En 2021 AMLO podría tener el control total del país. Autor: Venus Rey Jr.

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Si alguien piensa que AMLO ya tiene un gran poder, eso no es nada en comparación con el que tendrá en 2021.

La intención de enderezar al país y erradicar la corrupción y la violencia es a todas luces loable, y ese es el espíritu que supuestamente está alimentando a la actual administración. Nadie estaría en contra de esto, ni siquiera Meade ni Anaya –candidatos vencidos cuyos partidos sumieron a México en una de las peores situaciones desde la Revolución– se sustrajeron del discurso anti-corrupción. Es verdad que el poder político necesita robustecerse para enfrentar con éxito la corrupción y la violencia: problemas mayúsculos necesitan soluciones mayúsculas. Sin embargo, la concentración del poder puede ser en sí misma peligrosa.

2021 podría definirse como “el año en que AMLO se hizo del poder total del país”. No es exageración. Veamos.

Los llamados “súper delegados” son ya un contrapeso a los veintisiete gobernadores de oposición. Pero AMLO no quiere contrapesos a los gobernadores que no son de Morena; AMLO quiere las gubernaturas de los estados gobernados por la oposición, y está trabajando en ello. De aquí a 2021 habrá diecisiete elecciones a gobernador. Es muy probable que Morena gane todos los estados en donde actualmente gobierna el PRI o el PRD: Colima, Guerrero, Michoacán, San Luis Potosí, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas. Morena tiene posibilidades de llevarse Baja California Sur y Campeche, si consideramos la conformación de esos congresos. Añadamos Puebla y Baja California: todas las encuestas señalan que los candidatos de Morena triunfarán en estas dos entidades. En suma, de las diecisiete gubernaturas en juego, Morena podría llevarse once, el PAN seis, el PRI y el PRD ninguna. Si a estas once le sumamos las cinco que ya tiene (Ciudad de México, Chiapas, Morelos, Tabasco y Veracruz), a mitad del sexenio Morena tendría dieciséis gubernaturas, es decir, la mitad de las entidades federativas. Es difícil que algún priísta gane una elección a gobernador. Perderán todas. Los gobernadores priístas son una especie no en peligro de extinción, sino en extinción: el último priísta en ganar una gubernatura bien podría ser Alfredo del Mazo. Punto y se acabó. Así las cosas, AMLO no sólo tendrá el control de los poderes de la Unión, como explicaré a continuación, sino también tendrá el control de la mitad de los estados.

López Obrador tiene un gran poder sobre el Congreso. Puede hacer lo que quiera, con excepción de asuntos que requieran mayoría calificada. Hasta ahora ha logrado que sus propuestas y nombramientos avancen, y ello ha sido posible con el apoyo del PRI: Rubén Moreira se ha puesto a sus órdenes. En materia de nombramientos, llevando la letra de la ley al extremo, AMLO se ha impuesto. El caso de los nuevos comisionados de la CRE es notable: las primeras cuatro ternas que presentó ante el Senado fueron rechazadas. ¿Qué hizo el presidente? Envió otras cuatro ternas que incluían a once de las doce personas que integraban las primeras. Cualquiera diría que AMLO se burló del Senado… y sí. La ley establece que si una segunda terna es rechazada, el presidente designará entre los nombres de esa segunda terna, a quien le plazca. Y eso fue lo que ocurrió. Claro, la oposición pegó el grito en el cielo. El coraje que hicieron fue doble porque López Obrador basó su actuación en una ley que venía en el paquete de la muy sonada reforma energética de Peña Nieto, reforma que fue posible gracias a la concurrencia del PRI y el PAN: el artículo 6 de la Ley de los Órganos Reguladores Coordinados en Materia Energética –ley que es reglamentaria del párrafo octavo del artículo 28 constitucional, que es el que crea la CRE– da al presidente la facultad de designar directamente a los comisionados en caso de un segundo rechazo de la terna. El presidente no violó esta ley, como cree la oposición, aunque sí la llevó al extremo para burlarse del Senado. La ley dice que si la terna que presenta el presidente es rechazada, se propondrá una nueva terna. El presidente presentó cuatro ternas porque era necesario nombrar cuatro comisionados. Las cuatro ternas fueron rechazadas por el Senado. El presidente presentó otras cuatro ternas que incluían a once de las doce personas propuestas al principio, agrupándolas en ternas diferentes, de modo que, ante la ley, eran “nuevas ternas”. La ley no previó el caso de que se presentaran varias ternas simultáneamente.

