En la prensa escrita se publicó el primero de noviembre pasado: los 16 hombres y mujeres más ricos de México que dio a conocer esta semana la banca suiza han de estar muy molestos con el resultado de la consulta pública que rechazó el proyecto para continuar con los trabajos del nuevo aeropuerto en el Lago de Texcoco. También señalan los medios, sólo por citar un caso comparativo, que: “el aeropuerto de Barcelona tuvo un gasto cercano a los 3 mil 500 millones de dólares, con la tecnología más avanzada y moderna, es el segundo más grande de España con una capacidad para 30 millones de pasajeros adicionales. El de Texcoco tiene un costo estimado inicial de 13 mil millones de dólares para el mismo número de viajeros.” ¿Para quién es esa diferencia en los costos? ¿Para la población? Por supuesto que no, las millonadas sólo son para quienes se han apropiado del país con su mafiosa e inagotable rapiña, más específicamente se trata de los beneficiarios de las reformas de Peña Nieto, con la que además ya preparaban cambios aprobados por las mayorías priistas del Congreso “en otras materias como la ley laboral, la de minería y la industria de la transformación, la de justicia, la de educación”. ¿Con esas tretas legislativas intentan maniatar al nuevo gobierno elegido mayoritariamente? Un cambio profundo se vislumbra en el país si la ciudadanía participa, los grandes cambios no los hacen los gobiernos en turno sino los ciudadanos con su participación tumultuaria.

Ya desde el lejano 1971 se había advertido de las nefastas consecuencias que la construcción de un aeropuerto en la zona del lago de Texcoco provocaría si no se aplicaba el programa integral de rescate concebido por el doctor Nabor Carrillo para el lugar sembrando previamente pastos en 6 mil hectáreas, además de plantar varios miles de árboles en el vaso y millones en la parte alta de la cuenca. Si tan brutal omisión se concretaba, toda la zona sería devastada junto con miles de aves migratorias y vecinos ¿por qué se insistió en tan descabellada idea?

Cualquier ciudadano “desinformado” se preguntaría ¿por qué el empeño en tan devastadora intención? No hay duda en que la única respuesta son los negocios que los llamados barones del dinero intentaron realizar pese a todo. La costumbre de enriquecerse a costillas de la afectación de millones de ciudadanos es una tradición que mucho les duele dejar de realizar. Resulta bien claro que en tales atrocidades no sólo influyen cuestiones ideológicas, basta tomar en cuenta el saldo de la deuda pública que los espeluznantes gobiernos de los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón y el del priista Enrique Peña Nieto heredan a la población: entre los tres dejan una deuda de 10 billones 156 mil millones de pesos para todos los mexicanos (aunque solamente unos pocos fueron los ganones), tan descomunal cantidad de pesos por ahora tendrá que irla pagando el nuevo gobierno federal.

Calderón aumentó la deuda 88 por ciento, Vicente Fox 53 por ciento, mientras con el Copete Parlante la economía sólo aumento un lamentable 2 por ciento. Es decir que estos tres gobiernos prianistas multiplicaron la deuda pública (de 125 millones de mexicanos) en un 5 por ciento, casi dos mil millones de millones de pesos que deberá pagar la población, para que sólo el grupo empresarial-gubernamental se la reparta entre ellos, los mismos que hoy tanto gritan por la frustración de su fallido negocio aeroportuario y hotelero sobre el mítico lago de Texcoco. Cuando la rapiña sobre los ciudadanos se vuelve una costumbre, los saqueadores del ciudadano trabajador se sienten insultados. Curiosa manera de existir: medrando.

Anuncios

Deja un comentario