El señor Ugalde. Autor: Federico Anaya Gallardo

Otoño de 1999. Estaba yo revisando bibliografía para mi tesis doctoral en la Biblioteca Lauinger de la Universidad de Georgetown. Venía de cuatro años de trabajo de campo en Chiapas y trataba de adaptarme de nuevo al ritmo de academia. Una tarde, saliendo de la biblioteca, me encontré un aviso (flier) anunciando una conferencia del Chief of Staff of the Mexican Embassy en Washington. Me pareció extraño el cargo. Luego supe que era la traducción (mala) de secretario particular del ciudadano embajador. Como sea, el ponente era Luis Carlos Ugalde Ramírez (n.1966).

La conferencia la organizaba mi director de tesis, John Bailey, cabeza de los mexicanólogos en la universidad. El tema era el horizonte de la transición democrática mexicana. La situación era por demás interesante y yo lo sabía por experiencia propia. En julio de 1997 el PRI había perdido la mayoría en la cámara federal. Pocos recordamos lo difícil que fue la operación de eso. Durante aquel verano electoral, yo aún estaba en Ciudad Las Casas y desde el centro de derechos humanos Fray Bartolomé había monitoreado el viaje de Manuel Pérez García, el líder chol de las Tierras Bajas de Tila que había resultado electo diputado federal por el PRD pese a la represión de los paramilitares priístas de Paz y Justicia. Un día antes de la instalación de la LVII Legislatura, el diputado chol aún no llegaba a la capital federal: había tenido que atravesar a pie los pantanos que separaban Chiapas y Tabasco –pues los paramilitares bloqueaban carreteras y caminos. Cada voto contaba para definir quién dominaría la cámara baja. La presencia de Manuel era indispensable y por ello se le obstaculizó el viaje. Manuel llegó a la cita en San Lázaro. Porfirio Muñoz Ledo fue electo cabeza del Congreso con apenas 253 votos del PRD (125), el PAN (121) y el PT (7). Así fue que contestó el Tercer Informe de Ernesto Zedillo. Fue entonces cuando pronunció aquella frase de los Fueros de Aragón: Nosotros juntos somos más que Vos.

Dos años más tarde, en 1999, tenía yo curiosidad por oír qué opinaba de la situación política mexicana el secretario particular del embajador priísta Jesús Reyes-Heroles González-Garza. La conferencia fue interesante. Licenciado en Economía por el ITAM, maestro en Administración y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Columbia (Nueva York), Ugalde explicó con claridad que el PRI no tenía esperanza de recuperar la posición hegemónica que había gozado hasta entonces en el sistema de partidos. Fríamente reconoció que la derrota de 1997 anunciaba el debilitamiento final de la Presidencia tradicional priísta y que el partido oficial debería reinventarse a sí mismo si deseaba sobrevivir. Vaticinó que era posible la derrota en la elección presidencial de 2000. En su opinión, el Congreso debía convertirse en el espacio adonde los líderes tradicionales del partido se reorganizasen. Entre otras cosas, recomendó legislar para permitir la reelección de diputados y senadores, de modo que el liderazgo del PRI tuviese una base estable.

No me detendré mucho en la biografía posterior del señor Ugalde. Sólo diré que la sinceridad politológica con la que describió la crisis priísta de 1997-2000 lo llevó a jugar dentro de la nueva realidad parlamentaria que describía –asegurándose para sí mismo el nombramiento como consejero presidente del IFE en octubre de 2003. Nos dice Omar de la Cruz Carrillo, de la UAM Iztapalapa: “El proceso de selección del Consejo General encabezado por Luis Carlos Ugalde fue monopolizado por el pri y el pan, quienes en coalición lograron excluir al Partido de la Revolución Democrática”. (Sigo su ensayo “La designación de los consejeros electorales del ife en 2010: entre la autonomía y las cuotas partidarias”, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, Año 33 № 73, Julio-Diciembre de 2012, pp. 127-148 [138], Liga 1.)