En materia de reformas constitucionales, AMLO, a pesar de no tener mayoría calificada en el Congreso, ha podido imponerse. Son muchas las reformas constitucionales que se han aprobado en esta nueva legislatura. Hay dos nuevas a mi juicio muy importantes que, de aprobarse, pondrían en riesgo la división de poderes y serían un paso hacia una era de hegemonía. Me refiero, por un lado, a la iniciativa del senador Ricardo Monreal para aumentar el número de ministros de la Suprema Corte de Justicia de once a dieciséis; y, por otro lado, a la iniciativa presentada por la diputada Tatiana Clouthier para eliminar los 32 senadores plurinominales.

Yo he defendido el derecho que tiene cualquier presidente para proponer como ministros de la Suprema Corte a personas que le sean afines. López Obrador ya tiene dos ministros: Juan Luis González Alcántara Carrancá y Yazmín Esquivel. Tan afines son a él, que Esquivel es cónyuge de un muy cercano amigo suyo: el controvertido ingeniero José María Riobóo. He escrito que proponer personas afines no da a un presidente el control de la Corte. Además de estos dos, AMLO propondrá en 2021 una terna para sustituir al ministro José Fernando Franco González-Salas, con lo cual serán tres los ministros “obradoristas”. Esto no estaría fuera de la normalidad constitucional –aun considerando el claro conflicto de intereses que supone que la esposa de Riobóo sea ministra– y no debería inquietar a nadie. La Suprema Corte, con el voto de los ocho ministros no “obradoristas” (ministros no propuestos por el actual presidente) podría dejar sin efecto actos del Congreso de la Unión y del Ejecutivo Federal. Ahora bien, la propuesta de Monreal contempla cinco nuevos ministros, los cuales, de aprobarse la reforma constitucional, serían nombrados por AMLO. Y serían nombrados casi libremente, pues presentaría cinco ternas con quince nombres que, de ser rechazadas, serían nuevamente presentadas –los mismos nombres agrupados en diferentes ternas– y, de ser rechazadas, el presidente haría la designación directa. Entonces en 2021 habría ocho ministros “obradoristas” de los dieciséis que integrarán la Corte. No habrá posibilidad de que la Corte invalide las leyes del Congreso de la Unión, por inconstitucionales que pudieran ser, ni que invalide actos del Ejecutivo Federal, pues López Obrador tendría control sobre los ministros. Si esto sucediera, quedaría en entredicho la división de poderes.

La cuestión que aduce Monreal para sustentar su propuesta es la gravedad del problema de la corrupción: México entero lucha contra la corrupción: ¿por qué no lo va a hacer también la Corte? La Corte divide su trabajo en dos salas: la primera conoce las materias civil y penal, la segunda se encarga de las materias administrativa y laboral. Además la Corte sesiona en pleno cuando se trata de acciones de inconstitucionalidad y controversias constitucionales. Una tercera sala conocería los asuntos relacionados con la corrupción. La división en dos salas no es caprichosa y tiene su razón de ser en las diferentes ramas del derecho. La normatividad anti-corrupción no es una rama del derecho en sí misma. Si un asunto de corrupción implica la comisión de un delito, es un asunto penal; si la cuestión implica responsabilidad administrativa, el asunto es materia administrativa. La erección de una tercera sala que conozca asuntos de corrupción es un sinsentido. Tan es así que la propia Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación y ex ministra de la Corte, ha expresado su inconformidad. En realidad la propuesta de Monreal tendría como efecto el debilitamiento del Poder Judicial de la Federación, aunque el senador niegue que esa sea su intención. Es verdad que este poder no está exento de corrupción y que históricamente la misma Corte ha fallado en contra de los mexicanos, como en 1998, cuando avaló que los bancos cobraran intereses sobre intereses (anatocismo), lo cual es una práctica de usura ilegal y prohibida en los países civilizados, y lo hizo presionada por los banqueros. Ni qué decir que decenas de miles de personas perdieron su patrimonio. Es verdad que el Poder Judicial también se debe sumar a la lucha anticorrupción, pero la propuesta de Monreal no abona a ello y, de prosperar, pondrá al Poder Judicial a los pies del presidente de la república.

