¿Empresarios para qué? Autora: Renata Terrazas

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Dinero

La llegada al poder de la izquierda política en México ha generado enormes discusiones, sobre todo, alrededor del comportamiento de los mercados, la estabilidad económica y su crecimiento, la confianza de los empresarios y la estabilidad de la moneda.

Los mercados y los grandes capitales nos han dejado claro que, con la corrupción, la desigualdad, la pobreza, las violaciones a derechos humanos, la inseguridad y la impunidad, pueden lidiar y no se espantan.

Los mercados globales y el sistema económico capitalista, con todos sus defensores, nos han mostrado que también lidian muy bien con los golpes de Estado y los autoritarismos de derecha, que toleran bastante bien gobiernos xenófobos, misóginos y homófobos.

Entonces me pregunto si caerle bien a los mercados, empresarios y economías mundiales, es un estándar que queremos cumplir. Por supuesto que el capital juega un papel muy importante en la vida y estabilidad de cualquier país, y que el sector empresarial, aun el más rapaz, es pieza importante dentro un Estado. Sin embargo, creo que es momento de profundizar nuestra reflexión sobre el rol que debe jugar cada quien.

México es una de las economías más fuertes del mundo, que al mismo tiempo tiene a 55 millones de personas viviendo bajo la línea de pobreza. ¿De qué le sirve a esos 55 millones el lugar que ocupemos en el mundo? La realidad es que los factores macroeconómicos no se ven reflejados en una mejora en la vida de las personas, y no sólo de esos 55 millones de personas viviendo en pobreza, tampoco entre las clases medias que cada vez se acercan más a la línea de pobreza.

¿Quiénes se benefician de la confianza de los mercados y las calificaciones de Moody? Un sector empresarial concentrado en un grupo reducido de familias que han construido, en su mayoría, sus riquezas a base de acuerdos políticos y corruptelas que han mermado la calidad de vida de la mayoría de las personas.

Por supuesto que las empresas de estas familias generan empleos, y también es cierto que debemos hacer la diferencia entre aquellas empresas que le han apostado al capital social de México de aquellas que se rescatan con recursos públicos y se benefician de relaciones con presidentes o gobernadores. Porque no podemos meter a todos en la misma bolsa.

Pero no podemos negar que en México vemos pasar nuestros recursos financieros de manos de un político a un empresario a un político y así indefinidamente, sin llegar a las poblaciones más vulnerables o sin ser utilizados en la garantía de nuestros derechos.

Ejemplos para sostener esto tenemos varios, la organización Fundar investigó sobre cancelación y condonación de créditos fiscales y nos mostró que en México existe un sector privilegiado por el Estado que evade el pago de impuestos por miles de millones. También conocemos casos en los que empresas mineras pagan el mínimo de impuestos aún cuando se benefician de la infraestructura de nuestro país y suelen dejar un rastro de mortandad por su paso.

Entonces, ¿cuál es el beneficio de este particular grupo de empresarios? Si un tema debe sacarse a la luz pública, es éste, el beneficio que deben traer consigo los empresarios y sus actividades empresariales. Cómo deben, al ser parte de una sociedad, responder a la construcción de una vida más democrática y más saludable para todos y cada uno de quienes ahí vivimos.

Es momento de hablar de los empresarios y su papel en la construcción de un país que quiere dejar atrás los modelos de corrupción que nos han llevado de escándalo tras escándalo, y que, si quiere genuinamente hablar de transformación, debe repensar el modelo económico para que nos permita crecer al tiempo que sacamos a más personas de la pobreza.

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