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En 1996, bajo la influencia de la Rebelión del Año Nuevo, los nueve consejeros del primer IFE autónomo provinieron de un arreglo tripartita, en el cual PRI (aún mayoritario, pero herido) y sus oponentes a derechas (PAN) e izquierdas (PRD) cada uno hicieron tres propuestas y tenían el poder de vetar a candidatos específicos de los otros partidos. Este arreglo obligaba a cada partido a proponer personajes identificados consigo pero aceptables para los demás. Nueve años más tarde, en 2003, este razonable arreglo se quebró. Los nueve consejeros del segundo IFE provenían sólo de candidaturas del PAN (que tenía 147 curules, y el control del gobierno federal) y del PRI (con 223 curules y el control de 17 de los 32 estados federados).

¿Quiénes eran los líderes parlamentarios en la Cámara de Diputados que eligió a Ugalde como Consejero Presidente del IFE en 2003?

Por parte del PAN estaba Francisco Barrio Terrazas. Este había sido el heroico candidato perdedor, víctima de fraude, en la famosa elección chihuahuense de 1986. Luego alcanzó la gubernatura de Chihuahua (1992-1998) en un escenario menos heroico. En 2000 entró al gobierno federal como Secretario de la Contraloría General de la República de la Administración Fox y más tarde (2005) fue aspirante a la candidatura presidencial panista de 2006 –contienda que abandonó denunciando el favoritismo de Fox por Santiago Creel.

Por parte del PRI estaba Elba Esther Gordillo (líder permanente del SNTE). La maestra Gordillo acababa de ser electa Secretaria General del PRI el año anterior, en conjunto con Roberto Madrazo Pintado, exgobernador de Tabasco (1994-2000), quien ocupó la presidencia del viejo partido. Junto a Gordillo había varios “pesos pesados” priístas en la Cámara baja. Por una parte, estaba uno que le disputó duramente el liderazgo de la bancada en 2003, Manlio Fabio Beltrones. Este había sido diputado federal en tiempos del presidente De la Madrid (1982-1985) y luego fue electo Senador de la República en 1988, aunque fue invitado por Salinas de Gortari como subsecretario de Gobernación. En 1991 obtuvo la gubernatura de Sonora –que mantendría hasta 1997, capeando las tormentas neozapatista y de Lomas Taurinas. Otro contendiente de Gordillo en aquella Cámara de Diputados era Emilio Chuayffet Chemor (exsecretario de Gobernación de Zedillo, 1995-1997) quien eventualmente substituiría a la maestra en el liderazgo de la diputación priísta.

En otras palabras, la propuesta de Ugalde en 1999 de reconstituir el liderazgo priísta desde las cámaras parlamentarias se había convertido en realidad en 2003. Debemos reconocer el discernimiento del politólogo. Su vaticinio aplicaba a dos de los tres partidos del sistema, como demuestra la incursión del diputado Barrio Terrazas en la contienda interna del PAN para designar a su candidato presidencial en 2006. En el PRI, aunque Madrazo mismo no entró en las cámaras, su acompañante en la dirección nacional del partido, Gordillo, sí lo hizo –y se entendió que jugaría como proxy del líder partidista. La presencia de Beltrones y Chuayffet en la bancada y sus disputas con Gordillo demuestran que la opción parlamentaria no era una “línea vertical” del partido, sino una alternativa política razonable que varias facciones del viejo partido habían escogido.

¿Cómo jugó el señor Ugalde en el escenario que certeramente había predicho? Antes de 2003 el politólogo había logrado un espacio en el Centro de Investigaciones en Docencia Económica (CIDE), uno de los centros nacionales de investigación públicos. Desde esa plataforma académica se había acercado a la maestra Gordillo. Los reporteros Arturo Cano y Alberto Aguirre documentaron que pasada la elección intermedia de 2003, Gordillo, en su calidad doble de Secretaria General del PRI y diputada electa, convocó en agosto a una reunión de la diputación entrante en la ciudad de Puebla. (Doña Perpetua: El poder y la opulencia de Elba Esther Gordillo, Grijalbo, 2008.) Algunos de los documentos de trabajo fueron firmados por la maestra y por un equipo formado por Ugalde, Susana Berruecos García Travesí (LSE), Miguel Ángel Jiménez Godínez (ITAM, LSE, ITESM), y las investigadoras Iliana Brozdiak de los Reyes (ITESM, Rochester, Stanford) y Claudia Macías. Cano y Aguirre destacan que “muy pocos de los nuevos diputados” se percataron de la presencia de Ugalde o de los otros asesores. Varios de estos, sin embargo, unirían sus destinos a Gordillo. Jiménez Godínez (n.1966) y marido de Berruecos García Travesí, sería fundador y primer presidente nacional del Partido Nueva Alianza (Panal) entre 2005-2006, luego coordinador parlamentario de ese partido en la Cámara de Diputados (2006-2008) y al fin, funcionario en el gobierno panista de Felipe Calderón –adonde llegó a ser jefe de la sección política de la embajada mexicana en Londres (2010).

En este momento, lectora, probablemente estés confundida. Ugalde y sus colaboradores de 2003 en la asesoría de Gordillo están en el entorno priísta, pero para 2010 uno de ellos está colaborando con el panismo de Calderón. No es extraño, si hacemos memoria. Dije antes que Gordillo escenificó varias disputas contra otros líderes parlamentarios del PRI entre 2003 y 2006. Esas disputas fueron el primer anuncio de la actual política pluralista mexicana. En 2003 Beltrones y Chuayffet no estaban a gusto con el evidente acercamiento que Gordillo tenía con el PAN foxista. Esta convergencia tenía sentido, porque Fox decidió no desmantelar los cacicazgos sindicales del viejo régimen. Al tiempo que Gordillo se convertía en aliada del PAN-Gobierno, Madrazo, Beltrones y Chuayffet buscaban recuperar, desde el PRI, el poder en la elección de 2006.

En la convergencia con el PAN, Gordillo construyó un nuevo vehículo partidista (el Panal) y colocó a alfiles leales en instituciones claves. El más importante fue el señor Ugalde.

Cuando en 2006 fue evidente que Madrazo y el PRI quedaban rezagados en la carrera presidencial, Gordillo operó a favor del PAN. El Panal sirvió para debilitar al viejo partido y al final de la contienda, Gordillo intervino personalmente para que al menos un gobernador priísta (Eugenio Hernández Flores, Tamaulipas) vendiese su lealtad a Felipe Calderón porque “el PRI ya se cayó”. A mediados de julio de 2006, el nuevamente derrotado PRI expulsó a la maestra de sus filas. (Liga 2.)

El señor Ugalde ha reconocido que el “pecado original” del segundo IFE fue haber excluido a la izquierda de la conformación del nuevo consejo. (Véase el primer capítulo de su libro Así lo viví: Testimonio de la elección presidencial de 2006, la más competida de la historia de México, Grijalbo, 2008.)Reconoce el pecado pero asegura no ser él mismo uno de los pecadores. Rememorando el día en que fue electo consejero presidente sólo por los votos del PRI y el PAN, dice que “esa tarde desconocía las consecuencias políticas que la falta de unanimidad tendría pare el IFE en los años subsecuentes. Lo único que tenía claro era que, al margen de qué partidos votaran a favor de los consejeros, en lo personal jamás respondería a intereses políticos, y que actuaría siempre con plena legalidad”.

El recuento que he hecho aquí indica que, al menos en en este particular, Ugalde mentía. No podía desconocer el efecto de la exclusión de la izquierda, pues era y es un magnífico politólogo. Ciertamente el señor Ugalde se escuda en la “plena legalidad” para justificarse, pero por eso Amaury Pérez nos advierte contra los estudiantes de leyes y los alquimistas.

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://revistaiztapalapa.izt.uam.mx/index.php/izt/article/view/129

Liga 2:
https://www.jornada.com.mx/2006/07/14/index.php?section=politica&article=014n1pol

Federico Anaya-Gallardo
Federico Anaya-Gallardo

Abogado y politólogo. Defensor de derechos humanos. Ha trabajado en Chiapas, San Luis Potosí y Ciudad de México. Correo electrónico: agallardof@hotmail.com

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