En cuanto a la propuesta de Tatiana Clouthier de eliminar a los senadores plurinominales hay que decir que, de ser aprobada, sólo habría senadores de Morena, muy pocos del PAN y alguno o ninguno del PRI. Hoy en día el único bastión de la oposición que puede frenar propuestas de reformas constitucionales y mandarlas a la congeladora, es el Senado. Si se aprueba la propuesta de Clouthier, el Senado podría convertirse en 2024 en un apéndice de la Presidencia de la República.

Así pues, 2021 pinta para ser el año en que AMLO tome control casi total de la nación: 16 gubernaturas, una tremenda victoria en las elecciones intermedias –por eso la oposición tiene pánico de que Obrador aparezca en las boletas–, mayor número de diputados federales y congresos locales, y, lo más delicado, una Suprema Corte de Justicia debilitada e incapaz de oponérsele. La división tripartita de los poderes de la unión se desdibujaría: transitaríamos de la era de la democracia corrupta a la era de la hegemonía obradorista. Y si además se eliminaran los senadores plurinominales, sería muy factible que los diputados plurinominales sufrieran la misma suerte. Es verdad que este tipo de posiciones legislativas han tenido un uso retorcido y han servido para que los políticos de siempre se perpetúen en el poder. Si se hiciera una encuesta, estoy seguro que los diputados y senadores plurinominales saldrían muy mal parados.

¿Quién no querría deshacerse de los pluris? ¿Quién no querría deshacerse también de los malos jueces y erradicar la corrupción del Poder Judicial? No me sorprende que estas propuestas vayan a gozar de la simpatía y del apoyo de una inmensa mayoría. Y ahí está el peligro. En 2021 Morena tendrá más legisladores que nadie porque además se recortará a la mitad el financiamiento de los partidos: un golpe maestro: el PRI, el PAN y los demás pequeños estarán maniatados, desprestigiados, sin dinero. La trampa es perfecta: cuando el PRI y el PAN se quejen por la reducción de sus asignaciones, el pueblo los verá aún con mayor antipatía y su desprestigio crecerá. En eso consiste la maestría del golpe: «los maniato, y si se quejan el pueblo los aborrecerá más.»

Hace menos de cuatro años, en las elecciones intermedias de 2015, Morena no gobernaba nada y tenía unos cuantos legisladores. En 2021 lo tendrá casi todo. Si usted cree que este crecimiento es producto de las ocurrencias y torpezas de Andrés Manuel López Obrador, permítame decirle que el que piensa con ocurrencias y torpezas es usted.

Podemos confiar en que AMLO no haría mal uso del poder hegemónico por la sencilla razón de que no está interesado en la riqueza material; su austero modo de vida es muestra de ello. La avaricia es el motor de la corrupción. Pero, ¿podemos confiar en las personas que podrían sucederlo?

Si el devenir político mantiene la misma tendencia, quien llegue a la Presidencia de la República en 2024 –seguramente la candidata o candidato de Morena– será poseedor del más grande poder político jamás visto en la historia mexicana. ¿Se imagina usted a Monreal, Sheinbaum, Batres, Polevnsky, Moctezuma, Clouthier, Delgado o Ebrard con un poder así? Como el meme del pollito que da un manotazo airado al escritorio: ¡tenía que decirse, y se dijo!

@VenusReyJr

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