en ácido, incinerada o desmembrada, suele, con mucha suerte y rastreo de sus familiares, ser encontrada en una fosa clandestina? ¿Para qué preocuparnos si no estamos ni estaremos, o eso creemos, en los zapatos de quien desaparece o de quien le busca? ¿Para qué fastidiarnos el sueño o alguna de las comidas, que tenemos la fortuna de hacer al día, pensando en gente que ni conocemos? ¿Para qué gastar tinta, papel o espacio en palabras que no ayudan a resolver el problema? ¿Para qué pasar saliva y pensar en el dolor ajeno? ¿Para qué seguir hablando de “cuerpos” a los cuales ya les fue arrebatada la calidad de seres humanos, de personas, de vivientes? ¿Para qué seguir nombrando a Felipe de Jesús Calderón Hinojosa como el iniciador y responsable directo de este horror?

Para no olvidar y para no parar “hasta encontrarles” es la respuesta a las preguntas planteadas.

Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

“Llegaste como media hora después”: Señor de Jalisco frena a influencers que intentaban colarse en Fan Fest de Houston (Redacción Astillero Informa)

Un video viral muestra cómo un hombre defendió el orden en la fila del evento futbolero, enfrentando a un grupo que se indignó al no recibir trato preferencial. Redacción Astillero Informa Durante las actividades del Fan Fest Houston, un grupo de jóvenes, autodenominados influencers o streamers, intentó brincarse la fila de acceso al evento. Un…

Deja un comentario

Discover more from Julio Astillero

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading